La comunicación presidencial

Sobre este tema mucho se ha comentado en diferentes espacios de reunión; se ha analizado en las oficinas de sus adversarios y se ha puesto como ejemplo en las universidades. El discurso de Andrés Manuel López Obrador, es un discurso sencillo y por ello se le ha adjudicado que no cuenta con las suficientes acreditaciones académicas; es pausado y por ello lo califican de improvisado; siempre cuenta con otros datos, incluso diferentes a los de organismos especializados en diversos temas y por esa razón piensan que recurrentemente falta a la verdad.

En 2018, el Fondo de Cultura Económica publicó La Comunicación de la Admnistración Publica. Para gobernar con la sociedad; título de María José Canel, quien es doctora en comunicación por la Universidad de Navarra y fue galardonada con el Victory Awards por ser una de las 12 mujeres más influyentes en la comunicación política.

En el capítulo que lleva por nombre ¿Qué esperan los públicos de nosotros?, la autora afirma que “una expectativa refleja el juicio que una persona se hace sobre el futuro; es, además un juicio que se apoya en el pasado, en lo ya experimentado; es decir, y acota su comentario citando a J. F. Muth, “una expectativa son predicciones informadas sobre sucesos futuros”, Canel remata, esperar es creer, lo que implica un estado en la mente. Solo se espera algo de quien nos importa.

Situándonos en lo que dice la autora, el presidente conoce muy bien su marco discursivo, usa términos sencillos en un país de gente sencilla, todos los días renueva las expectativas al hacer un balance de lo logrado y le promete más a su base social de apoyo; tal es el caso de las pensiones destinadas a los adultos mayores, las cuales se incrementarán en promedio un 20% cada año hasta llegar al 2024, año en el que se renovará el cargo de Presidente de la República, para situarse en 6000 pesos bimestrales, pero además apuesta por incorporar a más, bajará la edad de las personas beneficiadas; pasando de 68 a 65 años.

Su discurso es preciso cuando hace evidentes los contrastes sociales en un país con profundas desigualdades; por ello, introduce medidas como la reducción de salarios a servidores públicos, recorta sus beneficios y pone topes a las prestaciones a las que tienen acceso. Con estas acciones, el sector que colabora en la administración pública y los partidos políticos de oposición, le cuelgan la etiqueta de populista; pero de acuerdo a Canel, la información que día a día da a conocer el presidente, determina las predicciones de la gente.

En otra parte del texto, la autora señala que hace mucho tiempo que la sociedad habla y no se le escucha; para confirmar esta afirmación hace un recuento del comportamiento de algunas redes sociales; en 2014 Google procesó alrededor de 24 petabytes por día, cantidad que equivaldría a exponenciar en 1000 veces el acervo del material impreso de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos; y para 2016, el mismo sitio web resolvió 5 mil millones de búsquedas al día; se enviaron 500 millones de tuits, lo que equivale a 6 mil por segundo; se subieron 300 horas de video a YouTube; y en Instagram se compartieron 80 millones de fotos diarias. Incluso, hace cálculos y afirma que para este año el volumen del tráfico en internet será 127 veces mayor que en 2005.

Hasta el momento, no existe una figura sólida que le refute el liderazgo al presidente, su oposición no tiene una estrategia clara, ni siquiera copiando el formato existe contra mañanera en la que se le refute la información que presenta todos los días. El excesivo tecnicismo con el que se le quiere enfrentar, reduce las posibilidades de articular un discurso exitoso. Por todo lo anterior, es indudable que la figura del presidente tendrá un gran impacto en el proceso electoral por venir aún cuando su imagen no aparezca en la boleta electoral.

La calidad de quienes contiendan es harina de otro costal.

 

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