Las alucinaciones de Leonora Carrington

No una poeta, observó Octavio Paz, sino “un poema que camina”. “Que sonríe —imaginémonosla en estos días de estridencia y gestos serios—, que de repente abre una sonrisa que se convierte en un pájaro, después en pescado y desaparece”. Una artista, no un artificio hipócrita, que a la manera de su entrañable personaje de novela Marion Leatherby, noventa y nueva años en su espigada figura, cultivó sus placeres y sus deseos, materializándolos en una de las obras mayormente representativas del surrealismo. Un rostro que se acompaña de sueños y vigilias pletóricos de imaginación, y que mediante susurros nos dice ven, abrázame.


Bienvenido abril que llega con Leonora Carrington (1917-2011). En nuevos espacios, nuevas muestras y una de sus obras —literaria— puesta en circulación tras muchos años de ser uno de esos libros tan buscados como no hallados, La trompetilla acústica, donde hay lugar para brujas y hadas, chocolates y mariguana, mitos e historia, impurezas y sueños realizados.


De subrayar lo escrito casi al final de la novela, referente a la aparición en la trama de un ejército “jamás visto en este planeta”, estaría quedándome corto. Ningún entrecomillado, por extendido que sea, podría descollar la riqueza imaginativa de personajes, situaciones, vigilias, sueños, recuerdos, ambiciones, esperanzas, advertencias, tribulaciones, alegrías… que se contienen en La trompetilla acústica (FCE,2018).


“El más extraño ejército” —sí— conformado por “abejas, lobos, seis damas, un cartero, un chino, un arca de propulsión atómica y una mujer licántropo”, que realizará cada una de las operaciones militares destinadas a su razón primordial de existir, y que no adelantaré aquí en demerito de las sorpresas que le esperan al lector.


Alucinante novela que nos cuenta unos no menos alucinantes pasajes de la vida de Marion, quien mantiene la esperanza de realizar “el gran sueño” de su vida sin dejar de lado los “pequeños placeres que todavía la visitan semana a semana: “de noche cuando hay buen tiempo, el cielo las estrellas y naturalmente en todo su esplendor”.


“¿Cuentos de hadas a tu edad?”, preguntará el lector al mismo tiempo que la narración conducida en La trompetilla acústica por la misma Marion. “¿Por qué no? ¿Qué es edad? Algo que no comprendes, mi amor”.


“A veces he pensado en escribir poesía yo misma, pero encontrar las rimas adecuadas es muy difícil, es como conducir una manada de pavos y canguros en una avenida muy transitada logrando mantenerlos juntos sin que se detengan a mirar las exhibiciones de los almacenes”.


Surrealismo exacto.


Agudeza auditiva


Inobjetable demostración de grandeza creativa, sin importar disciplina o género, La trompetilla acústica nos muestra a una Marion confinada en una institución para ancianos, “conjunto que tenía más el aspecto de un castillo medieval que el hospital o la prisión a que esperaba ser conducida”. Lugar donde experimentará los más inverosímiles acontecimientos y establecerá alianzas con personas pares a ella, ayudada en todo momento de una trompetilla acústica, ya que a su edad la agudeza auditiva es poca.


En su nueva residencia, Marion establecerá alianzas en búsqueda de su felicidad hasta descubrir la existencia de un cuadro con la figura de una monja llamada Rosalinda Álvarez de la Cruz de la Cueva, “una rosa es un secreto, una bella rosa es el secreto de una gran dama”, lo que desatará un montón de imprevistos, tan surrealistas como burlescos. Al grado de que las circunstancias en su contra, la llevarán a encabezar una huelga de hambre, al lado de sus aliadas, “seis viejas muriéndose de hambre”.


Alucinación y alquimia, premonición y guiños a la historia reciente, y una fiesta ensoñadora hacen de La trompetilla acústica un gran lienzo surrealista con final apocalíptico, “demasiado extraño para traducirlo en palabras”, a la manera en que observa el desenlace de la historia uno de sus personajes.


En San Luis Potosí


Quien desee acercarse a la obra de Leonora Carrington puede acudir al Centro de las Artes de San Luis Potosí, un espacio conformado por cuatro edificios y un patio central con áreas abiertas en las que se distribuyen esculturas monumentales de la artista, así como 80 salones para ofrecer talleres, exposiciones y actividades del Centro Internacional de Estudio y Difusión del Surrealismo, abiertos desde hace unos meses.


El museo tiene una superficie de 2 mil 500 metros cuadrados. Cuenta con sala audiovisual, talleres, cafetería, tienda, espacios para residencias artísticas, así como espacios de exhibición para albergar un acervo de más de 100 piezas entre obra plástica y escultórica, grabados, bocetos, litografías y objetos personales de la artista, como su viejo caballete. También fue acondicionada la sala Informativa Leonora Carrington que ofrece un acercamiento a la vida y obra de la artista, a través de textos y objetos personales, así como una biblioteca especializada que brindará información y material de archivo, además de enriquecer las actividades de un seminario permanente y un programa editorial.


Leonora Carrington, La trompetilla acústicaFCE, México, 2018.

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