"No siempre lo peor es cierto"

 “Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación.” Amin Maalouf (Líbano, 1949).

La frase que tomo como título de este artículo, la encontré por primera vez en la gran comedia de PEDRO CALDERON DE LA BARCA (Madrid, 1600) “NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO” en la cual, con el tono propio de la época y yendo más allá de la típica comedia de capa y espada, destaca la importancia de conocer la realidad antes de juzgar y actuar en consecuencia, sin dejarse llevar por las meras apariencias.

Pero del libro que hoy quiero darles noticia, de igual título, es de la historiadora y académica CARMEN IGLESIAS CANO (Madrid, 1942): “NO SIEMPRE LO PEOR ES CIERTO. ESTUDIOS SOBRE LA HISTORIA DE ESPAÑA” (E. Galaxia Gutenberg, 2008). En él, la autora aglutina diecinueve estudios y  tres apéndices, con títulos tan sugerentes, entre otros,  como: “España desde fuera”, “Educación y pensamiento”, “España-Francia: Espejos y paradojas en el siglo de las Luces”, “El drama de los afrancesados, patriotas y traidores”, “Fines de siglo y sentimiento de crisis, 1898, imágenes y realidad”, “La transición democrática en España (1975-1978)”,  “Elogio de la concordia” o “Utopía e historia”

De su extenso e intenso contenido (851 páginas sin contar las notas), quiero destacar algunas ideas, cuales son:

La enseñanza histórica bajo el franquismo a través de manuales y propaganda de la época, constituyó una brutal distorsión de la historia; pese a la suerte de contar con el esfuerzo de una parte del profesorado de los excelentes institutos públicos y universidades.

La visión negativa de la historia se ha mantenido en amplias franjas del imaginario colectivo, ya en la democracia. Se califica toda la historia de España, como una sucesión aberrante de épocas disparatadas, con una clara visión decadente del pasado, que atribuye la situación lamentable del presente a los errores de un pasado siempre negativo.

La descalificación de la realidad, en la que todo contratiempo se ve como síntoma de decadencia. Como decía JOHN ELLIOT, (Reading, 1930) “en España siempre se espera lo peor, siempre con pesimismo”.

La pereza abandonista de las propias élites españolas, que evitan el esfuerzo y la energía de buscar soluciones. Somos un pueblo cuyas élites han interiorizado la “leyenda negra” del pasado, de modo que con “complejo de inferioridad” se pretende echar las culpas al pasado, para eludir los fracasos del presente y renunciar al futuro.

La historia como ciencia tiene como función primordial “mantener abierto el futuro” (KARL POPPER, Viena, 1902, “CONOCIMIENTO OBJETIVO”, Editorial Tecnos, 2007).

Para los historiadores, España no es ningún enigma histórico ni un problema metafísico irresoluble, ni representa la historia de un fracaso siempre continuo.

El pacto constitucional de 1978:

Superó dos defectos que habían lastrado nuestra historia contemporánea: el común irrespeto a la ley y el débil sentido de comunidad.

Se basó en la concordia, en sentido apuntado por ARISTÓTELES:  empieza por ver al discrepante no como enemigo sino como adversario, continúa con “una amistad civil”; y solo puede tener verdadero sentido en un estado jurídicamente igual para todos, en el cual la justicia pueda existir de verdad.

Se fundó no en el “olvido pasivo o amnésico y distorsionador de la realidad” (“caer en el olvido”), sino en “un olvido activo” (“echar en el olvido”) que saldó la cuenta con el pasado, a fin de acabar con una espiral de violencia, y abrir el futuro. En frase de REINHART KOSELLECK (Görlitz, 1923) “se olvida la deuda, pero no los hechos, en los que se precisa la terapia de la memoria para curar la capacidad destructora de los recuerdos”.

Comprendió la realidad. Precisamente porque se tenía muy en cuenta el pasado y la memoria de la Historia del ajuste de cuentas de algunos momentos del siglo XIX y 1936, fue posible el hecho histórico de la Transición.

El dilema esencial fue Dictadura – Democracia; más que Monarquía – República. Y el resultado fue una “verdadera ruptura” con el régimen anterior.

En resumen: “El éxito nunca es definitivo. Naturalmente, tampoco el fracaso”.

En mi opinión, es esencial conocer las notables diferencias entre historia, memoria, relato y propaganda. Tal y como aprendí de mi buen amigo PEDRO PAREJO, catedrático de Instituto en Historia de España; con quien comparto el gusto por la historia y a quien debo, precisamente, la lectura del libro de CARMEN IGLESIAS, que hoy recomiendo.

En mi artículo anterior, me comprometí a enseñarles “mi caja de herramientas”; y, aunque no está completa si puedo mostrarles algunos de sus elementos, como son:

1ª.  “Trabajar el pasado” con valentía y honestidad, como auténtico entrenamiento moral, a fin de construir el futuro, sobre una memoria compartida.

2ª. “Reelaborar la memoria individual” de manera crítica con la aportación de los historiadores, como tarea constante y propia de una sociedad libre y respetuosa con los derechos individuales de sus ciudadanos.

3ª “Educar en el conocimiento de la historia” como relato razonado, muy diferente de la memoria subjetiva (dependiente de nuestras experiencias), del recuerdo emocional y de la nostalgia (no es memoria, porque el pasado al que se refiere permanece en el tiempo congelado, como mero recuerdo de una perfección, que como tal nunca existió”).

4ª “Construir una sociedad abierta que nunca pierda el principio de realidad”: Decidir qué se refuerza en la histórica y qué se difumina en el olvido oficial es un dilema que solo se soluciona en los regímenes totalitarios, pero nunca en sociedades libres, abiertas y democráticas. Así lo hizo el franquismo y aún estamos pagando las consecuencias.

5ª “Trabajar la adecuada utilización de la “palabra”, entender la importancia de “sopesar bien las palabras para pensar bien el mundo” y “utilizar un lenguaje que no cierre el debate, sino que lo abra”: “concordia”, “piedad”, “justicia” y “amistad civil”.

No me resisto a concluir mi recomendación de hoy, sin recordar, a dos autores, a saber:

1º) GEORGE F. KENNAN (Milwaukee, 1904) y su “política de la contención”. En particular cuando tras el colapso del régimen comunista por antonomasia, U.R.S.S. dijo a sus compatriotas: “¡Que no se nos olvide por qué hemos peleado! ¡No podemos seguir tratando a nuestros enemigos de ayer como si fueran a seguir siendo enemigos para siempre!” Sin embargo, por mucho que insistió que humillando a los rusos solo se conseguiría favorecer el auge de las corrientes nacionalistas y militaristas; y, con ello, entorpecer el avance del país hacia la democracia; no fue escuchado. (AL FINAL DE UN SIGLO. REFLEXIONES 1982-1995, Editorial Fondo de Cultura Económica 1999).

2º) FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR (Bilbao, 1942) “España no es una abstracción ni un mero trámite legal cumplimentado en 1978, ni tampoco un vulgar caparazón institucional creado por la política expansiva de Castilla. Es fruto de una larga tradición. Somos griegos e íberos, fenicios y romanos, godos y árabes, judíos y cristianos. Somos también americanos, descendientes de una historia rica y diversa”. (Y CUANDO DIGO ESPAÑA, TODO LO QUE HAY QUE SABER, Editorial Arzalia, 2020).

Queridos lectores, nunca damos marcha atrás, nunca recuperamos el entorno material o mental de una época anterior. El avance del tiempo nos hace penetrar continuamente en zonas nuevas, mal exploradas, con pocas señalizaciones y que no se parecen sino en apariencia a aquellas por las que transitaron las generaciones anteriores. Pero los “hechos históricos” que marcan el devenir de los ciudadanos, nos enseñan que siempre hay opción. Y la elección hoy está en nuestras manos; no debemos limitarnos a observar la pereza abandonista de algunas de nuestras élites, o las cadenas de odio que algunos pretenden colocarnos.

El escenario del teatro fingido está parcialmente derruido y el resto muestra la desnudez de su mentira; mientras en la realidad esforzada de nuestras vidas y la voz que alzan nuestros jóvenes de edad cualquiera, está la opción posible de un futuro, desde el presente incierto, pero sin duda compartido. Quince días son pocos para ver su crecimiento. Por eso seguiré “trabajando el pasado” y “reelaborando mi memoria” con otras lecturas, que espero se conviertan en “instrumentos” dignos de figurar en sus “cajas de herramientas”.

 

 

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