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"El clasismo en México está muy arraigado y apenas empezamos a darnos cuenta": Antonio Ramos Revilla
“Sin el viaje del héroe no habría literatura”, advierte el narrador regiomontano Antonio Ramos Revillas (1977). Convencido de la vigencia y eficacia de este esquema publica Salvajes (Fondo de Cultura Económica), una novela juvenil donde cuenta la historia de “Efraín”, un joven que crece en la periferia de Monterrey y de inmediato tiene que aprender a lidiar con la estigmatización social y la violencia que conlleva.
Para Ramos Revillas es urgente sensibilizarnos y entender que a final de cuentas todos somos los mismos y en ese sentido concluye, el arte es fundamental porque nos quita el miedo al otro.
A través de Salvajes adviertes del riesgo que supone potenciar los estereotipos sociales.
Me parecen alarmantes los niveles de insensibilidad que estamos alcanzando frente al otro. El estereotipo se construye cuando asumes como verdadera la imagen que otro vendió, compró o prefabricó. Comencé a escribir Salvajes hace tres años y a partir de que empezamos a hablar con mayor intensidad del concepto de la aporofobia. Me interesaba comprender el entorno que genera esta pobreza para revisar cómo en las periferias la gente hace sus vidas y busca sus espacios familiares, de diversión y laborales. Nuestra sociedad es más que la máscara que nos intentan vender y sí, el clasismo que vivimos es terrible. Cuando fue el derrumbe de la Línea 12 del Metro había un chico que vivía debajo del puente y cuando lo entrevistaron mucha gente se sorprendió por la elocuencia con que se expresaba. ¿Por qué llama tanto la atención que alguien que vive en la calle se exprese con tanta claridad? Eso no equivale no tener una riqueza de lenguaje.
Durante la adolescencia se arraigan muchos de nuestros prejuicios, ¿por eso tu interés por dirigir la historia a los jóvenes?
Me interesaba una novela juvenil porque precisamente quería hablar de los chicos de las periferias a quienes se les asocia con la delincuencia, a pesar de que la mayoría de ellos tienen las mismas aspiraciones de trabajar y estudiar que en cualquier otra parte. Salvajes puede llegar a estudiantes de secundaria o preparatoria cuya vida más o menos puede estar resuelta y me gustaría que tras leerla cuando encuentren a un chico o chica franeleando o vendiendo en un puesto de tacos entiendan que es igual que ellos. Tiene los mismos sueños y ambiciones, la única diferencia es que uno nació en condiciones más adversas.
¿Cómo insertas este tipo de reflexiones sin ser moralista?
Justo mostrando la realidad. En la novela “Efraín” vive en las orillas de la ciudad, específicamente en lo alto del cerro. Yo me limito a describir cómo es su vida ahí. Aunque resuelve algunos de sus problemas no cambia el entorno. Él no va a ser feliz para siempre, simplemente logra evadir un dardo, le faltan muchos y tal vez más difíciles porque el cambio no solo está en sus manos. Como escritor quería mantenerme en el espacio de los matices para mostrar aspectos de luminosidad, pero también de desesperanza y deseo.
Al final tampoco deja de ser una novela de aventuras…
Que bueno que lo menciones. Es una novela de aventuras, pero en el contexto de las periferias de nuestras ciudades. Ahí encontramos violencia, narcotráfico, clasismo, pero también a un chico que tiene asumir ciertas pautas para resolver un problema, en ese sentido es una novela de crecimiento donde el personaje toma ciertas posturas para su vida adulta. Quería un personaje que no de vuelta a la realidad, sino que la incide.
Hay un respeto al esquema del viaje del héroe.
Hace poco leí una antología llamada Las nuevas formas de narrar. Mientras la revisaba caí en cuenta que todos los textos incluidos repetían el esquema del viaje del héroe. No hemos aprendido una nueva forma de contar historias. Su permanencia o vigencia se debe a que dialoga de una manera muy inconsciente con la construcción que hacemos de la vida. En el fondo todos nos consideramos héroes y nos encontramos en la epopeya de la realización de nuestros sueños por eso es que funciona muy bien como estrategia narrativa. Sin el viaje del héroe no habría literatura.
Otro de los temas de la novela es la manera en que incide la violencia y el sistema de justicia en los individuos
La novela tiene varios enfoques. Creo que, en algún momento, todos hemos escuchado del caso de alguien que terminó en cárcel por robar para comer. Quería mostrar estas paradojas. Muchos jóvenes en Monterrey son detenidos por ser morenos o por usar playeras sucias. Su único error es ir solos y con eso es suficiente para que la policía decida esculcarlos.
La película de Fernando Frías, Ya no estoy aquí puso algo de eso en el centro del debate…
El clasismo en México está muy arraigado y apenas empezamos a darnos cuenta. Desde hace cuatro o cinco años lo debatimos de manera más abierta. Vivo en Monterrey te puedo decir que es una ciudad muy clasista. Hay centros comerciales y parques de diversiones diversificados por estrato social. Cuando era niño ayudaba a un tío a instalar aire acondicionado y si íbamos a colonias de ricos siempre me sentía observado.
¿Por dónde empezar a cicatrizar este tipo de diferencias?
Una buena forma de empezar es por medio de la lectura, la cultura y la promoción del arte. El arte nos quita el miedo a la otredad. Nos falta sensibilizarnos y entender que en todos somos los mismos. Nos preocupan las mimas cosas y eso es lo que nos hermana.
¿Lo escribiste pensando en esa sensibilización?
Sí, al principio es la historia de “Efraín” y su mamá, pero conforme avanzas descubres que hay otros temas a explorar. Siempre he visto la escritura como un descubrimiento y eso es lo que más me interesa. El viaje, como decía, Cavafis, es lo más interesante.
¿Qué tanto incide el discurso político y la política educativa en la polarización?
No debería incidir tanto, desgraciadamente somos muchos y tenemos pocos maestros. Tenemos una política educativa del fast track. Entre más rápido salgan los estudiantes mejor y a veces les recargamos la mano a los maestros. Les atribuimos todo el eje de nuestra sociedad y me parece injusto. Sin duda pueden hacer algo, pero sin la colaboración de las familias y el entorno cultural, social o religioso será difícil cambiar.
¿Ves disposición de los actores políticos para revertir esto?
Veo la arena política todos los días y no me parece que a ninguno de los dos bandos que hoy dividen al país le interese. Solo tienen la mirada puesta en el poder. De alguna manera todos somos su botín y como ciudadanos no somos conscientes.