La energía del vacío intenta salvar el abismo entre las humanidades y la ciencia: Bruno Arpaia

La ciencia, como el arte, sirve para hacer preguntas más complejas y profundas al mundo, nunca para dar respuestas definitivas, asentó el escritor y periodista italiano Bruno Arpaia (Nápoles, 1957), cuya versión en español de su novela La energía del vacío fue presentada en la jornada inaugural de la 21 Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México.

En su opinión, la ciencia debería ser un modelo para nuestras sociedades. En principio, argumentó, porque es transparente por completo; todo aquel que desee información sobre ella la tiene a su disposición, incluso la generada en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear o Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN), en la actualidad el recinto de investigación básica más importante del mundo.

“Otra cosa importante es que, en la ciencia, la verdad nunca se escribe con mayúscula; es simplemente algo que temporalmente tiene el consentimiento de la mayoría de los expertos; o sea, es una democracia sin parlamentos, pero que funciona.

“Porque son los expertos, no el primero que pasa, los que deciden cuál teoría parece avalada por los experimentos y si alguien encuentra mejores datos experimentales o nuevas maneras de interpretar viejos experimentos, entonces, la verdad cambia.”

La presentación del citado libro, publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE) consistió en una charla del autor italiano, conectado en videoconferencia desde su país, con su homólogo mexicano Paco Ignacio Taibo II, director de ese sello editorial, y el periodista Andrés Ruiz, quienes se encontraban en vivo en el Foro Helguera –bautizado así como homenaje póstumo al monero de La Jornada Antonio Helguera)– de la fiesta librera del Zócalo.

El acto coincidió con el lanzamiento de esa obra en México y el resto de América Latina. Según Taibo II, la próxima semana estará en todas las librerías de la red FCE-Educal y en diciembre en las de las filiales de esa editora en Argentina, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guatemala, Perú y Chile.

La alusión de Bruno Arpaia a la ciencia se debió a que es el tema de La energía del vacío, un relato policiaco que tiene como escenario al CERN y un experimento en el acelerador de partículas que desaprobaría todas las teorías de la física cuántica y cambiaría la manera de entender al mundo. Como parte de la trama, un grupo de fundamentalistas hostiles sabotea el proyecto, indignado de que los científicos “jueguen a ser Dios”.

Aficionado a la física y la divulgación científica, el escritor napolitano aclaró que su pretensión con dicha novela es tratar de salvar el abismo que hay entre las humanidades y la ciencia.

 “En realidad, no son distintas; son idénticas ansias de conocimiento. Hay muchas equivocaciones acerca de la ciencia, porque estamos vinculados a una idea de ella muy vieja, positivista, en la que sí había fundamentalismo al considerar inobjetable lo que ella determinara.

“Eso cambió en el siglo XX. La gente cree que el arte persigue la belleza mientras la ciencia, la verdad; no es cierto, en el arte también se persigue la verdad, una verdad estética; y en la ciencia se persigue la belleza.

“Hay miles de citas de científicos al respecto, pero retomaré ahora a Paul Dirac, un gran físico del siglo XX, que decía que la belleza de una ecuación es más importante que su exactitud, en el sentido de quesi una ecuación es bella, tarde o temprano se demostrará exacta”.

 

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