El cronista de los libros viejos

Conozco a Álvaro Castillo Granada hace tres décadas y, al igual que ha ocurrido con muchos colegas y amigos, su impronta ha sido definitiva en la formación de nuestras bibliotecas y del carácter lector. Porque Álvaro no solo ha sido el librero que ha sabido aconsejar y recomendar títulos y autores, sino que ha sido el conversador y cronista que ha dejado el testimonio de su pasión por el oficio y por la literatura con sus múltiples luces y sombras.

Librovejero (Fondo de Cultura Económica, 2021) es un libro conformado por treinta textos independientes que reunidos se pueden leer como si se tratara de una novela de aventuras. Cuba, García Márquez y los amigos de siempre son algunos de los temas en los que persisten las lealtades y los recuerdos imborrables.

Desde el primer texto ya se advierten algunos de los asuntos que nos van a conmover durante las siguientes páginas. Precisamente la crónica Ya no me quedaba hojas de vida es el mejor pórtico para abrir el libro. Allí Álvaro Castillo nos relata el episodio y el momento exacto en el que se convirtió en librero a los 19 años. El sueño de infancia de vender libros se hacía realidad, el 30 de noviembre de 1988, en los bajos del entonces Centro Comercial Granahorrar, en la librería Enviado Especial, dirigida por Gloria Moreno.

Librovejero nos muestra al precoz y apasionado lector de Julio Cortázar y Pablo Neruda, que celebra su feliz reencuentro con el primer libro que leyó en su vida, El libro de las tierras vírgenes de Rudyard Kipling, y que vendría a conformar junto con algunas novelas de Mark Twain, Julio Verne y Emilio Salgari, entre otros, el canon inicial de obras que trazarían para siempre los puntos cardinales de vocación lectora. Capítulo aparte merece su relación cercana con Gabriel García Márquez (responsable del apodo de ‘Librovejero’). Hay varios relatos dedicados a él y a su hermano Eligio.

La anécdota de ser, quizás, uno de los pocos o, por qué no, el único lector en conseguir el autógrafo de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez en el mismo ejemplar de un libro luego de la ruptura entre los dos escritores es no solo divertida, sino memorable. En una edición pirata de La novela de América Latina. Diálogo entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa aparecen los autógrafos de los dos premios nobel: “Para Álvaro Castillo esta reliquia bibliográfica (y pirata). Cordialmente, Mario Vargas Llosa. 2000”, y un año después firma García Márquez: “Y la rara adhesión de la contraparte”.

Pero sin duda uno de los momentos más hermosos y conmovedores del libro es el homenaje a la bellísima película Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore. En él, Álvaro nos sumerge no solo en la atmósfera de Toto y Alfredo, sino en su propia historia de amor sin saber si el final, tanto de la película como la de su historia, es la de la versión original de 1988 o la de la versión del director de 2002. “Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”, diría su admirado Pablo Neruda, pero la banda sonora de Morricone será la misma para los dos relatos.

Librovejero no solo es un libro de memorias y de crónicas: es un homenaje a la amistad, a los libros y a la literatura. Es un ajuste de cuentas con el tiempo y de pequeños perdones. Es una celebración de la vida y un brindis por los ausentes porque, como lo recordó su admirado Armando Orozco: “En fin, me gusta la vida con su muerte”.

 

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