Detalle noticias
Presidenciables
El presidente López Obrador, fiel a su práctica de emplear a profundidad los símbolos, construir con ellos la historia contemporánea nacional y coordinar la agenda pública, ha decidido echar mano de una muy taquillera narrativa: la sucesión presidencial. En su mañanera del lunes pasado, sin mayor necesidad de hacerlo, puso sobre la mesa el tema sobre quienes podrían tomar su lugar en 2024.
Respecto a un posible “tapado”, el mandatario contestó: “eso ya es historia, el pueblo decidirá quién puede sustituirme”. No obstante, todo indica que, en los siguientes meses y años, los mexicanos seremos expectadores del mismo esquema que imperó en el pasado. En esta ocasión, el banderazo para la carrera lo ha dado -con una gran anticipación, por cierto- el titular del Poder Ejecutivo. Para iniciar la competencia, AMLO dijo; “del flanco progresista, liberal, hay muchísimos (aspirantes viables) como Claudia (Sheinbaum), como Marcelo (Ebrard), como Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma, Tatiana Clouthier, Rocío Nahle, bueno, muchísimos, afortunadamente, hay relevo generacional”.
El episodio trajo a la memoria, aquellas épocas en las que se filtraban nombres en las columnas de los periódicos. Tiempos en los que de pronto surgían virtudes y escándalos en torno a las biografías de los involucrados; cuando los silencios y los movimientos acusiosos de los participantes, eran parte de un útil ritual externo e interno del sistema.
Un ritual que, en lo externo, ayudaba a posicionar a los competidores, que la gente y los sectores de decisión hicieran pasarelas, definieran alianzas y “se la jugaran” con el que era su gallo. En lo interno, la dinámica servía para que “el gran elector” analizara minuciosamente los perfiles, escuchara opiniones, revisara el escenario, pusiera en la balanza los “pros” y los “contras” de la persona y, sobre todo, identificara las lealtades hacia su persona por parte de los posibles sucesores. Una vez terminado el proceso, en un momento inesperado, surgía el “dedazo”. ¿Alguien piensa que será diferente en esta ocasión? ¿Se repetirá la historia?
Prácticamente todos los mandatarios mexicanos, cuando vieron que la reelección por la que suspiraban era imposible, pensaron en poner a aquél sustituto sobre el que mayor influencia podrían tener. El resultado fue siempre el mismo. El ungido terminaba por rechazar a su antecesor. Cuanto mayor rivalidad con el presidente, más lejos quedaba el expresidente. De la Madrid en el Fondo de Cultura Económica, Díaz Ordaz como embajador en España, Echeverría en las Islas Fidgi, López Portillo “apestado” en la “colina del perro”.
Por otro lado, conforme la modernización del país fue avanzando, cada vez fue más difícil para los Presidentes poner a su sustituto. Tan solo recordar que Miguel de la Madrid fue el último que pudo hacerlo. Ni Salinas, ni Zedillo, ni Fox, ni Calderón, ni Peña pudieron poner al sucesor que originalmente habrían preferido.
Sirvan estas reflexiones para recordar que, ahora que el Presidente de la República piensa que “la caballada esta gorda”, abrir el juego sucesorio con tanta anticipación, solo augura un profundo desgaste para los nombres de hombres y mujeres que él ponga en escena. También es previsible que otros nombres salgan a escena más adelante.
Más vale no perder tiempo con esta puesta en escena. Es evidente que AMLO buscará usar el tema como un distractor continuo, para al final optar por una decisión conforme a sus más íntimos intereses. Así ha sido siempre en la historia. Para no caer en la trampa, la única ruta para la #SociedadHorizontal, es construir liderazgos de abajo hacia arriba.