La nueva época: La tarea progresista

En los últimos decenios se develan una serie de eventos que manifiestan una transición de época: el desarrollo tecnocientífico -la dependencia del internet-, las catástrofes naturales producto del quehacer humano -con implicaciones globales- y la carrera espacial -que repunta nuevamente con los avances de China-, por mencionar algunos hechos. El esquema Estado-Nación continúa revelando terribles problemas que derivan en constantes fricciones de carácter bélico, y el desarrollo de los proyectos económicos tienen de la universalización de los mercados, a partir de una regionalización del planeta que supera las tradicionales fronteras terrestres.

Así como en algún momento se caracterizó el medioevo para dar paso al renacimiento, es viable considerar que la humanidad se encuentra en una fase de transición de la modernidad a una nueva época. No obstante, el futuro no es claro (nunca lo ha sido), el porvenir se atisba con cada paso, por lo que por más insignificante que parezca, cada suceso en el presente puede ser el hito necesario para la configuración de la sociedad del mañana; esta es la paradoja, teniendo en consideración la afirmación que plasma Fromm (1991) “Lo importante es contar con mapas correctos, si es que vamos a marchar en la dirección que queremos ir” (p. 35).

Todo proyecto progresista que ha aprendido de la historia debe ser lo suficientemente humilde para asumirse pesimista y esperanzador, esto significa que todo amago de revolución que se plantee como posible hito para la transformación del mañana debe ser un gesto que acaricie una esperanza que no será plena, ya que nuevamente, como humanidad “nos fallaremos”. Este “mea culpa” proemial, será fundamental, para avanzar, por un camino que no alimente las voces de los pueblos con falsas promesas.

Esta Casa Común, como ha sido caracterizada por Francisco (2013), no es pertenencia de la humanidad, por eso difiero de asumir la nueva época como el Holoceno, ya ha sido suficiente con la arrogancia humana para querer continuar arrobándose la potestad de ser “umbilico mundi”. La nueva época, será cada vez más plural, cada vez más diversa, pues los matices de la humanidad se amplificarán con el avance tecnológico y las nuevas formas de comunicación, el Planeta será cada vez más una gran comunidad de comunidades con la posibilidad de dialogar (pero también de bloquear); como expresa Pannikar (2006) “Un diálogo completo no siempre es posible, porque requiere por ambas partes la voluntad de dialogar, pero no es imposible si una de las partes mantiene siempre abierta la posibilidad” (p. 138).

En esta concepción planetaria, los desafíos globales cada vez son mayores, por tal razón las respuestas deben procurar-se globales también, la dificultad que esto imprime radica en el “Difícil Diálogo”, pues este implica en primera instancia un reconocimiento del Otro en tanto que Otro, aunado en un segundo momento a una capacidad por traducir culturalmente el mensaje, lo que permitirá consolidar una comprensión de desafío y de tarea conjunta. Asumir el Diálogo como camino (Buber, 1959).

La modernidad es una época y fenómeno social de múltiple caracterización, pues denota una globalización de la concepción capitalista de mercado que se alimenta de la colonización territorial y cultural, aunado a una profundización de las formas de violencia patriarcales previas a la modernidad misma. Es necesario partir del hecho pesimista, que algunas características de la modernidad no desaparecerán totalmente con el advenimiento de una nueva época, pero en manos de un movimiento progresista de concepción global es posible ganar el pulso en ciertas áreas y lograr atenuar y controlar estas formas de la modernidad que atentan contra el bienestar común.

La modernidad es colonial, patriarcal y capitalista (Sousa, 2009), pero más allá de estas categorías se encuentran otras más que deben ser colocadas bajo análisis de lupa y propiciar mapas para la transformación. La nueva época puede ser una secuela de la Modernidad u otro mundo posible. En este sentido las fuerzas antimodernistas, anticapitalistas, antipatriarcales, así como todos los movimientos emergentes (aún sin caracterizar) deben tejer una ruta común, un mapa para la transición a la nueva época. En la época reciente se ha consolidado la denominación “progresista” como “camino de comunes”, quizás como una opción que supere el lenguaje dicotómico de “izquierda-derecha” que alimenta los miedos occidentales de la Guerra Fría. Con lo anterior, quiero decir que quizás las izquierdas no sean el futuro, pero sin ellas ningún movimiento progresista será capaz de alcanzar un futuro de modesto bienestar para la comunidad de comunidades, en la nueva época.

La transición de época debe considerar una nueva gramática para una demopedia política, esto significa aprovechar la riqueza del lenguaje para propiciar una ruptura con el imperio cognitivo del Norte Global (Sousa, 2019), esta ampliación del lenguaje será por tanto una ampliación de mundos posibles, no obstante, ha de proveerse desde una articulación de voces sociales, la tarea del proyecto progresista es la reproducción de estas voces, por esto la referencia a la demopedia resulta fundamental, pues solo por medio de la práctica de una educación de la liberación desde y con los pueblos es posible, la construcción de nuevos tejidos sociales que permitan la construcción de un arca para atravesar las turbulentas aguas de esta transición. La nueva gramática será la ampliación del lenguaje y por ende del mundo, el fin de la historia fue solo el mito que la modernidad construyó para evitar que los pueblos miraran el horizonte de sucesos que da fe de un futuro oscuro, pero futuro al fin.

El proyecto progresista no debe ser solo un conglomerado de los “Anti”, debe además consolidar un mapa mutual “regional e internacionalista” de cooperación, una ruta progresista transmoderna. De los dolores de la modernidad debe surgir la nueva gramática con la que se escribirá la ruta para el nuevo tiempo: el Ubuntu, el Ayni, el Tiempo Común. Esta nueva época se encuentra en semilla en las comunidades progresistas que asumen al diálogo intercultural para la consolidación de una ecología de los saberes y un cuidado común con las demás especies de esta Casa Común.

 

Referencias

Buber, Martin (1959). La Vie en Dialogue. Francia. Aubier.

Francisco, Papa (2013). Laudato Si. Vaticano, Vaticano.

Fromm, Erick (1991). La revolución de la esperanza. México. Fondo de Cultura Económica.

Panikkar, Raimon (2006). Paz e Interculturalidad, una reflexión filosófica. España. Herder.

Santos, Boaventura de Sousa (2009). Una Epistemología del Sur. Argentina. Clacso.

_____ (2019). El fin del Imperio Cognitivo. España. Trotta.

 

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