¿Existe "Susana Distancia" en nuestras viviendas?

A propósito del eslogan publicitario que nuestras autoridades federales han acuñado y que tiene que ver con la necesidad del distanciamiento requerido para evitar los contagios en medio de la pandemia que padecemos; viene a mi mente la imagen de la inmensa mayoría de los pequeños departamentos que son la morada de cientos de miles de familias.

 “La paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia.”

Benjamin Franklin

A propósito del eslogan publicitario que nuestras autoridades federales han acuñado y que tiene que ver con la necesidad del distanciamiento requerido para evitar los contagios en medio de la pandemia que padecemos; viene a mi mente la imagen de la inmensa mayoría de los pequeños departamentos que son la morada de cientos de miles de familias, que ante las dificultades para hacerse de una vivienda de mejores condiciones, tienen que conformarse con pequeños espacios construidos en áreas de poco menos de 50 metros cuadrados, donde viven y ahora conviven, familias compuestas por 4 o 6 personas y que no tienen más espacio que el de una pequeña litera donde duermen los hermanitos, otra recámara para la abuela, que convive con la hija y una más para los padres, utilizando un solo baño y “disfrutando” de un área común que es la sala-comedor, en donde lo mismo es espacio para comer, que ver la novela, hacer la tarea o beber una cerveza, pero toda la familia en un espacio de tan solo 20 metros cuadrados.

Ahí es donde “Susana Distancia” no existe y donde se generan una serie de conflictos interfamiliares, que en condiciones de normalidad, son desactivados cuando los hijos salen al parque, el papá a trabajar o a tomar unas “frías” con los amigos y se evita que la violencia llegue a esos hogares.

Sin embargo, ahora que no hay más rincón que atrás del refrigerador y más espacio privado para que la hija hable con el novio, que dentro en el único baño de la casa; ahora pues, la violencia está haciendo presa de muchas familias mexicanas que en buena parte de los de los casos, está aderezada con los despidos de trabajadores, disminución de sus salarios, el cierre de las fábricas o la clausura del puesto de tacos, de donde se mantenía esa familia.

Resulta evidente que ante el grave problema de salud pública que enfrentamos y el económico provocado por el anterior, que no es cosa menor, tenemos frente a nosotros otro de grandes proporciones, el problema de violencia intrafamiliar, provocado por el hacinamiento y el encierro.

Según cifras de Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, diariamente 3,728 mujeres piden auxilio, cada hora 155 mujeres son violentadas en México, las llamadas telefónicas para denunciar violencia pasaron de 19,183 en enero, a 21, 727 en febrero y 26, 171 en marzo, casi un 37 por ciento más en 2 meses. Abril y mayo seguramente se dispararán por una cuarentena más rigurosa. Sin embargo, pareciera un patrón de conducta de aquellos hombres que, forzados a perder temporalmente su libertad, sus vicios y sus conquistas, no pueden convivir con sus familias, provocando que estalle la violencia doméstica.

Es necesario que la autoridad trabaje en programas de bienestar social que reencausen las actividades familiares para que aprendamos todos a manejar nuestros niveles de tolerancia y a desarrollar actividades que promuevan la armonía familiar.

Hace unas semanas le comentaba a un alto funcionario federal, sobre la necesidad de que el Fondo de Cultura Económica, promueva la donación de libros para que las familias encuentren mecanismos que los alejen del estrés que provoca un encierro obligado, en donde lamentablemente “Susana Distancia”, es imposible que exista.

 

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