Esa locura oficial de la Resistencia

Apenas hace unas semanas, el presidente y todo su equipo ampliado habían inaugurado el discurso oficial de la memoria histórica con el título de 500 años de resistencia indígena. Con una pobrísima relatoría y más escasa producción literaria, histórica, revisión y discusión de lo que implicó la caída de Tenochtitlan y lo subsecuente el nacimiento de la vida colonia y la construcción hispanoamericana, el Estado mexicano de la 4T ha hecho más ruido en sus alegatos y eufemismos que, verdaderamente profundizar en su planteamiento oficial. Nada más peligroso que un país sin democracia cultural y lleno de palabrerías revictimizadoras.

¿Qué aportaciones a la discusión histórica, a la política pública de inclusión de los pueblos indígenas a una vida de garantías ha tenido la retórica oficial de 500 años de resistencia?… Quizá la reflexión se responden sola: “Agentes de la Estación migratoria siglo XXI golpean a un migrante en la zona de Chiapas, mientras otros agentes corren tras un grupo para detenerlos y someterlos”… reportaban integrantes de organizaciones defensoras de los derechos humanos. A esa resistencia quizá es la que se refiere AMLO y su discurso oficial. A la manera en que los propios mexicanos, ese pueblo al que asegura el presidente mexicano protege y defiende tras siglos de abuso, sometimiento y resistencia. La culpa y el culpable no está en el pasado, vive en nuestra idiosincrasia, en los siglos de herencia y reproducción de los discursos racistas, xenofóbicos, misóginos y homofóbicos. Formas de conductas que se refuerzan con discursos divisionistas, remarcando en todo momento una revictimización de las sociedades menos favorecidas a nombre del pasado. ¿Cuánto daña el discurso oficial de Resistencia?

Y el otro extremo de ese discurso, el sentimiento patriótico, heroico y chovinista: el bicentenario de la Consumación, los 200 años en que el México nacionalista, el reformista de Juárez, el socialista de Cárdenas, el moderno de Alemán, el de la cuarta transformación de López Obrador no logra resarcir la crisis de desigualdad social, racial, étnica, sexual y cultural de la sociedad mexicana. Se encierra en un discurso lleno de referencias al pasado, de emociones primarias, dividiendo a la sociedad y con profundas pifias históricas con tal de construir un oficial discurso sin fonda, sin sustento y sin resolver el tema que tanto señala: la desigualdad social que desde hace 200 años es responsabilidad nacional, interna, llena de demagogia. Ahí están las instancias oficiales sin producir, promover, generar y fomentar una reflexión científica, histórica, académica y humanística de fondo.  Un año más que nos prueban los encargados de esas dependencias, accesorios caros y pésimos de la administración como lo son FCE y la Secretaría de Cultura o la misma comisión de Memoria histórica.

Resistencia no es un descripción sino, una condición política y en la actualidad ideológica que no resuelve de fondo el problema sino que aprovecha el Estado el concepto para repartir culpas, antes que atender las consecuencias derivadas de la violación a los derechos humanos mínimos.
 

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