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Documentar la violencia para construir la paz
Documentar la memoria histórica de la juventud que ha vivido en contextos de violencia en Sinaloa se ha convertido en la directiva de vida del joven colombiano Julián Almonacid.
En entrevista para EL DEBATE, dijo estar convencido de que las iniciativas únicamente desde el ámbito académico no son suficientes para buscar alternativas para el cambio social.
Julián afirma que quienes estudian la violencia tendrían que declararse como activistas y militantes de paz para tratar de buscar soluciones ante la violencia que se vive, que está arraigada y es pública en el actual México.
El investigador Julián Alveiro Almonacid Buitrago tiene alrededor de un año documentando vivencias de jóvenes en Culiacancito, esto avala su investigación en el Doctorado en Ciencias de la Educación que cursa en la Universidad Autónoma de Sinaloa: «Para llegar a esas realidades en lugares identificados por sus altos índices de violencia lo que fui encontrando es que el vehículo, el medio didáctico, era la memoria, la memoria vivida de jóvenes, cómo interpretan su cotidianidad y cómo a partir de la lectura de esa cotidianidad se pueden construir alternativas de paz».
Culiacancito, comunidad afectada por la violencia del narcotráfico
En el marco de su disertación en el coloquio «Aproximaciones psicosociales a la violencia», organizado en la Universidad Autónoma de Occidente, resaltó que Culiacancito es una comunidad afectada, sobre todo en los últimos diez años, con el tema de la violencia del narcotráfico, pero también con violencia estructural, simbólica, y las desigualdades que vive este pueblo, como todos los del valle de Sinaloa y los de la sierra.
Su investigación se ha desarrollado específicamente en la Escuela Preparatoria 2 de Octubre de esa localidad, donde se dieron talleres pedagógicos dentro de la investigación de campo del proyecto de tesis doctoral de Julián, y a raíz de la cual nació y se consolidó el Movimiento Juvenil por la Paz de Culiacancito, en el cual promueven procesos de pacificación dentro de la sindicatura.
El proceso de investigación de Almonacid responde a un enfoque participativo y colaborativo, donde algunos de los estudiantes que son parte del proyecto se destacan por trabajar en procesos artísticos, deportivos y comunitarios. También involucraron a docentes y estudiantes en encuentros dialógicos y horizontales para rescatar la memoria en los últimos diez años, y a partir de allí poder reflexionar sobre ese pasado para situarse en el presente, y a corto y mediano plazo encontrar alternativas para resolver esos problemas territoriales.
Experiencias de paz
Este proyecto se enmarca en una serie de debates y corrientes sobre la construcción de paz local y comunitaria de los últimos veinte años y muchas herramientas, sobre todo de educación popular, no reconocidas dentro de un campo estrictamente académico, sino más desde los saberes y las vivencias de las comunidades al margen del conflicto.
Parte o la mayoría de estas experiencias compartidas son traídas desde su natal Colombia: «En los últimos treinta años se han liderado muchas iniciativas en zonas afectadas por el conflicto armado y el tráfico de drogas en Colombia, es así que estas comunidades en un proceso de resistencia civil no violenta han creado alternativas de pacificación en los territorios», afirmó Julián Almonacid.
Iniciativas de paz en Michoacán como paradigma mexicano
El investigador colombiano hizo referencia al fenómeno de violencia que se vive también en Michoacán, donde radicó dos años durante sus estudios de maestría: «Allá se han promovido iniciativas muy interesantes de autonomía territorial en la construcción de paz, es el caso de Cherán, donde las comunidades indígenas se organizaron en torno a sus saberes ancestrales y crearon su propia forma de cogobierno a partir de sus propias cosmovisiones y paradigmas, y sacaron tanto al crimen organizado, como al Estado, porque dicen ellos que son los actores que monopolizan la violencia».
Agregó que también se lideró en Tierra Caliente, particularmente en Apatzingán, un proyecto del Fondo de Cultura Económica muy interesante sobre paz comunitaria que involucró a jóvenes, líderes sociales y artísticos y talleristas literarios para reconstruir esa memoria de lo que fue la guerra contra el narco durante la Administración de Felipe Calderón: «Parte de esos modelos los reflexionamos en las aulas en Culiacancito, no solo modelos extraídos desde Colombia, Sudáfrica o Centroamérica que han pasado por escenarios de posconflicto, sino todo lo que se ha hecho desde México».
Identidades juveniles en contextos de violencia
En Sinaloa hay algunos trabajos de los investigadores César Burgos y David Moreno que han hecho comparativas entre jóvenes de Michoacán y Sinaloa, de cómo los michoacanos tratan de seguir sus identidades, ya que las identidades del narcotráfico que se representan a través de los corridos, del cine y las series son transfrontera y se producen desde Sinaloa y se exportan a otras regiones: «En el próximo año me concentraré en tejer todas estas narrativas. En estas comunidades hay un fenómeno de violencias híbridas, se conjugan la violencia estructural, la ausencia estatal, de las instituciones, y está también la violencia del narcotráfico, y todo se mezcla en la cotidianidad», afirmó Julián.
Existe resistencia a la violencia
El joven colombiano sabe que hay investigadores que intentan decir que existe una reproducción total de la violencia por los jóvenes, pero no es así; ha encontrado resistencias, pues hay jóvenes involucrados en instituciones de educación que no quieren seguir el camino de la ilegalidad.
Aunque tengan una vida más humilde y aparentemente más dura, ellos quieren mantener ese arraigo: «Es como si las propias comunidades tuvieran sus propias estrategias de cuidado mutuo y resignificación de la vida y el buen vivir en esos espacios», dice.
Los jóvenes de Culiacancito son muy reflexivos, ellos comparten con otros compañeros involucrados en la ilegalidad y les dicen que reconsideren, que cuáles son las posibilidades de que salgan de eso, dijo que durante el proceso de su investigación han asesinado a algunos excompañeros de los preparatorianos que participan de este proyecto, «esto tiene un impacto emocional en su reconocimiento como víctimas, como sobrevivientes y testigos directos de la violencia», subrayó.
Los jóvenes son agentes de la construcción de paz
Para Julián Almonacid, doctorando colombiano con corazón sinaloense, es muy interesante seguir insistiendo en el análisis de las culturas juveniles no solo para la interpretación de la violencia, sino para ver cómo pueden ellos convertirse en agentes capitales para la construcción de paz: «Aquí lo que está en juego es el destino de su futuro y de la comunidad, lo que hemos estado construyendo es un diseño de paz local a partir de sus propias experiencias, saberes, memorias, algo que es la utopía viable; podemos imaginarnos muchas cosas, pero hay condiciones territoriales que no dejan y que se van a dar a más largo plazo», aclaró.
Activismo por la paz en Sinaloa
De acuerdo con el experto en construcción de paz, en Sinaloa actualmente hay un resurgir, sobre todo en expresiones de colectivos juveniles que poco a poco han estado trabajando en torno al enfoque de género, al reconocimiento de las víctimas: «Es muy interesante lo que están haciendo sobre todo los colectivos feministas, los talleristas y grupos de desaparecidos que creo que están dando mucho en sus repertorios de acción para reflexionar y concientizar sobre la importancia de pensarse el escenario de violencia y desigualdad que vive Sinaloa, pero sobre todo reconstruir alternativas de paz».
Se deben sistematizar los esfuerzos
El doctorando en ciencias de la educación reconoció que hace falta sistematizar todas estas prácticas, no hay como tal un documento, un espacio global que permita identificar cuáles son todas las organizaciones de base que están trabajando: «Me parece que ese diagnóstico es indispensable hacerlo ahora, lo segundo es que no podemos esperar a que las instituciones consoliden sus modelos, y muchas veces con externos a las comunidades, cada comunidad, cada territorio tiene unas condiciones específicas de violencia, son muy distintas las condiciones de violencia que se viven en los pueblos del valle, a los de la sierra o en Culiacán, la capital, aunque parezcan con actores iguales, las lógicas operandi son distintas, creo que cada pueblo, cada comunidad tiene que crear sus propios diseños de paz, y sobre todo involucrando a los internos, a los agentes locales».
Consolidación de la paz desde las comunidades, no desde las instituciones
Almonacid Buitrago entiende que no podemos esperar que los procesos de paz se
consoliden de arriba hacia abajo; es decir, desde el Estado y las instituciones hacia la comunidad, sino cree que más bien se debe buscar que vengan desde abajo hacia otros niveles medios y altos, porque se tiende a desvirtuar.
Dijo que la cultura de la paz no es esto que se habla con cierto romanticismo, que se trata de valores, sino que trasciende esas visiones liberales, muchas veces matizadas con paradigmas colonialistas, euroamericanos, eurocéntricos, pues ve que hay que comenzar a construir desde los saberes populares.
«Las instituciones tienen que abrirse a la realidad, las escuelas como espacios de recuperación de la memoria, pero también de reparación, y sobre todo de construcción de esperanzas en esas realidades marginales, hay que hablar más de una educación comunitaria, una educación popular, y para poder fundamentar una educación con acentuación en derechos humanos, una educación crítica con las realidades que se viven en el territorio», finalizó el investigador.
Comisión ciudadana de la verdad: Julián Almonacid ha sido uno de los pioneros en recopilar testimonios de violencia en Sinaloa en conjunto con el Instituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego.
Movimiento juvenil por la paz: A raíz de la investigación doctoral realizada por el experto
en construcción de paz, se creó el movimiento juvenil por la paz de