Octavio Paz, admirado y odiado; se cumplen 22 años de su muerte

El 19 de abril de 1998 falleció de cáncer el único premio Nobel que ha tenido México en literatura: Octavio Paz. Tenía entonces 84 años.

La muerte ocurrió en su casona de la calle de Francisco Sosa, en Coyoacán, Ciudad de México. El cadáver fue velado en el palacio de Bellas Artes de la capital y sus restos llevados al Panteón Español donde fueron incinerados y después las cenizas se trasladaron a la Fundación Octavio Paz.

La noticia de su muerte cundió en el ámbito de las letras internacionales.

Filas de personas se formaron para brindar un homenaje póstumo al poeta. El entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, lamentó la pérdida al asegurar que el país "ha perdido a su más grande pensador y poeta". En tanto, escritores y personalidades de todo el mundo enviaron sus condolencias, como el presidente argentino Carlos Menem, además del Departamento de Estado de Estados Unidos y los reyes de España, Juan Carlos y Sofía.

Con la desaparición física de Paz se cerró toda una época de la literatura nacional, pues fue un referente nacional y una figura polémica con detractores y simpatizantes por igual.  

Algunos datos

Octavio Irineo Paz Lozano nació el 31 de marzo de 1914 en la Ciudad de México. En sus inicios se desempeñó como redactor periodístico, maestro, ayudante del negocio de su tío Guillermo e inspector de la Comisión Nacional Bancaria. Fundó las revistas "Taller” y “El Hijo Pródigo”. Más adelante sería director de la revista “Plural” y “Vuelta”.

Su postura inicial lo llevó a criticar al estalinismo, intocable para la izquierda mexicana de entonces.

Fungió como embajador de México en Japón, en 1952, y en la India durante 6 años, de 1962 a 1968. No obstante, como protesta contra la masacre de estudiantes en Tlatelolco, en 1968, renunció a su cargo diplomático. También se pronunció contra el régimen cubano, la Revolución Sandinista y durante 1991 condenó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, de Chiapas.

No sólo eso, simpatizó con el régimen del PRI y validó el triunfo electoral de Carlos Salinas de Gortari, en 1988, lo que le traería el repudio público. Fue muy cuestionada su relación con Televisa al sostener una afinidad ideológica. Solía decir: “He usado a Televisa como Televisa me ha usado a mí”.

Premios y reconocimientos

Su talento lo hizo acreedor al Premio Cervantes, en 1981, pero fue con el Premio Nobel de Literatura que su nombre se conoció en el mundo, en 1990, año en que la Academia Sueca lo galardonó. Hasta ahora, ningún otro escritor mexicano ha sido merecedor a este honor.

También fue destacado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y se le considera una de las figuras más emblemáticas de la institución. Incluso, impartió clases en las universidades de Cambridge, Inglaterra, y en Harvard, Estados Unidos.

El ensayo

Entre sus libros de ensayo más importantes se encuentran: “Libertad bajo palabra”, “Salamandra”, “Ladera Este”, “Árbol adentro”, “El fuego de cada día”, “El arco y la lira”, “Las peras del olmo”, “Corriente alterna” y “Posdata”.

Destaca "El arco y la lira" acerca de profundas indagaciones sobre la poesía escritas en nuestro idioma y "El laberinto de la soledad", de 1950, donde hace un análisis de crítica social, política y psicológica e indaga en la idiosincrasia y el mestizaje del mexicano.

En 1982, publica "Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe", editada por el Fondo de Cultura Económica sobre la vida y obra de la poeta novohispana.

Su poesía

Paz aborda diversos temas en su poesía, pero se detiene especialmente en preguntas filosóficas sobre el ser, la transitoriedad de lo humano y del tiempo, el amor y el erotismo. Su obra es vasta y su lenguaje voluptuoso, vibrante, sabiendo retratar la prodiguez y exotismo de paisajes, a la vez que conceptos religiosos y culturales con sutileza y precisión.

Lo importante de Paz es su obra ensayística y poética en que trasciende, y hacer una separación con su postura política, para entenderlo y apreciarlo.

Sus poemas más celebrados son: “Entre ir y quedarse”, “Libertad bajo palabra”, “Bajo tu clara sombra”, “Un cuerpo”, “La poesía”, “A Luis Cernuda” y “Elegía Interrumpida”. Mención especial merecen “Blanco” y “Piedra de Sol”. He aquí un fragmento del segundo:

Un sauce de cristal, un chopo de agua,

un alto surtidor que el viento arquea,

un árbol bien plantado mas danzante…

“Piedra de sol” está compuesto por 584 versos endecasílabos que, a decir del autor, corresponden a los días que tarda el planeta Venus en realizar la conjunción con el Sol, según el calendario azteca.

Este texto es, posiblemente, de los más logrados por Paz y uno de los grandes poemas de largo aliento de la literatura mexicana y latinoamericana, a la altura de creadores como Jorge Luis Borges, Rubén Darío, Pablo Neruda, Gabriela Mistral o César Vallejo, en el que el mexicano hace una vasta declaración poética de su tiempo y por el cual, de manera inevitable, pasó a la historia de las letras.

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