El futuro del libro tras la tormenta perfecta

Superados ya los momentos más negros de la pandemia, es hora de hacer balance de cómo ha quedado todo tras la tormenta perfecta sufrida por el sector editorial. Después de semanas de librerías cerradas, ventas en caída libre y publicaciones detenidas, y tras la cancelación de ferias y eventos, el mundo del libro español muestra un prudente optimismo sustentado por los lectores, a quienes editores y libreros agradecen una respuesta tan excepcional como las circunstancias. Así lo destaca Miguel Aguilar, editor literario de Penguin Random House, que asegura que “desde la reapertura de las librerías los lectores han respondido y el consumo de libros está en cifras muy saludables aun sin Sant Jordi y sin Feria del Libro de Madrid”.

También la editora de Salamandra, Sigrid Kraus, que se muestra “sorprendida con lo bien que están yendo las cosas a pesar de todo. El verano ha ido muy bien y el otoño ha empezado de forma espectacular con la nueva novela de Pierre Lemaitre que ya estamos reimprimiendo”. A juicio de Enrique Redel, editor de Impedimenta, “esta experiencia ha demostrado que el mayor temor del sector, que los lectores se desanimaran y eligieran otras opciones de ocio, no se ha hecho realidad. Al contrario, el libro se ha convertido en un valor refugio para invertir tu tiempo y energías. Una vez reabiertas las librerías, el paso por caja está siendo mucho más alto que el año pasado y sostenido desde mayo”.

En cambio, para Manuel Borrás, creador de Pre-Textos, la pandemia ha puesto de relieve un problema que venía de lejos, y que pocos aceptaban, la sumisión a la “cultura al espectáculo. Nunca la prensa fue tan cobarde ante los hechos culturales de verdad”. Y lo que es peor, insiste, “seguimos embelesados por la novedad antes que por la verdadera excelencia. Por eso la supervivencia del editor literario es más necesaria que nunca”.

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«La sobredimensión de oferta de los grandes grupos nos está expulsando a los independientes de las librerías». Javier jiménez

Otros pequeños editores también se sienten acorralados por los grandes grupos y sus lanzamientos, de Rosa Montero a Ken Follett, al punto que Javier Jiménez, editor de Fórcola, destaca que son ellos, “los independientes”, el verdadero eslabón frágil de la cadena. «La sobredimensión de la oferta de los grandes grupos, que no se ajusta a la demanda real, nos está expulsando de las librerías. La de las grandes editoriales no es una lucha por ofrecer los mejores libros, sino por conquistar y mantener el hueco en las mesas de novedades, expulsando a la competencia. Sólo nos queda resistir».

Pero lo asumen, porque a fin de cuentas, la resistencia forma parte de su ADN, pues como dice Phil Camino, responsable de La Huerta Grande, es ley de vida para los sellos pequeños estar “en peligro frente al grande”. Y eso que en su caso la avalan las buenas ventas de estos últimos meses: “Sí, se hizo un buen trabajo para relanzar títulos que se habían quedado en un limbo. ¡Los buenos libros necesitan tiempo! Si algo tenemos a nuestro favor los pequeños, es que tenemos menos presión y podemos manejar mejor nuestros ritmos. Pero claro, no podemos dejarnos morir”.

Aperturas y cierres forzados

El sentimiento de optimismo, de resistencia, es compartido también por el eslabón más débil de la cadena editorial, los libreros, que, quizá por ello, barnizan sus opiniones con algunos peros. “Las librerías independientes resisten, especialmente las que tienen a su alrededor una ‘comunidad de lectores’ construida desde hace años”, apunta Paco Goyanes, de la librería Cálamo de Zaragoza. “Ahora bien, nada puede borrar las pérdidas acumuladas por casi tres meses de cierre y por la cancelación del Día del Libro y las diversas ferias. Sin los ERTES, las ayudas a los autónomos y el acceso a los créditos ICO la situación hubiera sido catastrófica”.

«Sin ERTES, ayudas a autónomos y acceso a créditos ICO la situación de las librerías hubiera sido catastrófica». Paco Goyanes

Pronto le parece a Rafael Arias, de Letras Corsarias, “para lanzar una conclusión, porque no hay unas cifras reales, lleva meses conocer los números fiables de un libro y cómo ha funcionado”. Sin embargo, el librero afirma que una nota positiva es que “la situación también ha servido para que por una vez los distintos engranajes de la cadena hayan funcionado al unísono. Tanto editores como distribuidores como libreros han trabajado conjuntamente para intentar atajar las pérdidas económicas de la manera más razonable para todos”. Algo que se ha traducido “en unos meses de buenas ventas. No recupera todo lo perdido, pero lo atenúa”.

Sin embargo, hay quien no ha tenido más solución que cerrar, y, como Camino, también dueña de la librería Los Editores, aprovechó la cuarentena para acabar con la pesadilla en que se había convertido su establecimiento, un “espacio maravilloso que hacía agua por todos lados”. Otros, en cambio, han mantenido vivo su sueño o incluso han abierto locales tan ambiciosos como Taschen Store. Su responsable, Jesús Martinell, recuerda que Taschen llevaba años buscando un local idóneo hasta encontrar la antigua mercería en el Barrio de Las Salesas de Madrid en la que hoy se ubica. Y sí, “aunque no ha sido fácil abrir en el contexto de una pandemia, aquí estamos. Y venimos para quedarnos”, quizá porque “la acogida de los madrileños ha sido espectacular”.

Por otra parte, está claro que estos meses han traído grandes cambios, especialmente en cuanto a programación editorial y al uso de lo digital para promociones, ventas y hasta ferias. Pero lo que no resulta tan obvio es que estas novedades se mantengan. Por ejemplo, los grandes sellos han bajado el pistón, posponiendo novedades a un ritmo parejo al tiempo de cierre de las librerías, lo que en Penguin se traduce, según Aguilar, en un 25 %. Redel, por su parte, asegura que su plan de novedades “ha adelgazado de cara a final del año, de 27 previstas a 23. Somos conscientes de que el librero, por mucho que la demanda se haya mantenido en cierto modo, está más cauto, y preferimos seleccionar”.

«No hay que confundir lo digital con algoritmos. La venta digital ha llegado para quedarse y añorar los viejos tiempos no ayudará». Rafael Arias

Aun así, los libreros se quejan de que este año la rentrée parece tener una mayor concentración si cabe. ¿Quizás cierto miedo a lo que esté por venir? «La disminución de novedades es algo que reclama todo el sector, desde el primer autor hasta el último lector sabemos que hay más libros de los demandados. ¿Hace falta frenar? Por supuesto. ¿Se puede frenar? No lo sé”, reconoce Arias. Goyanes, por su parte, se teme que no se dará esa ralentización, porque «a las editoriales, especialmente los grandes grupos, les resulta imposible sustraerse a esa realidad ya que sus estructuras no están ni pensadas para otros supuestos». Sin embargo, para Fórcola y el resto de editoriales independientes, este reajuste supone algo más. “Nuestro objetivo no es salvar el año, como los grandes grupos, sino que nos jugamos nuestra supervivencia. El optimismo es un lujo que un pequeño editor no se puede permitir, el mercado se ha hecho aún más reducido y difícil”.

El mundo digital ha tratado de paliar estos problemas con encuentros, charlas, presentaciones y ventas. Aquí también hay dos bandos enfrentados. El editor entiende que “la imposibilidad de celebrar actos y presentaciones nos impide contactar con nuestro público, pues las redes apenas suplen ferias como la de Madrid”. Otros, como Aguilar, ven en cambio claro que “la promoción ha virado de modo irreversible a modelos digitales”. Una actitud que aplauden libreros como Arias, que defiende que “no hay que confundir lo digital con los algoritmos. La venta digital ha llegado para quedarse y añorar los buenos y viejos tiempos no nos va a ayudar”.

Objetivo 2021

«El mayor problema es la desaparición del mercado latinoamericano, que fue el que nos salvó en la crisis anterior pero ahora no estará». Sigrid Kraus

Otra de las claves del futuro del sector es el mercado hispanoamericano, de ahí que el presidente de la Federacion de Gremios de Editores (FGEE), Miguel Barrero, nos confirme que este año Liber se celebrará del 27 al 29 de octubre eliminando el salón de expositores, los ciclos de conferencias (presenciales) y buscando alternativas digitales. “Mantener Liber es fundamental y más en un año donde las exportaciones y las relaciones con los clientes internacionales se han visto seriamente afectadas. Ante la dificultad para viajar desde Latinoamérica, ofreceremos soluciones digitales que multiplicarán el número de asistentes”.

Ante este incierto panorama y sin cifras oficiales de facturación, que ni editores ni libreros se atreven aún a adelantar, el optimismo es comedido, aunque observan el futuro con entereza. En Salamandra, Kraus asume que “al menos el primer semestre del año 2021 seguirá siendo duro. Como muy pronto podemos esperar una mejoría de la situación en el segundo semestre del 2021”, explica, a la vez que confirma que “el mayor problema es la práctica desaparición del mercado latinoamericano. En la crisis anterior nos salvó Latinoamérica, esta vez no podemos contar con esto. Tendremos que ser muy flexibles y apoyar al máximo a los libreros”.

«En la FGEE confiamos en que en 2021 la clase política vea al fin el sector editorial y la cultura como un activo básico para el país». Miguel Barrero

Estos, por su parte, se aferran a “ese público empeñado en que sobrevivan las librerías independientes”, a decir de Goyanes, que se define como un pesimista esperanzado. “Por muy resistente que sea el mercado del libro, todo va a depender de cómo salga España de la crisis. Si el nivel de vida desciende abruptamente, todo el sector sufrirá”. Otros, como Borrás, fían sus perspectivas a que “sobrevivan lectores desprejuiciados, el hombre común, el buen ciudadano y a que, permítaseme incluirlos, haya buenos maestros”.

Fórcola, a su vez, reclama “el apoyo decidido del Ministerio de Cultura, vía Ayudas a la Edición y otros mecanismos. Sin esto veo muy difícil afrontar el futuro para las pequeñas editoriales, las que aportamos diversidad y calidad frente a una oferta mediocre y monocorde”. Mientras, para la FGEE las perspectivas para el 2021 son, según Barrero, “volver al ritmo de crecimiento que llevábamos en los últimos cinco años, recuperar las cifras de exportación, ganar lectores y contar, por fin, con un Pacto de Estado por el Libro y la Lectura. Por pedir: que la clase política vea al fin el sector editorial y la cultura como un activo básico para el país”.

Al final, todo se reduce a que, como recuerda Redel, “no hay razones para el pesimismo. El panorama planteado al inicio de la pandemia, con las librerías cerradas y un horizonte incierto, era demoledor, pero finalmente no fue tan negro”. “Se ha demostrado que los lectores han vuelto a reenganchar con el libro de modo militante, y eso nos da bastante tranquilidad. No obstante, la consigna, como siempre, es la de la precaución. Y la paciencia”.

 

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