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Nota publicada el lunes, 7 de enero de 2019

Da voz a los niños
Por: Sylvia Georgina Estrada
Las primeras páginas de Yo Tuve un Sueño (Anagrama, 2018) muestran un mapa de México, en él se marca la ruta que siguen los migrantes después de que cruzan la frontera sur de nuestro país. Frágiles, vulnerables, llenos de esperanza, los centroamericanos que buscan otra vida en Estados Unidos son legión. Esta historia no es nueva, sin embargo, las recientes caravanas migrantes le dan otra dimensión a este fenómeno social.

Hace casi un lustro, Juan Pablo Villalobos recibió el encargo de hacer una crónica para una revista sobre los niños y adolescentes migrantes. La encomienda fue escribir un texto en tercera persona acerca de las experiencias de dos chicos, uno de El Salvador y otro de Guatemala. Fue entonces que surgió el germen del libro.

“Me buscaron para hacer esto porque tengo un libro narrado por un niño, que es Fiesta en la Madriguera, y otro por un adolescente titulado Si Vivieras en un Lugar Normal. El editor de esa revista me dijo tú tienes el oído y el tono narrativo para contar las historias de estos chicos en primera persona. Así que fui, hice esto y a partir de ahí surgió la idea de hacer el libro”, relata en entrevista con Zócalo.

No es sencillo acercarse a estos pequeños, “algunos han pasado por situaciones muy difíciles y traumáticas, tampoco es bueno que hablen de lo que les ha pasado porque les sigue resultando doloroso”, apunta Villalobos. Así que el escritor tuvo que contactar a ONG’S y abogados defensores de los migrantes para hacer una mayor cantidad de entrevistas y armar el libro, que en un principio se pensó como una crónica testimonial. Sin embargo, el autor sintió que el material debía recibir un tratamiento distinto, más apegado a su perfil literario.

“Hasta 2016 pude ir a Estados Unidos, haciendo un trabajo previo de organizar todo esto. Entrevisté a 10 menores de edad, cinco niños y cinco niñas de Honduras, Guatemala y El Salvador y de edades que iban desde los 10 hasta los 17 años.

“Cuando volví a Barcelona, que es en donde vivo, con todo el material de las entrevistas, lo que hice primero fue transcribir todos los testimonios. La idea original era mostrar los testimonios, pero cuando transcribo todo me doy cuenta de que no funciona. Sí iba a ser un libro interesante en un sentido documental, pero no soy periodista ni cronista, aunque he ejercido la crónica, soy alguien que viene de la novela. Entonces hablé con mis editores en Estados Unidos y con mi editor en Anagrama y les sugerí que me dieran libertad para trabajar con el material para hacer un libro que sigue siendo de testimonios y de no ficción, pero que se lee como un libro de cuentos”, precisa el Premio Herralde de Novela.

Si bien se cambiaron los nombres de los menores y se emplean técnicas narrativas de la ficción, todos los relatos responden a lo que Villalobos escuchó en las entrevistas que realizó en Nueva York y Los Ángeles.

“Transformo cada una de esas historias en un cuento breve con la idea de condensar, de buscar el momento más conmovedor, más simbólico de cada una de las historias. La idea es que sea un libro que produzca empatía, que es lo que ha faltado en las últimas semanas. Todos estos brotes de discursos de odio tienen que ver con una falta de comprensión de cuál es el origen de estas migraciones, también con una indiferencia, una frialdad ante una realidad que es terrible y que es una crisis humanitaria”, plantea en referencia a las recientes caravanas migrantes que han atravesado México.

Violencia brutal

Juan Pablo Villalobos señala que Yo Tuve un Sueño tiene un tono de inocencia e ingenuidad, paralelo a la vulnerabilidad de los protagonistas de los textos.

“Era muy interesante descubrir cómo los niños al estar huyendo de una situación de violencia, de pobreza, de falta de esperanza en el futuro, asumían el riesgo con una gran madurez. Hay un relato que se llama Prefiero Morirme en el Camino, esa frase me parece que representa todo el sentido de por qué estos niños deciden irse de sus países. Saben que si se quedan no tienen escapatoria, están amenazados. Sufren violencia no sólo en las calles, de lo cual se habla mucho con las maras, las pandillas y tal, pero la violencia intrafamiliar es brutal, particularmente la violencia de género. Hablamos a veces de padres abusadores, de tíos, del entorno más cercano que ya ejerce una violencia sobre las niñas.

“Ellos están dispuestos a arriesgarlo todo, la propia vida, porque saben que quedarse no es opción. Ya saben lo que va a pasar: una muerte temprana o tener que entrar en la pandilla y también sería lo mismo. Todo esto te lo cuentan con una mezcla de inocencia y confusión porque todo lo que han vivido es como si lo hubieran visto a través de un vidrio empañado”, explica el jalisciense.

Historias empañadas

Uno de los retos que enfrentó Villalobos fue trabajar con las incongruencias en los relatos de los entrevistados. “Un periodista que estuviera interesado en reconstruir bien el trayecto del viaje se hubiera vuelto loco, era imposible”, dice con una sonrisa.

“Había niños que me decían ‘cruzamos el río entre la frontera de Guatemala y México, después llegamos a Monterrey’. Los nombres de las ciudades se les confunden, incluso qué pasó antes y después. No son testigos fiables en el sentido del periodismo duro, de los datos, de la realidad, pero son los testigos más importantes a un nivel digamos de lo psicológico, lo sentimental, lo íntimo. En mi caso, me parecía que valía la pena reflejar eso en el libro.

“Me interesaba dar voz a los niños, que ellos mismos fueran quienes contaran sus historias, que fuera un libro que provocara empatía y por eso no aparezco yo. No hay un cronista, sólo las voces de los niños”, precisa.

Un relato infantil

Aunque a primera vista pareciera que se mueven en ámbitos diferentes, a la par que se publicó Yo Tuve un Sueño apareció el libro infantil Un Viaje Cósmico a Puerto Ficción (Fondo de Cultura Económica, 2018). Este último es una novela de 120 páginas para lectores de entre 10 y 12 años.

“Este libro tiene algo que ver con lo que estábamos hablando. Es la historia de tres niños, dos hermanos gemelos y una niña, que viven en la calle porque han pasado situaciones familiares, como pasa en México, que los han obligado a estar buscándose cada día la comida y el techo.

“Se habla, por influencia del libro de los niños migrantes, de que sus padres han emigrado al norte.

Aquí los padres han desaparecido y los chicos están solos, viviendo en una ciudad imaginaria que se llama Puerto Ficción.  Es una picaresca porque de lo que se trata es la búsqueda de tratar de ganarse los sagrados tacos de cada día”, precisa.

En Un Viaje Cósmico..., aparece un extraterrestre que llega a la ciudad, los animales hablan, los protagonistas se hacen preguntas filosóficas y existe un hombre al que apodan “El Profe” y que canta como Rockdrigo González en un claro homenaje al Profeta del Nopal.

“Hay las reflexiones sobre el sentido de la existencia, sobre cómo funciona la vida; el paso de la adolescencia a la vida adulta está simbolizado con estas preguntas. Parece un libro muy serio, pero es como todos mis libros, muy absurdo: aparece un extraterrestre, los animales hablan, hay un cangrejo que es un informante. Es todo un juego de apropiarme de una tradición literaria, la literatura infantil y la sicodélica, diría yo”, finaliza.
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Fuente: zocalo.com.mx / México / Coahuila Versión para imprimir