Tratado erótico-teológico: Dios, el deseo, lo humano, ¿qué son estas cosas?| reseña

De los más de treinta libros que ha escrito Rafael Argullol, el Tratado erótico-teológico (un relato) es mi favorito porque a diferencia de sus otras novelas (en donde su constante también es el existencialismo), en este libro nos ofrece una alegoría filosófica a través de una narrativa casi poética sobre la constante, caprichosa y a la vez delgadísima línea de seducción que une (o repele) al ser humano con Dios.

“No solo el hombre había sido expulsado del Paraíso, también Dios se había ido, dejándolo abandonado. […] El paraíso permanecía deshabitado y desde entonces nos tentábamos, Dios y nosotros con la posibilidad de regresar. Pero éramos cobardes ante la dictadura del tiempo. Dios nos tentaba: ¡regresad! Nosotros lo tentábamos: ¡regresad! […] Si seducíamos a Dios para que volviera, comprobaríamos que también Él quiere volver”

Mediante la historia de una pareja que decide aprender a dejar el peso de la existencia atrás, y con un lenguaje simbólico inspirado en lo más primitivo y natural, Rafael Argullol nos lleva de la mano, como si de una caminata tranquila sobre la playa se tratara, al proceso de las consolidaciones que crean un pacto y todo lo que significa estar dentro de uno y las consecuencias de salir de éste.

Como este pacto invisible que hacemos con la existencia al nacer.

“Solo valía la pena habitar Falura según las reglas que nosotros mismos habíamos fijado. Su crudeza emana del deseo y en él se justificaba […] Sin embargo, ignoraba si lo creía porque había cambiado de opinión o por la presencia de Anel”.

En una lectura superficial encontramos una fascinante historia de amor, pero creo que en realidad es un gran pretexto, la historia de amor es lo que está acompañando de fondo el alucinante viaje que Rafael Argullol desarrolla sobre el forcejeo que existe en el deseo, en el poder de la ignorancia, la confrontación del desapego y su inesperada amistad con la esperanza, en los procesos de la eterna relación. Porque, aunque alguien o algo no esté ahí, existe en los pensamientos. Existe.

“Dios es el poder sentir al mundo desde sus dos lados”.

En un primer encuentro con este “cotejo” de dualidades como el Uno y el Otro, Dios y nosotros, el Paraíso y la ciudad, el autor nos hace chocar con una agradable alusión sobre la posesión. Tema inevitable. ¿Qué hace que el tiempo se alargue y la paciencia se reduzca no solo en nuestros protagonistas sino también en nosotros?

“Aquella rutina preciosa se quebró inesperadamente cuando Anel no volvió a la ciudad”.

Tomando esa circunstancia como el punto de conflicto en la trama, considero que es un excelente libro para leer cuando se extraña a alguien, o cuando la desesperación nubla los valores con los que te riges en la vida porque, además de ser (como su nombre lo dice) un acuerdo, es un apoyo al recuerdo, que siempre defiende a nuestro ser.

Este relato nos hace ligar que en el recuerdo está nuestra salvación, porque de los recuerdos viene el deseo; desear recordar para tener fe en lo que ya no es, o en lo que podrá ser, puesto que el deseo es el instinto de la fe, es el motor que se esconde atrás de ella para impulsarla.

Tratado erótico-teológico: un relato, es una novela corta porque no hay nada que no importe en todo el texto, es de una brevedad precisa porque cada detalle que el autor trabaja es esencial para disfrutar en su totalidad todos los caminos que ha creado en su mundo.

Cada que vuelvo a leer esta obra, encuentro cosas nuevas y pequeños guiños de lo que seguiré descubriendo en cada línea, nuevas analogías a la filosofía que nos presenta en el propio texto.

“Comprendí enseguida que arrancar el miedo a lo imposible era el último peldaño en el aprendizaje de la esperanza. Ella no volvería, no debía volver, no podía volver.

Pero había vuelto y yo me dirigía corriendo como un loco hacia la playa en su busca”

Tratado erótico teológico, se terminó de imprimir en mayo del 2016 en Barcelona, España por la editorial Acantilado. Es un texto breve por si tienes miedo a leer mucho, es apropiado para todo tipo de público, pero si eres joven, la disfrutaras tanto como yo lo he hecho.

Rafael Argullol (Barcelona, España, 1949) es narrador, poeta y ensayista, catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Pompeu Fabra.

Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los Premios Cálamo (2010) y Premio Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar.

 

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