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Lina Meruane: "Todos los personajes están enfermos de algo y se relacionan desde..."
Conocí a Lina Meruana en Lima, allá por el año 2018, cuando vino a participar en la FIL, en la que compartimos una mesa. Poco antes había leído su ensayo Viajes virales (FCE, 2012) y las novelas Fruta prohibida (FCE, 2007) y Sangre en el ojo (Literatura Mondadori, 2012). La enfermedad juaga un rol protagónico y recurrente en todos esos libros. En el lobby del hotel, Lina me comentó que además de haber sido una paciente, sus padres eran médicos ambos. No hace mucho pude leer Sistema nervioso (Literatura Random House, 2019), una novela estupenda sobre la enfermedad, pero también sobre el cuerpo y la violencia que se ejerce sobre en él. Y también, claro, sobre la culpa, los secretos y la familia. Lina Meruane es, sin dudas, una de las voces más interesantes y sólidas de la narrativa hispanoamericana, con quien, en estos tiempos de cuarentana (Covid-19) y gracias a la tecnología, pude charlar justamente sobre su más reciente entrega.
–La enfermedad ha estado en otros de tus libros. Además de Viajes virales que es un ensayo, dentro de la ficción el tema estuvo presente en Fruta podrida y Sangre en el ojo. Hablando de las novelas, si bien cada una de ellas aborda el tema de distinta manera, creo que Sistema nervioso se aleja más en forma y me parece que en complejidad. ¿Se puede decir que es una especie de cierre de la trilogía? ¿Un cierre que resume y al mismo tiempo amplia la propuesta?
–Son tres novelas formalmente muy distintas entre sí, y también las preguntas que las animan lo son. Yo pensaba que la trilogía incluía ese ensayo y esas dos novelas que mencionas y me había prometido no volver al tema de la enfermedad, pero me había quedado dando vuelta un asunto que de pronto se ha vuelto tremendamente contingente. En Fruta podrida y Sangre en el ojo hay un cierto binarismo: la enferma y los sanos. Ese mundo partido en dos confirmaba una idea muy arraigada y problemática sobre el cuerpo, sobre la vida, la idea que hay dos estados posibles y opuestos, el de la salud y el de la enfermedad. Y empecé a darle vueltas a la idea de que esto no era así, de que vivimos en la incertidumbre, que hay un continuo entre ambas. Fíjate: nuestro sistema digestivo para funcionar saludablemente requieres de miles de bacterias; el cáncer está hecho de nuestras propias células y crece sin ser detectado; un embrión también está hecho de nuestras células pero hace sentir enfermas a las embarazadas porque el cuerpo desconoce eso que crece dentro. O este otro ejemplo: los portadores asintomáticos del covid, ¿están o no enfermos? Esa zona gris me interesaba a nivel corporal pero también a nivel social: si lográramos pensarnos socialmente como un organismo en que nadie es inmune y todos estamos igualmente expuestos, tal vez seríamos más solidarios. Esa es la idea de la que sale Sistema nervioso, donde todos los personajes están enfermos de algo y se relacionan desde ese lugar de vulnerabilidad.
–Por otro lado, el tema del cuerpo, que está relacionado al de la enfermedad, en Sistema nervioso también está vinculado a otro tipo de cuestiones, me parece. Pienso en la relación del cuerpo con la culpa, con la violencia; en suma: con el poder.
–Por los cuerpos pasa todo porque los cuerpos dan placer y también dolor, y a los otros podemos hacerlos felices o castigarlos, ejercer poder sobre ellos. La pregunta por el cuerpo es siempre una pregunta por las relaciones humanas que son relaciones políticas.
–Un ejemplo es el hermano Primogénito, por la violencia que ejerce en Ella…
–Ese era un personaje que me interesaba especialmente. Es el hermano que sufre de osteoporosis (una condición ósea más bien rara en los hombres), para mí era un personaje trizado por el dolor de la pérdida precoz de la madre, pérdida de la que acusa a la hermana menor. Él le imprime su dolor, su rabia, su venganza, y Ella en gran medida acepta esa violencia porque, como decías antes, ella se siente culpable. Mientras escribía esta relación pensaba que pese a la violencia, hay una relación de amor filial entre ellos. Una cosa no necesariamente quita la otra.
–¿Quitar las referencias de lugares reales e, incluso, que los personajes carezcan de nombres, es una opción que tomas para evitar distracciones, digamos, y acentuar los temas de fondo de la novela? ¿En qué momento del proceso decides esto?
–Eso fue así desde la primera página: hay muchas cosas que se establecen al inicio y que luego quedan así. (Y hay cosas que cambian por completo; por ejemplo, esta iba a ser una novelita corta de tres personajes, pero escribí el doble de lo que pensaba y acabó habiendo una multitud en su interior.) No fue una decisión consciente, pero me plantee si dejarlos porque me encontré con la dificultad técnica de no poder usar los pronombres ella y él para personajes que no fueran los protagonistas, Ella y El… por no confundir. Si me quede con Ella y El, con Padre y Madre y Mellizos, etc., no fue por no distraer (no pienso que los nombres distraigan) sino porque quería subrayar estos personajes encarnan roles y funciones en el sistema familiar, así como los órganos tienen una función específica en el sistema corporal, y determinados astros tienen el suyo en el sistema del cosmos: no es lo mismo un sol que un planeta que orbita alrededor.
–La novela tiene una estructura de constantes saltos temporales, que conforme avanzas vas teniendo una imagen cada vez más completa del conjunto. ¿La decisión de construirla así tiene que ver con la protagonista, con su perfil, digamos?
–La estructura de la novela tiene todo que ver con la noción de sistema: en un sistema el tiempo no es lineal y el espacio no es plano, y las relaciones entre las partes es muy compleja y múltiple. A partir de la configuración de esta estructura caí en la cuenta de que la protagonista debía ser astrofísica, y debía tener vocación de poeta, porque para mí la poesía es que ponen en relaciones siempre nuevas las palabras, saltándose las reglas gramaticales y hasta sintácticas del lenguaje.
–Recuerdo que aquella vez en Lima me comentabas que el tema de la enfermedad tenía que ver con haber sido paciente e hija de médicos (coincides en esto último en eso con Ella). ¿Hubo un momento en que decides, descubres o eres consciente que ese tema te acompañará en varios libros?
–Es difícil ver dónde estuvo el origen de todo: si el tener una condición médica desde la infancia o si haber estado tan expuesta a la incesante conversación de los síntomas y los diagnósticos que sin duda capturaron mi imaginación y formaron mi lenguaje. No tengo recuerdo de un tiempo en que no me interesara en las cuestiones del cuerpo. Mi escritura partió, en primera instancia, por un interés en los cuerpos de las niñas y su paso, sexuado, disciplinado, a la adultez; una de esas niñas estaba enferma y se volvió la protagonista de Fruta podrida… Ya no escribo sobre los cuerpos de las niñas, supongo que algún día dejaré de escribir sobre cuerpos enfermos, o eso espero.