La casa de los tres perros

En esta nueva sección “LAS HOJAS DE BABEL” reseñaremos obras literarias del género, que han marcado diversas etapas de la literatura universal.

 

Hoy presentamos con enorme orgullo, una de las novelas de nuestro Goticario Mayor, Agustín Cadena, escritor, en la pluma de la extraordinaria Magda Díaz Morales:

 

En el mundo fantásmico, el agua son lágrimas;
cada gota de agua es una gota de tristeza.
Y la tristeza es lo único que tienen los muertos
para sentirse vivos, aunque no lo estén.

Agustín Cadena

 

Desde el inicio, en La casa de los tres perros tenemos la sensación de estar dentro de una novela que nos abraza. La historia es contada por un narrador omnisciente que nos habla muy de cerca, a veces con ironía, otras emotivamente y otras como si nos dijera un secreto y él mismo fuera uno de esos fantasmas de luz que miran sin ser vistos. Es bellísima esa prosa poética que nos entrega las emociones de los jóvenes fantasmas que habitan en un "edificio de color ladrillo con puertas y ventanas blancas, que tiene en el dintel un mascarón con forma de perro de tres cabezas (aunque las personas poco observadoras dicen que son tres perros) y un llamador de bronce de forma similar en el zaguán". La gente le ha dado al edificio el nombre de “El Tiempo Perdido”; sin embargo, este nombre es sólo el de la pastelería que está en la planta baja ocupando la esquina:

 

 

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