El talento por encima del género: 5 grandes escritoras que publicaron con pseudónimo masculino

A pesar de los muchos esfuerzos que se han realizado a lo largo de los años por reducir la brecha de género en todos los aspectos de la sociedad, aún queda un largo camino por recorrer. El caso de la literatura no es la excepción y la discusión se reavivó luego de que tres escritores españoles recibieran el Premio Planeta por una novela publicada bajo el pseudónimo de una mujer.

El debate al respecto se concentró en que tres hombres estuvieran detrás de Carmen Mola –la supuesta autora de la novela– implicaba que una mujer, real y no de nombre, perdiera la oportunidad de publicar una novela; sin mencionar el peso histórico que tiene para las escritoras el uso de pseudónimos pues a lo largo de los años tuvieron que refugiarse en ellos para poder publicar sus obras con un nombre masculino.

Esta es una breve lista de algunas de las escritoras más importantes que tuvieron que renunciar a su nombre para ver sus obras impresas y juzgadas sin verse empañadas por su género.

Jane Austen

A pesar de que probablemente sea la escritora inglesa más conocida, las novelas de Jane Austen no llevaban su nombre en un principio. Ni siquiera un pseudónimo.

“Por una dama” fue como se acreditó la autoría de Sentido y sensibilidad, la primera obra de Austen, mientras que el resto se firmaron como “la autora” de la obra anterior.

A pesar de las múltiples aristas y de las sutilezas de las narraciones de la autora de Orgullo y prejuicio, en muchos casos se le suele encasillar como una autora de “novelas románticas” en el término más erróneo y peyorativo de la expresión.

No obstante, la lucidez de Austen a la hora de retratar las relaciones de poder, atravesadas por el género y la clase social, de la Inglaterra victoriana la han convertido en uno de los referentes indudables, incluso para las escritoras que la sucedieron, aunque renegaran de su estilo.

Hermanas Brönte

Charlotte, Emily y Anne Brönte son tres de las escritoras más importantes de la literatura inglesa, Cumbres borrascosas es quizá una de las novelas más representativas el Romanticismo inglés junto con Jane Eyre. Sin embargo, no siempre estuvieron firmadas con el nombre de sus respectivas autoras.

En un principio, las hermanas Brönte recurrieron a los nombres Currer, Ellis y Acton Bell para publicar sus textos. En aquel tiempo las libertades de las mujeres eran casi inexistentes, y la Inglaterra posterior a la época victoriana resultaba un ambiente hostil, por decir lo menos, contra quienes salían de la norma social.

Fue hasta después del gran éxito de estas dos novelas que las autoras pudieron deshacerse de su piel masculina y recibir todo el mérito por sus obras.

No obstante, las Brönte no vivieron lo suficiente para recoger todo el fruto de su talento. Las condiciones sanitarias de la época arrojaron el fantasma de la tuberculosis sobre toda la familia, siendo Charlotte la última en perder la vida con apenas 39 años de edad.

Mary Ann Evans

George Elliot es el nombre con el que Mary Ann Evans pasó a la historia de la literatura. Ella es otra de las grandes plumas de la literatura inglesa que tuvo que esconder su género detrás de un pseudónimo masculino para publicar sus obras.

Aunque literariamente se distanciaba de otras plumas femeninas, como las mismas Brönte o Jane Austen, Mary Ann tuvo que dejar su nombre al igual que ellas para que su creación literaria fuera tomada en serio.

Si bien era extraordinario que una mujer pudiera publicar libros, en los casos excepcionales que se daban, las obras eran consideradas literatura menor por el simple hecho de tener el nombre de una mujer en la portada.

A pesar de todo novelas como Silas Manerner o Middlemarch convirtieron el nombre de George Elliot en un referente de la literatura realista británica. Virginia Woolf, otra de las grandes inglesas, escribió de esta última obra que era “uno de los pocos libros ingleses escritos para adultos”.

Amantine Dupin

Otro famoso George, esta vez en Francia, sirvió como refugio a la escritora Amantine Dupin. Bajo el nombre de George Sand, Dupin recibió los elogios de Dostoievski.

La biógrafa Anna Caballé explicó a principio de 2020 al diario El Clarín que en un principio el pseudónimo George Sand surgió porque la primer publicación de Dupin se escribió en conjunto con su amante Jules Sandeau. A lo que agrega que incluso el “Sand” del nombre ficticio proviene de la contracción de apellido del compañero de la escritora.

Sin embargo, apunta que conserva el nombre incluso cuando la relación con Sandeau terminó para garantizarse un mínimo de libertad, hasta que George Sand se convirtió en el nombre con el que era conocida.

La calidad literaria de Dupin era tal que escritores como Balzac y Flaubert, con quienes compartían su inclinación por el realismo, se convirtieron en sus defensores. Igualmente, el gobierno francés ha planteado trasladar su restos a lado de las tumbas de Victor Hugo y Voltaire.

Josefina Vicens

Pepe Faroles, José García y Diógenes García son todos nombres que ocupó Josefina Vicens para publicar algunos de sus textos a lo largo de su carrera.

Dentro de la literatura mexicana contemporánea, El libro vacío (FCE), es una de las obras fundamentales y de mayor envergadura literaria en cuanto a técnicas narrativas se refiere. No obstante, su obra no es tan estudiada como puede ser la de Salvador Elizondo, Octavio Paz o Juan Rulfo.

A lo largo de su carrera, Josefina Vicens construyó una amplia obra de guiones cinematográficos, que le valieron varias nominaciones al premio Ariel.

 

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