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Nota publicada el lunes, 15 de mayo de 2017

El silencio de Rabasa
Por: Rafael Rojas
El politólogo e historiador José Antonio Aguilar Rivera, profesor del CIDE, encontró en la papelería de la Biblioteca Nettie Lee Benson de la Universidad de Texas, en Austin, un opúsculo en el que el importante jurista mexicano Emilio Rabasa refutaba, desde una perspectiva liberal, el artículo 27 de la Constitución mexicana de 1917. La existencia de ese manuscrito, que Charles Hale llamó “escrito fantasma”, era conocida, ya que los historiadores sabían que Rabasa, desde su exilio en Nueva York, trasmitió su opinión sobre dicho artículo y sobre la propia Constitución al petrolero inglés Weetman Pearson, quien, preocupado por el destino de sus negocios en México, lo consultó al respecto.

Sin embargo, hasta la reciente edición, en el Fondo de Cultura Económica, del informe de Rabasa a Pearson en el volumen El derecho de propiedad y la Constitución mexicana de 1917 (2017), con estudios introductorios de Tania Rabasa Kovacs, José Ramón Cossío Díaz y el propio Aguilar, el público desconocía el contenido del escrito de Rabasa. Como era de suponer, Rabasa, un liberal porfirista que había cuestionado la Constitución de 1857 por los excesivos poderes que extendía al congreso y la fragilidad de su sistema judicial, juzgó muy severamente el artículo 27. A su entender, la atribución de una titularidad originaria de toda la propiedad a “la nación” y el reconocimiento del derecho de ésta a “imponer la modalidad de propiedad que dicte el interés público”, suponía una negación de la premisa de los derechos naturales del hombre en México.

La Constitución del 17, según Rabasa, iba más allá de la estipulación del derecho a confiscación por utilidad pública y del ejercicio del “dominio directo” de la nación sobre amplias porciones de la tierra y el subsuelo del país, que se contemplaba en las leyes mineras y petroleras del Porfiriato tardío. Sin llegar a caracterizar esa idea de la propiedad originaria de la nación como “bolchevique”, tal y como hicieran Jorge Vera Estañol y otros opositores al gobierno revolucionario, Rabasa pensaba, como dirá en una carta a José Yves Limantour, Secretario de Hacienda de Díaz, que con el artículo 27 se producía en México un “desconocimiento de los derechos más elementales como base de la organización social” o una “imposición legal de la tiranía”.

Pero tan interesante, para la nueva historia política del México moderno, es conocer de primera mano los argumentos de Rabasa como advertir que aquellas críticas a la Carta Magna del 17 nunca fueron planteadas frontal o abiertamente por el pensador mexicano. El informe a Pearson no se hizo público y, como recuerda Aguilar, cuando Rabasa planteó alguna crítica a la Constitución del 17, desde su exilio neoyorkino entre 1914 y 1920, firmó el texto con pseudónimo, como en una colaboración para la Revista Mexicana en San Antonio, Texas, que dirigía Nemesio García Naranjo.

No sólo eso: en La evolución histórica de México (1920), obra publicada en el año de su regreso al país, Rabasa eludió cualquier crítica al artículo 27 en el apartado “El problema de las tierras”, donde trataba expresamente la cuestión agraria. En sus cursos de Derecho Constitucional en la Escuela Libre de Derecho, entre 1920 y 1930, el eminente jurista también se cuidó de no hacer demasiado visible su oposición al orden constitucional establecido en México. Un orden que, para cerrar aún más la paradoja, se diseñó, en buena medida, tomando como referente las críticas a la Ley Fundamental de 1857 que él mismo había plasmado magistralmente en el tratado La Constitución y la dictadura de 1912.
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Fuente: razon.com.mx / México / Ciudad de México Versión para imprimir