¿Ocurrencias al aire?

Imagino que hay un grupo de personajes notables que, reunidos en torno a una mesa de discusión, esgrimen sus mejores argumentos para determinar cuáles serán los títulos y los autores que integrarán la colección de 21 libros que, según la declaración del Presidente, se publicarán mensualmente para conmemorar dos acontecimientos históricos que serán recordados durante el 2021.

En este mismo espacio he celebrado la propuesta, bajo la consideración que será la lectura –y todo lo que implica su producción editorial– la que ocupe nuestra atención durante todo este tiempo.

Lo referido por el presidente Andrés Manuel López Obrador se puede considerar como una oportunidad y no simplemente como otra de las ligerezas del primer mandatario. Es decir, ocurrencias al aire que terminan por comprometer su palabra.

La iniciativa presidencial se estructura bajo una premisa que se consolidó como una de las fundamentales políticas del Fondo de Cultura Económica: la edición de libros a bajo costo que, al ser más accesibles desde una perspectiva económica, podrían llegar a un mayor número de personas. Es decir, posibles lectores hallarían en esta política una solución para satisfacer su acceso al mundo literario.

Un segundo factor a considerar será, sin duda, el criterio bajo el que decidirán los títulos de esta colección. ¿Cuáles serán las ideas y objetivos que determinen la selección de autores y sus respectivos títulos?

Resulta evidente que López Obrador dio a conocer este proyecto en un momento muy comprometido de su conferencia del día 2 de enero. Sin embargo, se aventuró a compartir títulos que, según su propio criterio, son imprescindibles en el perfil editorial de la futura colección: Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno, Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, El laberinto de la Soledad, de Octavio Paz, Los de abajo, de Mariano Azuela, Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y La noche de Tlatelolco, de Poniatowska; sin olvidar a Monsiváis, Prieto y V. Riva Palacio.

Así, en una primera mirada, cabría preguntarse si es posible una edición “económica” de estos títulos o si, quizá, sería mejor impulsar una mayor distribución de las ya existentes bajo costos más accesibles, lo cual implicaría una negociación con los respectivos sellos editoriales: situación que resulta incierta ante las políticas comerciales que se han impulsado desde la centralización de la producción editorial del estado en el Fondo de Cultura Económica.

Siempre será difícil complacer el gusto y el paradigma de todo lector cuando se trata de una antología, recopilación o colección.

Es natural que se impongan todo tipo de criterios en la consecución de estas empresas: comerciales, académicos, ideológicos, etc. Imagino que se ha establecido toda una comisión de personajes que dirimen los objetivos de esta nueva selección.

Si bien los libros y autores referidos por el Presidente parecen fruto de una ocurrencia, cabe preguntarse si imperará un cariz histórico o literario.

Hay distintas voces que se refieren a estos libros como los clásicos imprescindibles en la dimensión histórica que pretende afirmar la actual administración presidencial.

Y, sin embargo, estaríamos ocupándonos de algo que ha sido señalado como una profunda carencia en la formación educativa de nuestra juventud: la lectura.

Discutir el objetivo de la lectura es pertinente en la conformación de estos 21 títulos conmemorativos.

Dice Alberto Manguel que “la lectura es una de las formas más alegres, más generosas, más eficaces de ser conscientes” (en www.enriquevilamatas.com).

Pero que esta conciencia también abarque los tres siglos de época colonial de nuestro país. Es fundamental que se aproveche esta iniciativa para dar a conocer a quienes formaron parte de la vida literaria e histórica de la Nueva España.

No podemos seguir ignorando los trescientos años de transformación cultural que da como resultado a la sociedad que somos. Desde las primeras crónicas de la conquista hasta los textos de los jesuitas novohispanos: Sor Juana, Juan Ruiz de Alarcón, Carlos de Sigüenza y Góngora, Clavijero, Alegre y tantos más, esperan ocupar un lugar más digno en esta historia que será objeto de crítica y celebración durante el 2021.

Pero esto es una simple especulación: lamentablemente parece que el presidente Andrés Manuel López Obrador no pretende dialogar con esta etapa de nuestra memoria histórica.

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