José Sobrevilla: Huberto Batis, (Jalisco 1934/CDmx/2018)

A inicio del mes, Noreste. Net publicó de este corresponsal: “Este agosto, tres años sin Huberto Batis”[1] y Patricia González, su apreciable viuda, pidió a este corresponsal que hiciera la siguiente aclaración al texto, “Muchas gracias por haber escrito sobre Huberto en el próximo aniversario de su partida (o sea ayer). Siempre será amado e imprescindible para mí, y quienes lo quisieron, como tú. Muy buen texto. Sólo una precisión sobre la Leptospirosis. Un inmunólogo lo trató sobre este padecimiento un tiempo y, pues este doctor realizaba una investigación sobre la posibilidad de que esa enfermedad se hiciera crónica, que es infecciosa, como Huberto te contó. Pero después ya no siguió con él, jamás supimos en qué paró aquella investigación y había polémica entre los demás doctores, que no pensaban que pudiera ser crónica.

Las enfermedades realmente comprobadas de Huberto fueron, primero el cáncer de mama, que superó, y después la fibrosis pulmonar que lo llevó a varias neumonías y que fue de lo que finalmente falleció. Te lo comento pues, aunque Huberto durante un tiempo pensó que tenía Leptospirosis, después de abandonar el tratamiento ya no se consideró una enfermedad en su vida. En los múltiples análisis que con regularidad le practicaban, ningún médico le llegó a decir que la tuviera. Así que puedes agregar esta información a lo que escribiste para que tus lectores tengan el panorama completo…”

Ya enfermo, el 4 de noviembre de 2015, cuando le hicieron un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, el escritor Guillermo Fadanelli dijo –y era totalmente cierto– que Huberto Batis era “uno de los lectores más acuciosos que existen, por su necedad de encontrar a cada palabra y a cada coma todo significado”; y que era “un lector de mirada puntillosa”, que nos hizo sentir que “la literatura valía la pena de ser vivida”, así fueras buen o mal escritor. “Para mí, es un hombre inigualable. No creo que se nos vaya a morir”[2].

Desgraciadamente, tres años después, a Fadanelli le falló el cálculo y Huberto se nos fue.

Siempre tuve la duda acerca de la ortografía de su apellido “Batis” o “Bátiz”, hasta que gentilmente Patricia González me invitó a que la acompañara a un homenaje en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la FIL, que fue cuando conocí a Alicia Guadalupe Bátiz Martínez, su hermana, una hermosa persona quien me platicó que a Huberto le gustaba jugar con la ortografía de su patronímico. A veces lo escribía de una forma u de otra. Hasta que empezaba a tener problemas para los documentos oficiales, y era entonces que la buscaba para que le enviara una copia de su acta de nacimiento.

Cuando Huberto y este reportero nos encontrábamos, una de las charlas más comunes era los acontecimientos informativos más recientes; sin embargo, del triunfo en julio de 2018 de Andrés Manuel López Obrador no lo llegamos a comentar prácticamente nada porque, además de que ya estaba muy enfermo, su voz era casi inaudible. Sin embargo, el día que Batis falleció el entonces presidente electo declaraba, y los medios cabeceaban como “Garantiza AMLO que aumente, en términos reales, el presupuesto destinado a la ciencia y tecnología en México”[3]. Paradoja.

De la entrevista que hicimos a Huberto el también querido amigo Jorge Armando Meléndez Preciado y este reportero que hablábamos en la columna mencionada, y que se dio en la casa de Tlalpan, aquel 10 de febrero 2011, (Matamoros 172, Tlalpan, Centro), hubo una pregunta que no podíamos dejar de hacerle a Huberto… y que hoy, diez años después, vale recordar.

– ¿Cómo ve el trabajo de los suplementos de cultura?

– Pues me acabo de enterar con enorme tristeza –respondió– de la muerte de “Confabulario”, el suplemento cultural de El Universal. Héctor de Mauleón, con quien colaboré en El Independiente, y se vino a este periódico, tenía un programa de televisión; incluso, coexistía junto con el suplemento de Milenio que hace José Luis Martínez S., quien integró a su equipo a mucha de mi gente del suplemento Sábado, empezando por Julio Aguilar en la redacción, quien había sido mi jefe de información, y también lo fue de El Independiente.

“De Mauleón era un periodista más general que uno intelectual, entonces, Julio fue su espinazo intelectual, más serio. Héctor no dijo por qué se acababa. Nada más puso un recuadrito donde señalaba ‘señores, este es el último número’. Qué, el suplemento ¿le costaba mucho a El Universal?”.

“La cultura si vende”, argumentó aquella ocasión Huberto Batis. Los suplementos como el del unomásuno en las grandes épocas como cuando lo dirigía Fernando Benítez, llegaban a vender 90 mil ejemplares; en los últimos años cuando yo estuve “50 mil seguros los sábados; ya entre semana se llegaban a vender 10 mil”.

La gente, oye las noticias por radio y televisión, la opinión la ve también en medios electrónicos, en las mesas redondas que son tan deprimentes. “Yo prefiero leer la opinión muchísimo mejor escrita que esas disque conversaciones intelectuales o políticas que no son más que “con línea”, como estos señores de Tercer Grado (de Televisa).

“Me da tanta tristeza ver a Maerker (Denisse) y al Ciro Gómez Leyva, de Marín (Carlos), no me diga: que es la voz provocativa, y que los está sometiendo con mucho colmillo a los demás”. Mucha gente dice “Marín está loco, qué le pasa, porque habla un lenguaje totalmente distinto, a este otro lenguaje tan zalamero tan alineado”. Están en televisa y “dicen que van a mantener una opinión independiente (…), pero yo los veo totalmente como propagandistas. Integrados, hablando como López-Dóriga quien es un experto en dictar este tipo de catedra”.

– La desaparición de Confabulario, ¿Puede ser un choque entre cofradías culturales?

Sí. Aunque yo no le veo nada porque nunca vi que estuviera integrada a una… lo más que hizo en su “Silla Eléctrica”, fue atacar al Conaculta de Sergio Vela y al Fondo de Cultura Económica, FCE, de la señora Sáizar (Roxana del Consuelo), con bastante violencia, con sorna, burla, es mi impresión. Pareciera una campaña contra Vela y contra el FCE. Pero ¿qué interés podría tener el señor Ealy Ortiz en molestar a esas gentes? Era un interés más de la gente de cultura y más de ellos. A mí qué me va a importar lo que haga la señora Sáizar en el FCE, si con esta institución ya acabó Miguel De la Madrid hace mucho tiempo…

Entonces, esta señora viene, hace y deshace, y la gente que yo conozco, como Mauricio Montiel, va a dirigir la editorial Joaquín Mortiz, que está metida allí todavía sobreviviendo en el Fondo, porque ni los hijos de Diez Canedo han podido sostenerla y me dice (Mauricio): Mira, es que es inaguantable, no puedo; estuve apenas un mes y tuve que salirme del Fondo de Cultura. Es inaguantable.

El director aquí de la Facultad de Filosofía y Letras, Gonzalo Celorio, invitado por Sarukhan cuando estaba con Fox, lo invitó al Fondo de Cultura a sustituir a De la Madrid; entonces llega Celorio, pero a nosotros nos pareció monstruoso que dejara la facultad (Filosofía de la UNAM) por el FCE, dijimos “en qué cabeza cabe comparar una cosa con otra”. Y poco después Sarukhan se pelea con Vicente Fox y lo sacan del equipo de la presidencia y ahí va Celorio para afuera a patadas el mismo día; con una humillación absoluta. Algo que molesta enormemente.

Y cuando Celorio llegó al FCE sacó a Castañón (Adolfo) que era el gerente del FCE desde hacía veintitantos años; había estado allí con los intelectuales que lo manejaron, con la dignidad de la inteligencia, aunque no con el éxito económico que debería de tener ,y que había sido cuando estuvo Jose Luis Martínez, Jaime García Terrés, Enrique Gonzáles Pedrero, y que tenían al Fondo en primerísimo lugar en Latinoamérica como casa editorial.

Es muy triste ver cómo se deshacen cosas que tanto costaron como el FCE, que lo inventó don Daniel Cosío Villegas y que lo hizo con ayuda de los refugiados españoles y muchos mexicanos ilustres; y que publicaron a Juan Rulfo, a Juan José Arreola y a Fuentes y toda aquella gente que fueron los grandes clásicos, y que editaron a Sor Juana, a Juan Ruiz de Alarcón, las obras completas de tanta gente de primera, que únicamente El Fondo podía hacer.

“Yo trabajé con María Del Carmen Millán en la SEP –contaba Batis en la entrevista– y, en la época de los setentas, inventamos la colección Sepsetentas, Gustavo Sáens, Alí Chumacero y yo. Hacíamos cinco mil ejemplares, pero no había más lectores en toda la república, y nos recomendó un librero que les pusiéramos número porque así los coleccionistas, irían a comprar todos los ejemplares y que los colocáramos en los puestos de periódicos. Fue un fracaso total.

También hicimos de pronto un libro de Octavio Paz, “Las caritas sonrientes”, con fotos de la cultura veracruzana, y con un texto breve de Paz, muy hermoso y con fotos. Imprimimos 20 mil ejemplares, que por ahí deben estar, embodegados. Eran libros que regalábamos; no sé cuánto costaban, pero eran muy baratos. Así hablaba Huberto Batis a Jorge Meléndez y este reportero.

Hoy, a tres años de su desaparición física, y solo por constatar mis dudas acerca de si alguien recordaba al ‘formador de autores’; realicé una búsqueda en Google, y únicamente encontré que, hace tres días, Malva Flores (poeta, narradora y ensayista. Sus libros de ensayo más recientes son: “Estrella de dos puntas” y “Octavio Paz y Carlos Fuentes, crónica de una amistad”, había publicado en Twitter “Algunos han querido fingir que Huberto Batis ni existe ni existió. Le entregaron la Medalla de Oro de Bellas Artes como quien amortaja un cadáver”. Triste pero cierto.

[1] https://noreste.net/jose-sobrevilla-este-agosto-tres-anos-sin-huberto-batis/ consultado el 22 de agosto 2021

[2] https://literatura.inba.gob.mx/2804-conserven-el-arte-y-la-literatura-que-tanto-tiempo-se-han-preservado-en-mexico-huberto-batis.html consultado el 22 de agosto 2021

[3] https://lopezobrador.org.mx/2018/08/22/107567/

 

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