Normalismo rural o sobre la conciencia social

Decía el poeta Jaime Torres Bodet, en su carácter de secretario de educación, durante una ceremonia con normalistas, en diciembre del 45, que “El heroísmo no surge exclusivamente en las guerras y entre las armas. El más puro heroísmo suele ser el que brota entre las dificultades y la aridez cotidianas, como las flores de ciertos cactus, alimentados por la abnegación y por el sentido del sacrificio”. (Torres, 1994, p.979)

Al leer las páginas de este libro intitulado Normalismo Rural: una educación por México (2020), y por ende, de conocer los testimonios de sus autores, e imaginar las mil y una formas en que sortearon dificultades propias de la singular geografía mexicana, así como constatar la valentía de enfrentar las arbitrariedades del poder que, más de una vez, entorpecieron la formación o la labor educativa; es hasta entonces, cuando uno ha visto y conocido los rostros y nombres detrás de estos veinticuatro textos, de estos testimonios vitales para nuestra historia de la educación, que uno como lector, impávido, se pregunta: ¿de qué materia…, cuál es el ADN del que están hechos, realmente, las maestras y maestros normalistas rurales?

 Porque ciertamente, algo más que vocación y voluntad implica el llegar a los rincones más distantes de México para fundar escuelas y enseñar. Como señala el profesor Macedonio Martín Hu, de la Escuela Normal Rural “Gregorio Torres Quintero”, de San Diego, Tekax (Generación 59-65) “El trabajo del profesor normalista rural no se circunscribe a enseñar a los niños a leer, escribir y sacar cuentas. Había que aplicar la praxis, o sea, poner en práctica las teorías sociales, económicas, educativas y políticas”. (Aranda et al, 2020, p.159)

Esta praxis es un denominador común en los diversos testimonios presentados en el libro: la del profesor y profesora normalista como gestores sociales de la comunidad, donde lo mismo ayudaban en la construcción de un aula, levantaban censos de la población, realizaban campañas de higiene o apoyaban en cuestiones de salud. Así lo refiere el profesor William Alfredo Novelo Novelo, de la Escuela Normal Rural “Gregorio Torres Quintero”, de San Diego, Tekax (Generación 59-65): “Ser profesor rural en aquellos años, además de enseñar a leer y escribir, es ser escribano, gestor, consultor, promotor deportivo y casi doctor; encaucé gestiones para la construcción del camino, para el agua potable y el mejoramiento de la escuela, motivé la participación social, se logró la construcción del campo de beisbol…Ser profesor rural es un compromiso social, y para ello hay que ser parte de la comunidad y sus problemas”. (Aranda et al, 2020, p. 201)

Es aquí donde podemos vislumbrar la esencia del profesor normalista, que en buena medida se debe, a su formación profesional. La dinámica de las Escuelas Normales Rurales funcionaba a modo de internado (Civeira, 2013, p.63), con una activa participación de alumnas y alumnos en las diversas labores que iniciaban a muy temprana hora con diligencias propias del aseo y mantenimiento del edificio, y posteriormente, con formación pedagógica a lo largo del día hasta caer la noche. Un papel fundamental fueron las actividades culturales y deportivas que acompañaron esta formación, y que de algún modo minaron positivamente el espíritu de maestras y maestros, quienes hicieron del arte y la cultura parte de su labor magisterial, y en muchos casos, hasta hoy, en el retiro, de su vida misma, pues aún organizan periódicamente jornadas culturales y deportivas.

Sobre la formación en las normales rurales, el profesor Heberto Laguna Caballero, de la Normal Rural Mactumactzá, en Chiapas, generación 77-81, señala: “Haber estudiado en una normal rural internado, te da una identidad propia (como seguro la tiene cualquier normalista del país), pero la del normalista rural es como un sello aparte, esa convivencia diaria, de realizar todo el proceso de formación inicial en el mismo espacio, te hace diferente”. (Aranda et al, 2020, p. 137) Y esa diferencia, en muchos de los casos, también se debió a las actividades alternas que acompañaron de manera paralela la formación académica, y que tuvieron que ver más con la formación ideológica y política de la comunidad estudiantil en las normales rurales. Esto otorgó un elemento fundamental en el desarrollo de la vocación y la praxis del maestro y la maestra rural: el análisis crítico de su entorno. Y es gracias a esta capacidad de reflexión, y de adaptación, que los maestros normalistas rurales se han podido adecuar a las diversas situaciones que les tocó vivir, dejando en relieve, ese sello único que los caracteriza.

El mismo profesor Heberto Laguna Caballero, en este sentido, comenta: “En este tipo de comunidades de pobreza extrema, marginación de todo tipo, acceso geográfico difícil, sin atención médica, etc., es donde muchas veces pensamos ¿de qué me sirve tanta teoría que aprendí en la normal para esta realidad en donde todo hay que inventar? Yo, hasta mucho tiempo después, entendí que ahí hay que improvisar prácticamente todo”. (Aranda et al, 2020, p. 140) La formación en las normales rurales, entonces, dota a las futuras maestras y maestros de herramientas necesarias para escenarios complejos.

Y ciertamente México es un país ambiguo y complejo, de mucha desigualdad social. Los autores y la única autora de este libro “Normalismo rural: una educación por México”, editado en 2020 por la asociación civil denominada “Normalismo rural”, apuntan sus testimonios en años difíciles para la vida social y política del país. Y estos hechos históricos, desde diferentes latitudes y horizontes de vida, quedan registrados dotando a este documento bibliográfico de un gran valor testimonial e histórico.

Es el caso de la profesora Irma Noemí González Barbosa, de la Escuela Normal Rural “Lic. Benito Juárez”, en Panotla, Tlaxcala, generación 64-69; y del profesor José Antonio Hernández Alejos, de la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez”, en Hecelchakán, Campeche, generación 74-78. La profesora Irma Noemí relata los momentos vividos durante el movimiento estudiantil del 68 que, sin duda, nutre la actual investigación (Flores, 2019) sobre el papel que tuvieron las Normales Rurales durante dicho movimiento.

“Terminando el primer año del ciclo profesional [relata la profesora González Barbosa] era integrante del Club de Orientación Política e Ideológica, en Panotla. Con motivo de las vacaciones finales (1968), se nos convocó a hacer guardias, cuando aún estábamos de vacaciones, por la agitación que se observaba en el país, en contra de la represión de Gustavo Díaz Ordaz…A medianoche, escuchamos ruidos de botas que caminaban por los pasillos. Apagamos las luces y a hurtadillas, observábamos como aquellos soldados, iban recorriendo todos los dormitorios. Estábamos aterradas”. (Aranda et al, 2020, p. 117).

Por su parte, el profesor José Antonio Hernández Alejos, ofrece testimonio de otro momento trágico de la historia regional. Previo a su ingreso a la normal, cursando aun la secundaria en su municipio natal, nos narra: “En Ticul lo que más trascendió a nivel de la sociedad fue la huelga de los zapateros, organizados por el luchador social Efraín Calderón Lara “El Charras”; como la zapatería es una de las principales actividades productivas de la ciudad, el ambiente que se percibía era de incertidumbre…Cuando se dio a conocer la noticia de que “El Charras” había sido asesinado el 14 de febrero de 1974, hubo en el Estado distintas protestas sociales; en la secundaria, los líderes estudiantiles nos convocaron a una asamblea general y se decidió parar las actividades escolares. La huelga escolar tuvo una considerable duración”. (Aranda et al, 2020, pp. 129-130)

He aquí uno de los tantos valores que contiene este libro, y radica, precisamente, en este tejido de relatos, testimonios y anécdotas que conforman microhistorias necesarias para comprender la perspectiva de lo pretérito, ya no desde el centro del país, sino desde la periferia, incluso más allá de las propias capitales en las entidades federativas, ubicándonos en localidades apartadas, lejanas e inaccesibles, donde la educación es un fenómeno inequívoco de ruptura y transformación social. Hace casi 40 años, el profesor Adolfo Fernández Gárate se preguntaba sobre la existencia de la historia cotidiana de los maestros como fuente de la historia, y afirmaba que “rescatar toda esa historia negada por desconocimiento o por conveniencia es una tarea que puede ser asumida por los maestros y los educadores, de tal forma que podamos entender de manera más clara lo que cotidianamente hemos vivido en nuestras labores educativas”.

En este sentido, la labor que ha emprendido el grupo “Normalismo Rural A.C.” con la publicación de este libro, y que esperemos sea el primero de varios, es de vital importancia para la historia de la educación, y por supuesto, de nuestra historia nacional. ¿Qué hubiera sido de tantas comunidades mexicanas sin la presencia primordial de las maestras y maestros normalistas rurales? ¿Qué hubiera sido de tantas niñas, niños, padres de familia y abuelos, sin el libro y la antorcha, símbolos del Normalismo Rural? Es acaso la heroicidad de la que habló Jaime Torres Bodet, la que brota ciertamente entre las dificultades y la aridez cotidiana, pero también, porque hay que decirlo, la que sigue surgiendo entre la guerra, las armas y la represión.

*Texto leído por su autor durante la presentación del libro “Normalismo Rural. Una educación por México”, el 21 de julio de 2021, en el Facebook de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán.


Referencias
Aranda, M., Barrera, R., Arjona, H., Canché, F., Cardeña M., Carrillo, F., Durán, J., Espinosa, R., Gómez, S., González, I., Laguna, H., Martín, M., Matus, R., Miss, M., Novelo, W., Ordaz, A., Pacheco, F., Pinto, H., … Vivas, V. (2020). Normalismo Rural. Una educación por México. Normalismo Rural A.C.

Civeira, A. (2013). La escuela como opción de vida. La formación de maestros normalistas rurales en México. 1921-1945. El Colegio Mexiquense A.C.

Fernández, A. (1985). La historia de la educación. ¿Una tarea de especialistas? Revista Cero en Conducta, 1 (2). 52-56.

Flores, Y. (2019). Escuelas Normales Rurales en México: movimiento estudiantil y guerrilla. Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 40 (87). http://dx.doi.org/10.28928/ri/872019/aot3/floresmendezy

Torres, J. (1994). Misión del maestro. Obras escogidas. Fondo de Cultura Económica.

 

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