Clarice Lispector, el centenario de una escritora enigmática y fascinante

Poco antes de morir, Clarice Lispector (1920-1977) concedió una entrevista al periodista Julio Lerner. La única que dio a la televisión en sus casi 57 años, murió de cáncer un día antes de celebrar su cumpleaños el 10 de diciembre.

Durante la plática, la narradora de origen ucraniano y que llegó a Brasil a los dos años, recuerda que el crítico Sergio Milliet decía que Lispector debía ser un pseudónimo dado que nadie podía tener un apellido tan “feo”. Es probable que el comentario no le sentara tan mal. Era una mujer dada a envolverse dentro de una personalidad enigmática acorde con una literatura casi siempre abierta a distintas interpretaciones. “Empecé a escribir desde los siete años… sentía que podía vivir en una historia que no acababa nunca”, cuenta en aquella conversación.

La primera novela que Brenda Ríos (1975) leyó de Clarice Lispector fue La pasión según G. H., “es una obra que al principio no entiendes”. No obstante, el clic con la brasileña fue inmediato al punto que decidió dedicarle su tesis de maestría. “Me generó la fascinación que supone un descubrimiento magistral, aunque al final tengas la sensación de no haber entendido todo”. El impacto recuerda Ríos, fue tal que tras estudiarla tuvo que dejar de leerla un tiempo, “sucede lo mismo que con Cioran, si nos clavamos corremos el riesgo de caer en un hoyo profundo”.

La relectura ya fue diferente. “Junto con mis alumnos releí La hora de la estrella y me relajé muchísimo. Fue un reencuentro de una manera más cínica”.

Una experiencia similar es la que tuvo Daniela Tarazona (1975), quien junto con Nuria Meléndez recién publica Clarice Lispector. La mirada en el jardín (Lumen), título donde realiza un viaje a través de las distintas facetas de la narradora. “Mi primera lectura de ella fue determinante”, reconoce.

“Sentí que hablaba de cosas que me intrigaban y producían curiosidad, pero al mismo tiempo de otras que me parecían muy familiares”. Tiempo después leyó La hora de la estrella y el deslumbramiento fue inmediato: “Me fascinó su construcción; el desdoblamiento del narrador; la forma de acercarse a un personaje desprovisto de características y sin adorno. Lo metatextual me intrigó mucho y decidí dedicarle mí tesis”.

En la misma novela, Brenda Ríos encuentra un conqueteo con Tristram Shandy, “Macabea, la protagonista está situada en la negación y a través del nombre la autora hace una alusión al Antiguo Testamento. Hay, además, una alusión al nordeste brasileño, la región con mayores índices de analfabetismo del país”.

La escritora y el personaje

En la entrevista con Lerner vemos a una Clarice Lispector que cigarro en mano da respuestas cortas y evasivas. En un momento declara: “Yo no soy una profesional, yo solamente escribo cuando quiero”.

Brenda Ríos centró el tema de su tesis en la ironía. “Parecía encajar el cuchillo sin escrúpulos. Incluso en El vía crucis del cuerpo, un libro de cuentos que le pidieron por encargo, se nota una burla del proyecto. Algunos relatos son muy pachecos. Nunca llega al sarcasmo inglés o cáustico, se queda en la ironía fina de Machado de Assis, una de sus influencias”.

Reconoce en ella, sin embargo, a una artista que creó un personaje de sí misma. “Tal como lo hicieron Frida Kahlo o María Félix, construyó un halo de misterio. Mientras estuvo la dictadura en Brasil fue a una marcha, pero en realidad nunca se definió ni como feminista ni como intelectual”.

Afirma que le gustaba darle la vuelta al cliché del escritor latinoamericano post boom. “Llegó a irse hacía lo chabacano al hablar de la oscuridad y la brujería. La ambigüedad alimentó su fama. En muchos sentidos, el personaje se comió a la escritora. Me parece que apenas empieza a leerse dentro y fuera de Brasil. Creó un mito y eso supuso un conflicto porque su imagen pudo jugarle contra su literatura”.

Daniela Tarazona, al contrario, defiende la idea de que su actitud era parte de su carácter. “Tenía una sensibilidad y personalidad extraordinaria. Podía parecer contradictoria porque le gustaba publicar y darse a conocer; y al mismo tiempo renegaba de la figura del intelectual, ella misma decía que escribía cuando quería”.

Argumenta que sobre su figura ha predominado una mirada externa que la ubica como una autora diferente, “una escritora que se aproximó a la literatura de una manera única y distinta. Me parece que esa sí ha sido una constante”. Y añade “hay seres humanos que prefieren cuidar y proteger su oficio; no quería que se accediera a su proceso creativo porque para ella era sagrado”.

“Es en sus textos donde deja ver su noción del mundo”, continua Tarazona. “En esa entrevista con Julio Lerner la vemos cansada, contesta con frases cortas, pero abiertas a muchas interpretaciones y que revelaban mucho de sí misma”.

¿Lispector feminista?

La primera crítica y especialista en leer a Clarice Lispector en clave feminista fue la poeta francesa Hélene Cixous, explica Brenda Ríos. “Aunque Lispector nunca se manifestó de una manera explícita en favor del feminismo es verdad que a través de su literatura puedes encontrar una postura. Sus personajes mujeres siempre están en el limbo y en una permanente búsqueda. Creo que al igual que Virginia Woolf y Elizabeth Bishop, no buscó una posición marcadamente feminista. De hecho, no conozco un texto o carta donde lo asuma directamente”.

Daniela Tarazona reconoce lógica en la interpretación feminista en tanto que Lispector escribió mucho sobre las mujeres. “En el grueso de su trabajo encontramos la complejidad de la vida femenina. Revela cuestiones acerca de las emociones, el pensamiento y la condición de distintos tipos de mujeres. Elaboró un universo de significados y en muchas direcciones. Puede leerse desde el feminismo, pero también desde muchos otros lugares como la filosofía”.

Ejemplar en esta dimensión es La pasión según G.H., “su obra cumbre”, apunta Tarazona. “Ahí están casi todas sus inquietudes. Se cuestionó sobre el origen de la vida, acerca de la vida interior, el amor, la muerte, la enfermedad. La fragilidad humana se trasluce en su trabajo. Hizo una maravillosa mezcla entre lo cotidiano y las revelaciones de la sabiduría. A lo largo de sus obras planteó preguntas filosóficas muy altas. Más que la anécdota le importaban las reflexiones que podían desprenderse de algo mínimo. Un efecto similar produce La hora de la estrella, novela que me gusta mucho porque puede leerse desde lo social y lo político o desde el feminismo y lo meta literario”.

Brenda Ríos concluye que en todo libro de Clarice Lispector hay una preocupación ontológica y estética. Desde Cerca del corazón salvaje, título al que califica como “genial” y que la brasileña escribió cuando aún no cumplía veinte años, hasta Soplo de vida y La hora de la estrella, sus últimas obras y donde predomina una síntesis y adelgazamiento del lenguaje. “A lo largo de su bibliografía hay un movimiento y juego constante. Hasta en Aprendizaje o el libro de los placeres, su parodia de la novela rosa y que no es la gran cosa, mantiene su esencia”.

A quienes nunca han leído a la brasileña, les recomienda comenzar por sus cuentos y crónicas reunidas en Revelación del mundo y Descubrimientos, “es mejor comenzar por la orilla, sus textos más claros”.

A propósito del centenario de Clarice Lispector, el Fondo de Cultura Económica anunció que reeditará todos sus títulos y el banderazo de salida lo da la publicación de Cuentos completos, “me parece un acierto la decisión de la editorial dado que sus relatos son la mejor manera de ingresar en su universo”, apunta Daniela Tarazona. Ahí, finaliza, encontramos expresiones asociadas a una multiplicidad de temas. ‘El huevo y la gallina’, es una pieza extraña e inclasificable; en ‘La mujer más pequeña del mundo’, hay una enorme variedad enorme de temas. “Los relatos aportan un bagaje que permite distinguir los recursos y claves presentes en las novelas de una escritora sin duda fascinante”.

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