Enoch Cancino Casahonda

Médico de profesión y poeta por convicción y vocación, Enoch Cancino Casahonda (6 de octubre de 1928 - 2 de marzo de 2010) realizó una obra de gran envergadura. Autor del celebérrimo “Canto a Chiapas”, Noquis -como se le conocía familiarmente- construye su poesía con sencillez y soltura, elaborando paisajes íntimos y ventanas campiranas.

Obtuvo diversos galardones, como el Premio de la Ciudad de México en poesía (1956), Premio Chiapas en Artes (1979) y Medalla Rosario Castellanos (2008), otorgada por el Congreso de Chiapas.

Autor de los siguientes poemarios: Con las alas del sueño (1951), La vid y el labrador (1957), Ciertas canciones (1964), Estas cosas de siempre (1970), Tedios y memorias (1982) y La vieja novedad de las palabras (1986).  El Fondo de Cultura Económica recopiló su obra lírica en 1999 con el título de Ciertas canciones y otros poemas (selección de Elva Macías).

En su obra lírica persiste la sabiduría, el conocimiento del mundo y del interior conflicto humano; además de su expresión cotidiana donde vibra la provincia. Por ello describe con soltura ese mágico instante en que los seres humanos nos recobramos.

Cada poema expresa sapiencia, Sabiduría -con mayúscula: el conocimiento que deviene de la experiencia cotidiana, gracias a la madurez con que observa al mundo y lo construye líricamente.

Como poeta, en su oficio de vate, supo vaticinar su muerte, en la madrugada del 2 de marzo de 2010, como se observa en el poema siguiente:

“Si tengo que morir”   

Si tengo que morir

que sea por marzo.

Y de noche, y de pronto,

y sin un llanto.

Mientras los astros miran sus rebaños y justifican su quehacer amargo.

Y morirme saltando la ventana

en busca de lo fresco y de lo claro,

mientras lo cierto duerme entre las sombras y aún no se anuncia el resplandor del gallo”.

 

 

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