Pita Amor, ¿en la gloria?

En uno de tantos epitafios que escribiera para sí, la poeta mexicana Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein (1918-2000), Pita Amor, sentenció triunfal: “Es tan grande la ovación / que da el mundo a mi memoria, / que si cantando victoria me alzase en la tumba fría, / en la tumba fría me hundiría / bajo el peso de mi gloria”.

Este 2020 se cumplen 20 años de la partida de la “Undécima musa”, como la bautizara Salvador Novo, y la pregunta es pertinente: ¿su legado la mantiene en la gloria de las letras mexicanas?

El recuerdo de su carácter excéntrico, su personalidad furiosa, frágil, loca y arrebatada, sobre todo en sus últimos años, parece imponerse sobre el aprecio de su pluma, de la cual emanaron libros como Puerta obstinada, Círculo de angustia y Más allá de lo oscuro.

“Es una mujer que tiene, sin duda, su lugar en la literatura mexicana, aunque muchos se lo hayan querido negar”, comenta en entrevista Beatriz Espejo.

“Pero su terrible vejez, su estancia por la Zona Rosa dando bastonazos, se volvió una especie de leyenda negra que la rodeó siempre y que acabó por convertirla en una mujer interesante, pero en una especie de figura también negativa”, añade la escritora, cuyo ensayo Pita Amor atrapada en su casa concluye: “De tan apabullante, su leyenda contradictoria acabó devorando su obra”.

Es un caso curioso, advierte, por su parte, Michael K. Schuessler, biógrafo de quien yace sepultada en el Panteón Francés de San Joaquín, junto a su único hijo, Manuelito, fallecido al año y meses de nacido.

“Su personaje ha pervivido, para bien o mal, pero la gente no la recuerda ya como una de las mujeres más bellas de México y más inteligentes, por supuesto, sino como una anciana pobrecita, que deambulaba por ahí gritando improperios, insoportable. Esa fue su decadencia”.

Para el autor de La Undécima Musa: Guadalupe Amor, debe reconocerse el derecho de la autoproclamada dueña de la tinta americana, incluso del universo, a ser recordada por su momento más grandioso: una mujer de enormes ojos y labios rojísimos, cuyos recitales poéticos llenaban teatros que se volcaban en ovaciones hacia ella.

“Hay que tomar en cuenta, y esto se ha perdido a lo largo de los años, que Guadalupe Amor fue la poeta (mexicana) más famosa, celebrada, encomiada, desde Sor Juana Inés de la Cruz. No Rosario Castellanos”, destaca Schuessler.

“Una gran poeta metafísica en una época de vanguardias y de nuevas formas de escribir poesía en diversos flancos (...) Ella proseguía con sonetos, décimas, redondillas y todas esas formas heredadas del Siglo de Oro español. En ese sentido iba también contra corriente”.

Lamentablemente, continúa Schuessler, no ha sido fácil para las nuevas generaciones acceder a su obra, pues es poco reeditada, aunque en su centenario, en 2018, el Fondo de Cultura Económica,  lanzó la versión facsimilar de sus Décimas a Dios y una nueva edición de la novela semiautobiográfica Yo soy mi casa.

“Me parece que es alguien que no se lee. Que la leen ciertas gentes que la conocieron, que admiraron su mundo excéntrico y loco, pero los jóvenes no. Probablemente ni sepan quién es”, agrega al respecto Anamari Gomís, escritora que, no obstante, remarca la relevancia de su obra.

“Es importante porque es una voz femenina transgresora. Al mismo tiempo tiene sus diálogos con Dios, y manejó como nadie el arte de la décima, que no es tan fácil. Representó a un México culto y muy avantgarde, de los 50 y 60, y recoge pequeños momentos de esa vida en sus textos de manera extraordinaria”.

Schuessler trabaja actualmente, con Penguin Random House, en una antología que debió ver la luz este año, pero la actual contingencia retrasó su salida.

Aunque la voz de Amor no fenece. Ya en vida se sabía eterno, como proclamó en su Letanía de mis defectos: “Soy perversa, malvada, vengativa. / Es prestada mi sangre y fugitiva. / Mis pensamientos son muy taciturnos. / Mis sueños de pecado son nocturnos. / Soy histérica, loca, desquiciada; / pero a la eternidad ya sentenciada”.

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