México es de los Mexicanos (Arena suelta)

Este primero de septiembre, como ha ocurrido durante los últimos gobiernos, el titular del ejecutivo federal ofreció un mensaje a la nación, con motivo de su segundo informe de labores, en el que no se escuchó que hiciera alusión a temas delicados, como: la manera en la que se han referido de manera constante él y sus colaboradores, al pueblo de México, y es que somos muchos los que esperábamos una disculpa del jefe de Estado, por decir que la pandemia “nos vino como anillo al dedo; por el tuit de su esposa Beatriz, echo el primero de julio del año en curso, en el que escribiera, “No soy médico, a lo mejor usted sí, Ande, ayúdelos”, o por la declaración en la columna de su subsecretario de gobernación Ricardo Peralta, en la que, haciendo referencia a los opositores o posiblemente refiriéndose a los movimientos sociales, dijo que “A chillidos de marrano oídos de chicharronero.

Se pudieran considerar sólo como meras declaraciones públicas, pero cuando tienes envestidura presidencial y dices privilegiar el amor antes que el rencor, y besos y abrazos antes que castigo a los infractores, entonces, no hay congruencia y se nos olvida que antes de querer en los cargos públicos a administradores, se exige que sean verdaderos seres humanos, poseedores de la sensibilidad que cada caso exige, especialmente cuando nos referimos a temas como la salud, la seguridad, los derechos de los niños con cáncer.

Si anotáramos las fallas o errores que ha tenido  el gobierno federal a través de sus “apóstoles”, llevaríamos un avance significativo, iniciando por Paco Ignacio Taibo II, que en febrero del 2019, se retirara de las actividades organizadas en el lanzamiento en Mocorito Sinaloa, de la estrategia nacional de lectura diciendo “voy a mear”, dejando entre ver su riqueza de lenguaje y la importancia que le daba al encuentro, al actuar por impulso y desplante antes que como se espera lo haga un hombre o una mujer que lleva las riendas del Fondo de Cultura Económica, agregado a lo que dijera un año antes (noviembre de 2018), debido a que por ser Español de nacimiento, estaba impedido para ocupar el cargo que hoy ostenta y al lograr una reforma que le beneficiaba mencionara las finas palabras “se las metimos doblada, camarada”.

Es preocupante que el apasionamiento este unido a la ceguera y la sordera del presidente de la Republica que, cada que habla de los adversarios, se refiere a ellos de manera despectiva, así como consecuentar los que siguen su ejemplo, desde dentro de su gabinete hasta los seguidores, que para defender a la denominada cuarta transformación actúan con resentimiento social y algunas ocasiones hasta con dolo.

Es falsa la idea que el pueblo deba defenderse del mismo pueblo, actuar en todo momento, considerando que a México lo conforman buenos y malos, o fifís o chairos, es una idea tan cerrado que impide que exista diálogo y pluralidad. No tenemos por qué estar del todo en contra, pero tampoco enajenados.

¿De que sirve que se esté por superar el medio millar de mañaneras, si es el mismo discurso todos los días, si no hay corrección del guion y la letanía, se repite? Valdría la pena que el gobierno y sus colaboradores se detengan a autoevaluarse y replantear su estrategia de comunicación para evitar seguir dividiendo al país y generando conflictos.

¿Cómo podemos creer en la transparencia cuando se está llevando a cabo una rifa de un avión pero el premio no es el avión? o ¿Cuándo se abre al público la residencia de Los Pinos para que las quinceañeras se vayan a tomar sus fotografías en las mismas escaleras en las que la ex primera dama se retrataba, pero que lo que expone son los excesos de unos y las penurias de otros, haciendo notar las desigualdades y la brecha de los pobres y los ricos, como  si el objetivo fuera generar fricción y discordias entre pobres y ricos?

Hablando de lo que fue la Residencia Oficial de Los Pinos, vale la pena señalar que con la extensión territorial que tiene y el poco uso que se le da, considerar siquiera el destruir el jardín botánico con el que cuenta y el orquidiario, para erigir un nuevo complejo sólo evidencia la voracidad de la persona a la que se le asignara la obra y la falta de apreciación e interés en el patrimonio biocultural del país

Alguien tiene que decirle al presidente y a su equipo que el territorio nacional: sus edificios, los parques, bosques, jardines museos e instituciones no son de su propiedad, sino de todos los mexicanos, porque el interés que debe prevalecer es el general y no el particular.

 

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