"Por desgracia, el ser humano es experto en oportunidades perdidas": Juan Villoro

Lo más cercano que Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) ha estado de un examen extraordinario es su nueva antología de cuentos. Sin más unidad de medida que la memoria, el narrador y cronista, seleccionó algunos de sus relatos más significativos de los últimos treinta años.

Consciente de que corresponderá al lector determinar si aprueba o no, Examen extraordinario (Fondo de Cultura Económica/Almadía), es además de un recuento, el pretexto para hablar del volumen, literatura y por supuesto de la pandemia, periodo que ya lo marcó y no de la mejor manera.

¿Alguna vez te fuiste a un examen extraordinario?

No y me da pena, creo que es una experiencia que vale la pena vivir. Siempre me ha sorprendido que la palabra extraordinario se use para un examen. A la gente de otros países les parece extraño que en México la última oportunidad para pasar una materia reciba ese nombre. Tampoco hice acordeones a pesar de que me parece un género literario muy parecido al cuento porque implica mucho estudio y saber sintetizar un tema.

¿Reescribiste algún cuento para el libro?

No, quise ser fiel al trabajo realizado. Solo incluí dos cuentos inéditos. Tampoco quise ponerme demasiado analítico. Un autor escribe mejor de los demás que de su propia obra. La única manera legítima de recuperar estos relatos era acudir a la sinceridad de la memoria, es decir a aquellos que recordaba con más fuerza.

En alusión al título y al momento, en el libro escribes que en México relacionamos lo grave con lo extraordinario.

Sin duda, pero también es una maravillosa oportunidad para replantearnos cosas. El ecocidio que sufre el planeta nos ha llevado a un límite. Algunos científicos proponen que a esta era geológica se le llame Antropoceno para denotar el papel pernicioso que ha tenido el ser humano. El virus forma parte de este mundo interconectado y contagioso pero incapaz de responder con unidad a problemas sanitarios. Por desgracia el ser humano es experto en oportunidades perdidas.

¿Cómo has llevado esta pandemia?

Al principio bastante bien. Comenzó mientras daba clases en Estados Unidos y decidí regresar para estar con la familia. Allá el aislamiento era extremo, salvo los muchos vagabundos que viven en San Francisco la gente se metió en casa convirtiendo la ciudad en tierra de zombis. En México el confinamiento es un lujo que no todos se pueden permitir. Mucha gente necesita salir porque la peor pandemia es el hambre. Mi regreso me sirvió para cumplir la cita muchas veces demorada con la escritura. Los autores nos quejamos de la falta de tiempo, pero también nos saboteamos para hacer otras cosas. La pandemia acabó con los pretextos y los primeros meses estuve volcado a la escritura y la lectura. Al tiempo también caló la preocupación por quienes pierden trabajos, se enferman y la propia fatiga del enclaustramiento. Pero por ahora no queda más que trabajar mentalmente para seguir adelante y escribir.

En la introducción del libro escribes: “el principal combustible del arte es la inseguridad”.

Inevitablemente todas las cosas que nos gustan nos ponen nervioso. La frase “torero sin miedo no es torero”, suele ser recitada por los actores antes de entrar a escena. Saben que todo intérprete se pone nervioso antes de encarnar a un personaje y su talento consiste en la reconversión del nerviosismo en una aparente seguridad escénica. Escribir implica dudar y ponerse en tela de juicio. Hoy todos estamos en esa tesitura y ante un enemigo invisible que no sabemos cuándo pasará. Es una situación muy cercana a la que se ha imaginó Buñuel en El ángel exterminador o a las historias de aislamiento que ocurren en islas desiertas. La pandemia enfatiza muchas cosas imaginadas desde la literatura.

Autores como Camus han advertido que si necesitamos de una tragedia para cambiar es que tenemos un problema de origen.

Tienes razón, lo dice Camus en la última página de La peste. El ser humano solo cuando está arrinconado concibe ciertas respuestas y esto tiene que ver con las condiciones mismas de la supervivencia. En la comodidad nos relajamos, pero basta que haya algo urgente para idear algo nuevo y extraer lo mejor de nosotros mismos.

En alguna de las conferencias impartidas en estos meses has rescatado la importancia de la imaginación.

Hemos soportado el tedio, la desesperación y la zozobra del encierro gracias a la posibilidad de representar el mundo; a divertirnos con los memes, a recitar poemas, cantar o leer libros. La imaginación ha demostrado su importancia en nuestra constitución como sujetos. Por eso me parece agraviante que algunos gobiernos cuando hablan de la recuperación se refieran nada más a lo económico e ignoren lo educativo y lo cultural. El ser humano no vive solo en una dimensión material. Necesita soñar, ilusionarse y pensar. En Los hermanos Karamazov, Dostoievski recuerda el pasaje de Jesús cuando dice: “no solo de pan vive el hombre”. Lo importante es que el hombre con su libre albedrío conciba la fe, no que sea obligado a tenerla. A través de esa parábola se nos dice que lo que define al ser humano es la libertad de elegir y esa libertad es cultural. El pan no basta, requiere de la imaginación para que sea sabroso.

Aunque a nivel global la cultura se ha visto particularmente afectada.

Tienes razón. Necesitamos condiciones materiales de existencia y la economía es fundamental, pero lo espiritual es igual de importante. En la Segunda Guerra Mundial, Churchill dijo: “¡Me pueden para que diablos hacemos la guerra sino es para defender nuestra cultura!” En otro momento también señaló que Inglaterra ganó porque no cerró los teatros durante los bombardeos. La fuerza de la cultura es esencial para una sociedad, pero esto no siempre se entiende. Actualmente muchos mandatarios lo tienen desterrado. Confucio decía: “necesito arroz para vivir y flores para saber que vivir vale la pena”.

¿En México se entiende?

Es una situación muy compleja. Creo que de manera apropiada desde el principio las autoridades sanitarias entendieron el confinamiento no podía ser obligatorio. España, Francia o Italia, son países de clases medias y se lo pueden permitir. Otras naciones con notables índices de equidad social como Corea o Singapur pudieron hacer pruebas individuales. No podemos compararnos con ellos. Según datos de Coneval el 40 por ciento de los mexicanos viven en la pobreza y es posible que la cifra aumente con la pandemia. Además, para muchos estar en casa implica compartir un cuarto con seis o siete personas en condiciones inaceptables. No podemos olvidar que el deterioro del sistema de salud público viene desde hace muchas décadas. De repente mucha gente se convirtió en epidemióloga y opina con toda libertad al respecto, pero es una situación difícil de enfrentar. En este sentido, la respuesta de la sociedad civil fue importante porque inició una reclusión antes de que la recomendara el gobierno.

Giorgio Agamben o Bernard-Henri Lévy han cuestionado la facilidad con aceptamos el confinamiento, mientras que en Alemania los negacionistas aumentan su presencia. ¿Qué piensas de estas manifestaciones?

Agamben es uno de los filósofos más importantes de nuestro tiempo, pero claramente se equivocó y minimizó la pandemia. Habló del Estado de excepción y desde luego el coronavirus permite que haya mayor control sobre nosotros producto del tecnopolio que ya padecemos. Desde luego la dependencia progresiva de los aparatos y la realidad virtual nos convierte en rehenes de sociedades autoritarias. Ya sabemos que la principal mercancía del planeta son los datos personales. Sin duda es necesario estar alerta al respecto, pero tampoco podemos hacer a un lado los efectos del virus. Me parece que están en un error quienes prefieren salir a la calle y correr el riesgo de contagiarse o contagiar a otras personas en aras de una libertad mal entendida y sin límite alguno. Una de las paradojas de la libertad es que siempre debe ser relativa y no vulnerar al otro. Toda libertad está acotada por límites.

¿Ha cambiado en algo tu forma de ver las cosas a partir de la pandemia?

Yo creo que a todos. Ahora soy sordo del oído izquierdo. Una enfermedad repentina producto de un virus, no necesariamente Covid-19, me dejó un padecimiento llamado tinnitus. Es un mal menor pero siempre lo relacionaré con este periodo. En lo positivo, me ha permitido escribir muchísimo y concluir varias obras. Todos hemos contribuido a la contaminación excesiva del ecosistema y esta es una oportunidad para replantear nuestra relación con el planeta. El problema es que la esperanza no es una realidad tangible, se construye entre todos. Es momento de darle importancia a proyectos como los de los pueblos originarios quienes desde hace mucho han reclamado una vida en equilibrio con la naturaleza.

 

Otros Medios:

https://www.milenio.com/cultura/literatura/estamos-en-tierra-de-zombis-juan-villoro

https://www.eluniversal.com.mx/cultura/el-acordeon-un-genero-literario-pero-clandestino-juan-villoro

 

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