PREFACIO

 

Del propósito y el sentido del DIFE

Los coordinadores del Diccionario iberoamericano de filosofía de la educación concebimos la idea de realizarlo como una obra de consulta, como un espacio de referencia orientado a un público muy amplio de estudiosos y practicantes de las tareas educativas. Imaginamos el DIFE como una herramienta que debe proporcionar, en primer lugar, claridad de significados y un conocimiento acumulado en términos y nociones fundamentales en el campo educativo. Nuestra intención original surgió al constatar las dificultades que en la práctica y en la teoría educativas generan las deficiencias de comprensión de los términos, las confusiones conceptuales y los equívocos en el uso del lenguaje.

La convicción de que recurrir con la mayor precisión posible a las voces que usamos en los discursos educativos –tanto en la política como en la investigación y en la intervención– protege de errores de coherencia interna en las tareas de fundamentación en el ejercicio práctico fue el punto de partida del proyecto de elaboración de este diccionario. Nos preocupaban las repercusiones que suelen suponer los usos desequilibrados de vocablos que con frecuencia se hacen en el campo educativo y que sólo en apariencia se perciben como nociones capitales para la expresión de principios o proyectos disciplinarios, pero que no hacen sino simplificar, encubrir, las verdaderas intenciones, ideologizar o mercantilizar las soluciones educativas. Iniciamos la construcción de esta obra convencidos de que una comprensión cabal de ciertos términos constituye una potente herramienta para la resolución de dificultades, la evasión de planteamientos de pseudoproblemas y la complejidad de los procesos reflexivos que dan forma a las prácticas de la enseñanza.

Sin embargo, una vez que iniciamos las discusiones sobre la estructura que podría tener el diccionario y las perspectivas propias de su estructura y sus alcances, nos convencimos de que el proyecto admitía pensar en otros horizontes. Más allá de sus funciones de clarificación conceptual, advertimos que la obra podría convertirse en un impulso al desarrollo de la filosofía de la educación como una actividad fundamental en los procesos de acción y reflexión pedagógica. Convenimos, por ello, en que no sólo cabrían en el DIFE colaboraciones que hicieran complejos análisis de voces precisas; también serían bienvenidas las entradas que tomaran en cuenta las aportaciones que han realizado algunos de los grandes autores de todos los tiempos al pensamiento educativo, así como las que ofrecieran ideas relevantes y significativas sobre problemas y debates contemporáneos que aportan luz a la investigación y a la intervención pedagógica.

Estas decisiones fueron fruto, por supuesto, de una visión compartida por los coordinadores respecto del sentido de la filosofía de la educación, del tipo de relación que ésta tiene con la pedagogía, de los problemas que le competen y de las formas en que los trata.

Sin menosprecio de los traslapes y entrecruzamientos con que se establecen las distancias entre la teoría educativa y la filosofía de la educación, esta perspectiva toca, por supuesto, las tareas de clarificación conceptual, pero también las de provisión de ideales y de respuestas de orden último, así como las posibilidades de análisis y crítica de la teoría y la práctica educativas. Es una visión que se completa cuando da cuenta del apoyo que la filosofía proporciona a la pedagogía mediante las herramientas metodológicas que le son propias, sus recursos hermenéuticos, sus sistemas de razón y las formas deliberativas y argumentativas de que se sirve. Si bien partíamos de la premisa básica de que la claridad conceptual y el posicionamiento teórico respecto del uso del lenguaje educativo constituyen dos de las herramientas con las que la filosofía apoya los ejercicios teórico-prácticos que competen a la disciplina pedagógica, nos quedaba claro también que con ello no se agotaba la función de la filosofía de la educación.

No es ésta, por cierto, una visión original ni arquetípica, pero sí largamente trabajada y conformada tras un trayecto compartido de estudio y debate en el marco de la construcción del diccionario; de ella damos cuenta detallada en la introducción. Aunque no estamos seguros de que todos los miembros del colectivo de autores convendrían en suscribirla en todos sus rasgos, sí nos atrevemos a afirmar que el sentido propuesto en la introducción da un significado particular al conjunto de la obra, sentido que asevera la indispensabilidad del impulso del ejercicio filosófico en favor del desarrollo y fortalecimiento del quehacer pedagógico, con base en un amplísimo abanico de posibilidades de estilos, perspectivas, tradiciones y herramientas de pensamiento. Cada una de las colaboraciones constituye un ejemplo de la pluralidad de elaboraciones teóricas con las que la filosofía puede acompañar y respaldar el hacer pedagógico. Sólo el rigor académico, la honestidad intelectual y la complejidad teórica –que expulsan el hacer aficionado y el pensamiento diletante– constituyen cualidades comunes a todas las entradas de esta obra.

 

De las entradas

El DIFE se compone de noventa y nueve entradas, que son en realidad noventa y nueve pequeños ensayos que esclarecen conceptos, ofrecen hipótesis, defienden tesis, muestran debates o tendencias, critican posturas, argumentan, interpretan, dan pautas para comprender las ideas de los autores, las materias y las nociones que los ocupan; en fin, buscan inteligibilidad.

Ordenadas alfabéticamente, las entradas responden a tres tipos o categorías, a saber: conceptos, temas y autores. A las categorías de conceptos y temas pertenecen ochenta de las entradas. Se trata de contribuciones de investigadores y docentes que, en el primer caso, expresan el esclarecimiento de nociones relevantes para la teoría y la práctica educativas; en el segundo, dan cuenta de desarrollos y planteos de las más distintas índoles. Algunos exponen las posibilidades de diferentes enfoques de un asunto; otros realizan análisis críticos sobre prácticas específicas, o muestran la coherencia interna de algún planteamiento puntual; critican postulados teóricos, asunciones sin fundamento o prácticas específicas; otros más subrayan el poder de las tradiciones o señalan su importancia y analizan los momentos críticos de los debates.

Las entradas de autores –diecinueve, en total– consideran a los pensadores de las más diversas épocas y latitudes cuyas ideas han influido poderosamente en el campo teórico-práctico de la pedagogía.

La diversidad de perspectivas y de modos de abordaje constituye una de las fortalezas más destacadas del conjunto reunido en el DIFE. Esa diversidad posibilita reconocer la riqueza y la complejidad del campo actual de la pedagogía y la necesidad de tener diferentes enfoques sobre sus aspectos teóricos y prácticos. A la vez ofrece un parámetro, en modo alguno exhaustivo, del tipo de las preocupaciones actuales acerca de los temas que son objeto de estudio y análisis entre los autores. El tratamiento de cada tema, concepto o autor es producto de la particular visión de quien lo escribe y de su peculiar manera de abordarlo. Ello es lo que define el espíritu plural de este ejercicio colectivo.

 

Del colectivo de autores

Con la idea de conformar una estructura básica articulada en atención al tipo de las entradas en proyecto, iniciamos la búsqueda de estudiosos de diversas disciplinas humanísticas y sociales cuyas líneas de investigación y trayectorias juzgamos pertinentes para delinear el colectivo de autores. La respuesta a nuestra convocatoria es lo que conforma este diccionario.

Una de las más gratas sorpresas que nos ofreció el desarrollo del proyecto fue la actitud positiva de los autores que se incorporaron al colectivo. Los investigadores que participan en este proyecto –todos de la mayor talla académica– se sumaron a la tarea con un entusiasmo y un compromiso dignos de ser resaltados. La respuesta a nuestra convocatoria estuvo siempre acompañada de las expresiones de simpatía de quienes se sumaban al colectivo y de su reconocimiento a la importancia del proyecto. Cada una de las entradas expresa libremente la posición de quien la escribe respecto del concepto, el tema o el autor expuesto; en todos los casos los abordajes fueron determinados individualmente y de acuerdo con los parámetros del especialista.

Al principio solicitábamos una entrada a un colaborador atendiendo las líneas de su especialidad, pero muchas de las voces, de los temas o de los autores estudiados fueron elecciones hechas por los propios miembros del colectivo, en función de sus investigaciones, realizadas o en curso. En no contadas ocasiones ellos mismos proponían, siempre con acierto, realizar otra u otras colaboraciones. Ello aportó un valor añadido al conjunto de la obra, que no sólo reúne textos de intelectuales reconocidos sobre las materias de su especialidad, sino que permite dar cuenta, además, del tipo de trabajos que se realizan hoy en esos temas y de cómo se entienden los conceptos y los modos de leer, en el siglo XXI y en Iberoamérica, a los autores clásicos.

Otro elemento de interés en la conformación del colectivo de autores fue su origen y localización geográfica. Aunque nuestra convocatoria trascendió las fronteras de Iberoamérica, se puede decir que el proyecto produjo el interés suficiente de manera primordial en autores de España y América Latina. Salvo por el caso de dos colegas provenientes de Nueva Zelanda y Australia, el resto de los autores son iberoamericanos; concretamente de México, España, Argentina, Colombia, Brasil, Uruguay y Puerto Rico. Fue esto lo que incorporó la palabra iberoamericano al título general. Si bien los colegas de Australia y Nueva Zelanda no cabían dentro de esta enmarcación territorial, sus lazos académicos y afectivos con México son de tal carácter que resulta casi natural pensar en ellos como coterráneos nuestros. Su contribución requirió de traducción –fue también necesario traducir un par de textos de colegas brasileños–; no obstante, no queremos dejar de subrayar, como un rasgo de identidad de este diccionario la peculiar vocación de pensar en español que lo acompaña.

Valga quizá insistir –sólo para ofrecer una nota adicional a lo que caracteriza al colectivo de autores– la sobresaliente trayectoria intelectual de cada uno en sus distintas disciplinas (la filosofía, la pedagogía, la política, la antropología, la sociología, la historia o el derecho). Permítasenos aprovechar este señalamiento para acentuar la expresión de nuestro mayor agradecimiento por la ilusión con que compartieron la empresa y por el generoso y fecundo esfuerzo de creación de sus colaboraciones. A todos y a cada uno nuestro más sincero reconocimiento y gratitud.

 

Del alcance de esta edición y el futuro del DIFE

Este diccionario es una obra inconclusa. Es un hecho que los diccionarios no logran nunca ofrecer el grupo total de nociones, autores y temas que incumben al corpus de su especialidad. Y si los diccionarios son por definición incompletos, el que presentamos aquí lo es más. Desde el inicio supimos que nuestras pretensiones debían reducirse a ofrecer ejemplos de algunos de los tipos de análisis y de ejercicios hermenéuticos y críticos que es posible hacer cuando la filosofía se pone al servicio de los problemas teórico-prácticos que importan a la pedagogía.

Lamentamos que el volumen excluya mucho más de lo que incluye. Somos conscientes de la ausencia de temas, voces y autores cuya asentada raigambre en el lenguaje y el saber disciplinarios posee poderes explicativos y facilitadores de la comprensión de las lógicas y dinámicas de las tareas educativas. Pero la certeza de que la manufactura del proyecto quedaría inevitablemente trunca acompañó nuestras discusiones y cada una de las tareas de construcción de la obra.

Saber desde la concepción del proyecto que las exclusiones serían inevitables, y constatarlo durante los meses de su avance, contribuyó a generar el propósito de que el DIFE no terminaría con la publicación en línea de este micrositio.

Aspiramos a su continuidad; pretendemos hacer de esta publicación sólo el primer paso de un proyecto de largo aliento. Tenemos la intención de realizar una edición electrónica en permanente construcción. Queremos expandir las posibilidades de esta obra colectiva en aras de una creciente actualización y perfeccionamiento. Apostamos por la posibilidad de un diccionario que se complete con el tiempo, poco a poco, con la cooperación del actual colectivo de autores y los que se sumen en la creación de nuevas entradas, nuevas propuestas y nuevas visiones. Confiamos en que un proyecto de esta naturaleza puede constituir un ejercicio colectivo que colabore a pensar con rigor los problemas de la educación y a ampliar la mirada sobre los autores del pasado, los contemporáneos y, ¿por qué no?, los que están por venir.

 

De los apoyos y financiamiento del proyecto

La edición de este volumen ha sido posible gracias a la participación de muchas personas e instituciones. A todas debemos nuestra gratitud. Sin realizar un recuento exhaustivo de todos los apoyos recibidos, nos interesa destacar, en primer lugar, el respaldo ofrecido por la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que aprobó y apoyó con recursos financieros y de infraestructura el proyecto del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) Diccionario de filosofía de la educación (clave: IN404011), presentado bajo la responsabilidad de Ana María Salmerón.

Fue de gran valor también el respaldo otorgado por las instituciones en las que laboran los coordinadores de la obra: la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a la que están adscritas Azucena Rodríguez Ousset y Ana María Salmerón; la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco, en la que labora Blanca Flor Trujillo, y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Nuevo León, en la que Miguel de la Torre Gamboa es profesor-investigador.

Entre otros apoyos recibidos, es destacable el de un proyecto de investigación europeo: The Civic Constellation. Plan Nacional de I+D+i de España (código FFI2011-23388). Las entradas de José María Rosales, Manuel Toscano y Ana María Salmerón son, también, parte de dicho proyecto.

Expresamos nuestro agradecimiento a las instituciones mexicanas y españolas involucradas.

Además, colaboraron con nosotros tres estudiantes de la licenciatura en pedagogía de la UNAM, quienes realizaron tareas de organización y edición de las entradas. Expresamos nuestra gratitud al impecable esfuerzo realizado por Mariana Zapata Esquivel y Maricela Torres Montiel. Debemos un reconocimiento especial a la labor de edición con que nos apoyó Betzabeth Reyes Pérez, cuyo cuidado e inteligencia constituyó un apoyo extraordinario.

Los coordinadores