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Las respuestas de la política educativa VII
Con la estructura del sistema educativo mexicano de trasfondo, intento responder las preguntas que Guorui Fan y Thomas S. Popkewitz plantearon en el Handbook of Education Policy Studies: Values, Governance, Globalization, and Methodology. Más que una entrada, su esfuerzo constituye un ensayo teórico que lanza retos a los autores.
La sexta y última parece antípoda: ¿quién debería formular las políticas y quién es responsable del desempeño del sistema educativo? (la traducción es libre, mas pienso que es fiel al espíritu). La primera parte es normativa, quién debería gobernar; la segunda es empírica y en tiempo presente, quién es responsable. Este quién debe leerse en plural.
En el modelo democrático ideal, la ciudadanía es quien debería gobernar sobre la educación. Sin embargo, como esa posibilidad sólo se dio por corto plazo en Atenas, el artificio que concibió Jean-Jaques Rousseau fue que los ciudadanos ceden parte de su soberanía al Estado para que en su nombre ejerza el poder, garantice su seguridad, organice y les brinde los servicios públicos fundamentales.
Por supuesto, ya en la práctica, este deber ser está mediado por un cúmulo de instituciones que deforman —pervierten, en caso de dictaduras— el gobierno democrático legítimo.
En su sociología de la dominación, Max Weber ofreció otra interpretación sobre la legitimidad de un gobierno con base en su tipología de las tres formas legítimas de dominación: tradicional, carismática y racional burocrática.
Weber argumentó que, en la democracia y el capitalismo, el modelo racional burocrático, que se basa en leyes, reglas y rutinas institucionales, es la forma de gobierno que garantiza continuidad en las funciones del Estado, más allá de los cambios de partidos en el poder y los gobernantes mismos.
A pesar del cúmulo de palabras que contiene el artículo 3ero de la Constitución y las leyes que norman al sistema educativo, perfilan un modelo racional de gobierno en la educación, plantean el quien debería (la rectoría del Estado) formular las políticas: “Pues para la vida cotidiana dominación es primariamente ‘administración’” (Max Weber, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica: 343).
Sin embargo, el sistema de la educación básica sufre de una deformación gigante. Los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación son quienes gobiernan en la cotidianidad. Los fieles a las facciones del SNTE colonizaron la baja burocracia y son quienes designan a buena parte del funcionariado, de directores de escuelas a supervisores y jefes de sector. En no pocos estados controlan las subsecretarías del ramo.
El alto funcionariado, designado por el Presidente en turno, vive en contienda permanente con la burocracia apegada al sindicato.
En la educación mexicana hay un cogobierno, dijo Pablo Latapí; el relator especial sobre el Derecho a la Educación de la Organización de las Naciones Unidas, Vernor Muñoz Villalobos, concluyó que ese hecho constituía una simbiosis atípica.