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Nota publicada el martes, 18 de diciembre de 2018

Lo sombrío un imán para la adolescencia
Por: Virginia Bautista

La oscuridad es inseparable de la adolescencia”, afirma tajante el escritor Antonio Ortuño. “No es de ninguna manera la edad de las ilusiones, ni de lo rosa ni de lo bonito. Al contrario, te fascina la sangre, lo crudo, lo dramático. Tienes un apetito de que pasen cosas malas”, agrega.

De esta premisa parte el narrador para dar vida a la novela juvenil. El Ojo de Vidrio (FCE), con la que cierra la saga de la historia de Luis y Sofía que comenzó con El rastro, publicado en 2016 por la misma editorial. Esta segunda entrega se desarrolla en Los Ángeles (California), en donde Luis pasa sus vacaciones y reencuentra a Sofía; ambos se ven envueltos en persecuciones, crímenes, desapariciones y, lo peor, frente al tipo que había jurado matarlos hace años: El Ojo de Vidrio.

Para mí no es una segunda parte. Es una novela distinta, con algunos personajes de la primera, en la que se resuelven o cierran algunas situaciones que quedaron abiertas. Pero no es una novela dividida en dos, son dos novelas diferentes que incluso estructuralmente no se parecen. El Ojo de Vidrio ocurre cronológicamente y El rastro brinca en el tiempo, brinca y vuelve”, explica en entrevista.

Quien en 2010 fue considerado uno de los mejores narradores jóvenes en lengua castellana por la revista británica Granta aclara que incluso Luis, el protagonista, es distinto en ambas historias. “Es más ñoño en la primera novela, es un púber; y en la segunda es un adolescente peludón que anda haciendo barbaridades. Esta es una novela de sexo, drogas y rocanrol. Es más oscura y radical”.

Agrega que, en El Ojo de Vidrio, Luis está más amargado y la interpretación que hace de los hechos es más desoladora. “Creo que la gente nos amargamos. Cuando vemos objetivamente nuestra infancia y juventud, si las miramos con lupa, descubrimos que siempre nos pasaron cosas terribles. ¿Cuántos amigos o parejas de la adolescencia y la juventud conservas? Es una época de rupturas absolutas”.

El autor de El buscador de cabezas (2006) confiesa que Sofía es su personaje favorito de los dos libros. “Ella es norteña, más directa y avanzada. Parece que pertenece a otra época, no a los años 90. No le gusta que la sometan. Está en su rollo de experimentación. Le agrada tener la posibilidad de estar con quien la atrae, aunque eso dure cinco minutos. Luis sufre de que sea sí. Como pareja son inviables, pero hay química, cuando se ven están como hirviendo los dos”.

Añade que su personaje El Ojo de Vidrio no tiene nada que ver con el legendario Porfirio Cadena, pero sí le rinde tributo. “Está inspirado en un vecino sinaloense de mi infancia, que tenía un ojo de vidrio y asustaba a todos. Era barbón, atropellaba a los niños, golpeaba a su mujer, disparaba a cada rato. Un día escapó porque llegó la policía y se llevó a su hijo como rehén, mató a tres policías. Se convirtió en una leyenda”.

Y dice que escogió a Los Ángeles como escenario, porque es la ciudad hermana de Guadalajara. “Hay millones de jaliscienses en California. Sólo hay buen birote salado en Guadalajara y en LA, porque lo hacen los tapatíos allá. Además, la manera como están construidas ambas urbes se parecen: extendidas, como escapando de sí mismas”.

Nueva historia

El también cuentista admite, sin embargo, que se divirtió incursionando en este nicho literario, que no piensa dejar. “Me enseñó mucho. Escribir para jóvenes te ofrece un trato más directo con tus lectores. Los chicos se apasionan más, se relacionan con los escritores de una forma distinta”.

Quien desde hace tres meses vive en Berlín gracias a una beca de residencia artística, adelanta que en 2019 publicará su novela Olinka. “Es un drama que ocurre dentro de una familia de lavadores de dinero en Guadalajara. Tú sabes que ésta es la gran ciudad de lavado de dinero, que no hay otra que se nos acerque. De la lista estadunidense de empresas lavadoras de dinero, la mitad son de Zapopan. Mis personajes son como aristócratas tapatíos”.

Detalla que Olinka se inspira en una idea del pintor Gerardo Murillo, el Dr. Atl. “Él proponía construir una ciudad utópica, sólo de científicos y artistas, donde se elevara el espíritu. Hasta poner una base espacial. Era genial, pero estaba muy loco.

Retomo esto de forma irónica. Evoco esos fraccionamientos bardeados, que aquí llamamos cotos, pero es lo contrario de lo que quería Atl. No viven aquí los mejores. Son ricos que arrasaron con los ejidos y construyeron sus casas”, señala.

 


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Fuente: Excélsior / México / Versión para imprimir