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Las enfermedades del alma son las más difíciles de curar: Roger Bartra
Roger Bartra se presentará en el Hay Festival Querétaro y compartió para Noticias Querétaro sus opiniones, ideas y conocimientos sobre la melancolía, la depresión, robots, máquinas y el cerebro.
El antropólogo, sociólogo e investigador mexicano Roger Bartra señaló que las enfermedades del alma, como la melancolía o la depresión son las más difíciles de tratar y de curar, porque son muy inasibles.
Roger Bartra pertenece a la llamada generación del 68. Estudió antropología en la Ciudad de México durante los años sesenta y se doctoró en la Sorbona en 1974. De origen catalán, hijo de padres perseguidos por el fascismo español que se refugiaron en México, ha viajado extensamente y hecho investigaciones en diversas partes del mundo, hoy se presentará en el Hay Festival Querétaro y compartió para Noticias Querétaro sus opiniones, ideas y conocimientos sobre la melancolía, la depresión, robots, máquinas y el cerebro.
Sobre las enfermedades del alma, que dijo es un término que utiliza pero que suena muy arcaico, refirió que la melancolía y las enfermedades mentales en la España del Siglo de Oro, siglo XVI y XVII, se tenía la idea antigua, y que la medicina de aquella época se basaba en la teoría humoral griega antigua de Hipócrates y de Galeno, una teoría que hablaba de la existencia de cuatro humores; las flemas la bilis, la sangre y el humor negro.
Explicó que la sangre sin duda existe, pero que los otros humores no son algo que realmente exista, y mucho menos el humor negro, que es la raíz de la palabra melancolía.
“Melancolía viene de la palabra griega que quiere decir humor negro. Y esa era una de las peores enfermedades mentales del alma, que se creía en la época, podían caerle a una persona, debido a que estos cuatro humores dentro del cuerpo humano, se incendiaban, se cocinaban y se quemaban, por lo tanto se volvían negros, de un humor negro”.
Sin embargo, dijo que aún tenemos la sensación de estar malhumorados y que eso es un humor negro. Apuntó que todo viene de teorías caducas y pasadas que fueron influyentes durante siglos, y que hoy las enfermedades mentales no se consideran que proceden de los humores, pero sí de sustancias químicas en el cerebro y otras sustancias químicas que nos inyectan, y que supuestamente sirven para curarnos.
Por ello, dijo que las enfermedades del son algo con lo que tenemos que vivir, y reiteró que son las más difíciles de tratar y curar. Roger Bartra señaló que no han sido bien definidas y porque los médicos y los neurólogos no saben bien a bien, cómo funciona el cerebro, mal pueden curarlas.
Además puntualizó que la melancolía, tanto en su dimensión cultural como en su versión, hoy en día llamada depresión, siguen afectando y siendo parte de nuestro entorno, y de los males que nos aquejan.
“Las enfermedades mentales tienen un doble carácter, por un lado están impregnadas de la cultura de su época, y por eso sucede que hay enfermedades mentales que fueron muy importantes en una época y que después ningún médico, psiquiatra las descubre”.
Roger Bartra mencionó que el caso más reciente es la histeria, que supuestamente era una de las enfermedades mentales más graves o bien la neurosis, aunque dijo que no se habla mucho de eso, pero que ningún psiquiatra o neurólogo define síntomas que permitan decir o hablar de neurosis. Y que la melancolía es uno de esos conceptos científicos, porque en el Siglo de Oro español, era una enfermedad muy común, que padecía mucha gente, y que incluso aparecía en la literatura como El Quijote, el gran melancólico el Siglo de Oro español, que hoy en día se llama de otra manera, depresión o síndrome maniaco depresivo.
“Hay una adaptación por lo tanto en la definición y el diagnóstico de enfermedades mentales, de acuerdo a los diferentes tiempos culturales, Al mismo tiempo pareciera haber cierta continuidad entre la antigua melancolía, tristeza y tendencias suicidas que sufrían los griegos, que eran tratados por Hipócrates, y los maniacos depresivos de hoy en día, que son poco lamentados con litio y con prozac. Pareciera que hubiera una cierta continuidad, lo que no sabemos es si realmente es la misma enfermedad, o es el mismo mito cultural inscrito dentro de la medicina, pero seguimos sufriendo viejas enfermedades del alma”, expresó.
Hay una tendencia a que las máquinas impongan su ritmo.
Roger Bartra cuenta con una condición pluricultural que le ha permitido escribir libros sobre las mitologías europeas, como Las redes imaginarias del poder político (Era, 1981), El mito del salvaje (Fondo de Cultura Económica, 2011) y Cultura y melancolía: las enfermedades del alma en la España del Siglo de Oro (Anagrama, 2001), lo mismo que ensayos sobre México como La jaula de la melancolía (Grijalbo, 1987) y La sangre y la tinta (Océano, 1999).
En esta edición del Hay Festival, presenta el ensayo Chamanes y robots: Reflexiones sobre el efecto placebo y la conciencia artificial, y Melancolía y cultura.
Por ello, adelantó que en sus libros explora el tema de cómo funciona el cerebro y la locura, y que examina dos fenómenos importantes de este tiempo; la robotización y la posibilidad de que exista una conciencia artificial creada, similar a la humana en máquinas, u objetos que se vuelven sujetos, y la relación que pueden tener con lo que los médicos llaman el efecto placebo.
“De alguna manera, parte de estudios que yo he hecho sobre las relaciones entre el cerebro y la sociedad en el libro Antropología del Cerebro, del cual es el texto sobre robots, y es una continuación que se trata de dos libros que hablan de un mismo tema, la conciencia de la formación, de una conciencia individual, de un proceso de individualización y uno de habla de la posibilidad de que se cree esa conciencia de manera artificial en máquinas, en robots”.
En este momento en el que se habla de un mundo de pantallas, donde la mayoría de las actividades que se realizan se desarrollan a través de pantallas, Roger Bartra comentó que nos hemos acostumbrado a trabajar y a vivir a un ritmo impuesto por las máquinas y que el problema es que las máquinas son más rápidas que los humanos, y que no solamente un robot o una máquina le gana al campeón mundial de ajedrez, porque es mucho más rápida y que el funcionamiento de todos los robots que nos rodean, o de las máquinas inteligentes como un teléfono, funcionan de una manera mucho más ágil y rápida que nosotros, y que por ello hay una tendencia a que las máquinas impongan su ritmo.
Sin embargo, refirió que esta situación está estimulada por la economía capitalista, que está interesada en que la gente trabaje más y más rápido, que produzca más y en poco tiempo.
Por ello, confirmó que de cierto modo estamos dominados por estos ritmos de las máquinas, pero al mismo tiempo todavía tenemos la ventaja de que las máquinas en algunas cosas son más inteligentes que nosotros, pero carecen de una inteligencia general.
Las máquinas son mejores que nosotros.
“Las máquinas son mejores que nosotros en algo muy específico, en apretar el tornillo en la carrocería de un auto en la fábrica, son más rápidas que nosotros en hacer cálculos matemáticos, en los juegos etcétera, pero carecen de una inteligencia general como la nuestra, y sobre todo carecen de conciencia” subrayó.
Esta temática de la conciencia, es lo que el profesor Roger Bartra se plantea explorar en su libro, la interrogante de que, si algún día podrán las máquinas dejar de ser un objeto muy rápido, veloz e inteligente, incluso, para ser conscientes y pasar de ser un objeto a ser un sujeto. Dijo que cree que la respuesta es que sí, pero que va a tardar mucho, por lo que explora las condiciones necesarias para que esto ocurra.
Alguna de esas condiciones, de acuerdo con el investigador, es que lo que caracteriza la conciencia de los humanos es la autoconsciencia y el tener claro que somos conscientes, así como la existencia de lo que él llama el exocerebro, que es una parte sustancial de la cultura, que en realidad es la parte externa y cultural del cerebro, con lo que se refiere al lenguaje, al entorno simbólico de la cultura, a la música, a las artes.
“Ese es nuestro exocerebro y es el que nos permite ser conscientes de que somos conscientes, porque es un cerebro cultural externo que atraviesa por todas nuestras relaciones sociales, por el entorno social y regresa a nosotros, eso es lo que nos permite ser conscientes y las máquinas o los robots podrán ser un día conscientes, o construir una conciencia artificial en el momento en que también tengan un exocerebro, es decir tengan elementos culturales que sea una especie de loop, de enlace con su entorno robótico y humano”, compartió.