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La incontrolable marcha de la locura
Abriendo el nuevo milenio, el mundo recibió dos mensajes absolutamente contradictorios, que no terminan por surtir, combinados, sus temibles efectos.
Pero que han sido suficientes como para sumir a la humanidad en el desconcierto y la angustia. En realidad, para permanecer en el marco de la «marcha de la locura» a la que se ha referido con tanto conocimiento y tanta propiedad la historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman en su estudio del mismo nombre [1] como el rasgo definitorio de la cultura y la civilización de Occidente desde La Guerra de Troya, ambos mensajes nos han puesto al borde del abismo de la sinrazón: ha puesto al frente del primer poder religioso de la humanidad al cardenal argentino de la orden de los jesuitas, Jorge Alejandro Bergoglio, quien asumiera el papado con el nombre de Francisco I. Y ha elegido como presidente de la primera potencia mundial al exitoso empresario inmobiliario Donald Trump, un archi conservador norteamericano enemigo acérrimo de los chinos y el socialismo. El aceite con elvinagre.
Ambos personajes, Francisco I y Donald Trump representan los máximos poderes del planeta. El jesuita argentino Bergoglio, fuertemente impregnado de los resabios socialistas del caudillo populista y General de Ejército Juan Domingo Perón y, por lo mismo, enemigo mortal del liberalismo, y al empresario capitalista Donald Trump, epítome del liberalismo manchesteriano, al frente de los Estados Unidos. Así, la fructífera concordia lograda en el pasado reciente por la combinación de Ronald Reagan y el polaco Juan Pablo I, que quebrara la hegemonía y marcara el fin de la Unión Soviética, saltaría hecha trizas.
El tercero en discordia le añadiría leña a la hoguera, creando o difundiendo – aún no se resuelve la incógnita – desde la ciudad de Wuhan, la más populosa e importante ciudad del centro del imperio oriental, definitivamente alineada y enfrentada a los Estados Unidos, la China de Mao, el temible Corona Virus, que ha logrado paralizar por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial al capitalismo norteamericano y poner en cuarentena al resto del mundo, incluidos Europa, Rusia, China y el Estado Islámico. Una combinación de factores perfectamente capaces de dar cumplimiento a la temible amenaza de un Apocalipsis. Sus efectos se han hecho sentir a lo largo y ancho del planeta, difundiendo un temor paralizante que ha destrozado complejos industriales, empresas, laboratorios y toda suerte de medios de producción y recreación del capitalismo liberal. En los Estados Unidos, los efectos se miden y calculan en función de la más grave crisis política institucional de su historia moderna. Ni siquiera la mediación de la Corte Suprema ha logrado controlar el enfrentamiento de Donald Trump con Joe Biden, vale decir, de los dos factores representativos de demócratas y republicanos.
¿Qué pasará ante este grave impasse de las principales fuerzas norteamericanas? Nadie lo sabe. Razón suficiente como para temer lo peor, si antes no se nos clarifica el panorama. ¿Seremos víctimas de la tozudez de las partes en conflicto? Sólo Dios lo sabe.
[1] [1] Barbara W. Tuchman, La marcha de la locura, La sinrazón desde Troya hasta Vietnam, FCE, México, 2001.