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Nota publicada el martes, 18 de diciembre de 2018

Felices fiestas y libros/ El peso de las razones
Por: Mario Gensollen
Escribo esta columna previa a Navidad para desearles a todas y todos felices fiestas. Como lo escrito en otros años y en otras ocasiones, no pienso que el goce navideño dependa de un conjunto heterogéneo y plural de creencias que poseen los creyentes y los fieles y de las que carecemos los demás. De eso depende que le llamemos “Navidad”, “vacaciones navideñas” o “solsticio de invierno”. No más. Como toda convención, su nombre y significado variarán de cultura en cultura y de persona en persona. Está bien que nos importe la cultura, pero la cultura es importante sólo porque nos importa a nosotros. No la sublimemos. Da lo mismo que algunos celebren el nacimiento de su mesías, otros el aguinaldo y los más extremos el Guadalupe-Reyes. Creo que casi todas y todos podemos celebrar otra cosa: momentos con los que más queremos. Y más: para los que vivimos lejos de nuestras personas amadas, el momento del año en que nos visitan o los visitamos. Como Tim Minchin -salvo que él celebra estos días en la calurosa Australia- les deseo que beban vino blanco bajo el Sol o un ponche cerca de la chimenea (así como la cultura, la geografía en estas fechas resulta también en cierta medida intrascendente).

Como lo he hecho los años pasados, también no quisiera felicitarlos sin recomendarles algunas lecturas vacacionales. Lo hago principalmente porque creo que en estas fechas que se acostumbra a dar y recibir regalos, un buen regalo puede ser un libro.

Para las jóvenes lectoras y lectores, el Fondo de Cultura Económica acaba de publicar la segunda parte de la historia de Luis y Sofía después de El rastro: Ojo de vidrio. Si no han leído la primera entrega de Antonio Ortuño, es buen momento para regalar ambos libros. Ortuño no es sólo un escritor de primera línea, es un excelente narrador para los jóvenes. Muchas veces los mayores nos equivocamos regalando libros que alejaran a los jóvenes de la lectura. Ortuño los acercará: que no les quepa duda.

Para los curiosos y con sentido del humor, MalPaso, una de las editoriales que publica libros realmente bellos en tanto objetos y con una selección editorial exquisita, tiene dos posibles regalos que no tienen falla: Diccionario de la estupidez de Piergiorgio Odifreddi y Geografía de la locura: en busca del pene perdido y otros delirios colectivos de Frank Bures. En ambos, aunque desde perspectivas un tanto opuestas, late lo más profundo de la credulidad y estupidez humanas vistas ya sea con cautela o con humor. Bures, como periodista, se da a la tarea de cazar las creencias más extrañas que pululan alrededor del Globo. Odifreddi, matemático, se burla de nuestras creencias pseudocientíficas y nuestros malos hábitos de razonamiento. Ambos se construyen a partir de ensayos breves y son de lectura amena.

Mi libro favorito del año fue El lector a domicilio de Fabio Morábito, publicado en Sexto Piso. Fabio es ante todo poeta, pero en ésta, su segunda novela, nos recuerda que su capacidad narrativa va casi a la par de su imaginación poética. Como en su novela anterior, Emilio, los chistes y la muerte (publicada en Anagrama), Morábito teje a partir del mito, el humor, la melancolía y el recuerdo. Y Morábito siempre teje fino. Esta novela puede regalársele a casi quien sea y seguro la disfrutará.

No puedo, por último, no recomendarles dos libros maravillosos para los chicos (y quizá más para los grandes): Cuatro cuentos y Escrito y dibujado por Enriqueta de Liniers. Anagrama a tenido el tino de firmar a Ricardo Siri “Liniers” y publicar estos dos trabajos separados un tanto de sus habituales historietas de diario.

Tengan todas y todos muy felices fiestas y recuerden regalar libros.
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Fuente: La Jornada Aguascalientes / México / Versión para imprimir