Las polémicas frases del poder

 Una de las recomendaciones que se da a quien va a fungir como vocero de alguna institución es preparar, memorizar y pronunciar una frase que sea recordable, que prácticamente pudiera ser el encabezado de la nota que se está escribiendo y que perdure en la mente de las audiencias durante algún tiempo.

Un ejemplo es la expresión “Si no pueden que renuncien”, pronunciada durante una cumbre de seguridad por el empresario que solicitaba encontrar a los asesinos de su hijo. La frase fue parte de un mensaje preparado en el que se resaltó el tema de la inseguridad y la incapacidad del gobierno para enfrentarla. No fue reciente; fue en 2008. Es una frase que ocupó grandes encabezados en distintos diarios y que fue comentada durante los siguientes días.

Esa es la idea que se trata de imbuir en quien eventualmente fungirá como vocero de alguna institución o a título personal: el cuidado en la preparación para que el mensaje sea recordable positivamente y perdure durante algún tiempo.

Recientes expresiones de funcionarios públicos han generado polémica por su lenguaje: las del Director del Fondo de Cultura Económica al referirse a la contra reforma eléctrica; y la del diputado del PT que mostró el dedo medio en señal obscena a una diputada, en presencia del Secretario de Hacienda. Meses atrás una senadora equiparó al género femenino con las hembras de animales irracionales y manifestó que no es común que una mujer sea católica e inteligente.

Muchas de esas frases, especialmente las pronunciadas por los jefes del Ejecutivo, son desatinos que generan polémica, llegan a perdurar a lo largo del tiempo y se convierten en un referente. Algunas son ridículas, otras dan risa, y las hay que dan pena ajena. No hay forma de escoger alguna que pudiera ser la mejor, pero con todas ellas se podría hacer un verdadero catálogo muy divertido.

Seguramente las nuevas generaciones nunca han escuchado “soy gobernador, no bombero”, que expresó el entonces gobernador Miguel Alemán cuando se quemó el mercado Hidalgo, en Veracruz, y le preguntaron si ya había ido al lugar del incendio; o “a mí me hacían los chistes por feo, no por pendejo”, cuando Díaz Ordaz se refirió a su sucesor Luis Echeverría­­­­, quien a su vez es recordado, entre otras frases, por: “la relación con Estados Unidos ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario”. De López Portillo perdura la frase “Defenderé el peso como perro”, así como la de Salinas “Ni los veo ni los oigo” al referirse a la oposición. “En este México hay un pequeño grupo de malosos…”, dijo Zedillo tras el asesinato de un magistrado.

Uno de los presidentes que más desatinos recordables ha expresado fue Vicente Fox. Tres entre una larguísima lista: “¿Y yo por qué?”, ante el conflicto entre dos televisoras; “Comes y te vas”, invitando a Fidel Castro a una Cumbre de la ONU en México; “Distorsionan, calumnian, engañan y mienten”, en su programa de radio, en alusión directa a los medios de comunicación.

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De Calderón fue famosa su frase “Haiga sido como haiga sido (como dicen en mi pueblo)”, luego de su apretado triunfo electoral, y entre varias de Peña Nieto: “Estamos a un minuto de aterrizar, a menos, como a cinco”, previo a su llegada a Oaxaca; “No soy la señora de la casa”, cuando le preguntaron por el precio del kilo de tortilla; “No hay chile que les embone”, al referirse a la detención de dos gobernadores.

Cuando muchos pensábamos que era difícil superar los desatinos y barbaridades de Fox y de Peña, llegó al poder el actual presidente, quien seguramente logrará la hazaña de más frases recordables por su impertinencia y desatino, gracias a su continua repetición en su foro mañanero y en todo evento en que participa.

Sabe que cuando una frase genera polémica, la atención de los medios y de las redes sociales va a hacia ella y la discusión se acentúa con declaraciones y opiniones de otros actores, lo que hace que el tema se prolongue durante varios días, que es su objetivo de comunicación.

Las frases de quien han estado en el poder son semejantes: Si Alemán dijo no ser bombero, este dice “no me puedo mojar nomás por la foto”; si Salinas de Gortari expresó “no se hagan bolas”, en referencia a su candidato a sucederle, AMLO ha dicho “Ya no hay tapados, yo soy el destapador”; si López Portillo defendería el peso como perro, López Obrador tiene otros datos; si Zedillo habló de los malosos, el mandatario habla de los conservadores corruptos; si Fox dijo que los medios engañan o mienten, el presidente habla del hampa del periodismo.

Una frase recordable positivamente debe prepararse acorde a la coyuntura y al momento que se esté viviendo, a menos que la intención sea, precisamente, que se recuerde negativamente, como parte de una estrategia política de distracción ante los temas fundamentales. En eso AMLO es un verdadero especialista.

 

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