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Los ninguneados
“Es el tiempo el borde donde se para la sonrisa de la traición”.
Los ninguneados. Fabrizio Mejía Madrid
Un borde doloroso enmarca la historia que, en forma de una reflexión profunda sobre la hermandad y el destino arroja Fabrizio Mejía en “Los ninguneados”, su novela más reciente, publicada como parte de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica.
“Los ninguneados” parte de una premisa que a lo largo de la historia irá revelando distintos filones, teñidos todos de una desdicha agridulce que a veces es más y a veces menos, pero que no cesa y flota siempre por encima de sus personajes. Manuel Jaramillo debe emprender un viaje para reconocer el cadáver de su hermano a quien no ve desde hace años, muchos. Que el hermano de Manuel se llame Fabrizio y que el autor de la historia —con quien hablé hace muy poco, durante la presentación del libro dentro del Festival Semillas que organiza la UACM— afirme que en realidad bautizar así al personaje representa una especie de juego ante el lector quien, como yo, imagina todo el tiempo al Fabrizio de la vida real transitando (naturalmente, de alguna forma sublimada) por todo o casi lo que “Los ninguneados” narra y que eso, todo eso, en realidad nunca le haya ocurrido ni se refiera a su biografía en nada, es un detalle que resignifica la historia de alguna manera (tengo ganas de leer nuevamente algunos pasajes), pero que no modifica su solvencia, más allá de que Fabrizio (Mejía Madrid) arroje el anzuelo.
Al otro lado de la historia, situados en un tiempo que fue cientos de años antes de que Manuel se dirija hacia Veracruz (resignado a cruzar por las horas más bajas de su vida, aquellas que implican emprender una travesía con el fin de reconocer el cadáver de su hermano), el autor coloca un par de personajes que vivirán su propia historia: ellos se llaman Martín, ambos. Hermanos, también. Martínes que comparten un padre totémico de nombre Hernán Cortés, efigie que a la postre se revelará como el Primer Ninguneado de la Nueva España. Designios del azar y el destino separarán a estos otros hermanos que se transformarán, respectivamente, en un español superfluo y detestable y en un indígena que vivirá la exclusión y sí, el ninguneo.
Enmedio de todo ello el país, obsesión que puebla la obra de Fabrizio, autor que ha explorado la compleja esencia de la mexicanidad desde perspectivas que han cruzado lo mismo por el relato de talante poderosamente nacional hasta trabajos en que lo mexicano se revisa a través del actuar de políticos siniestros o empresarios acostumbrados a comprarse poder y más dinero.
El secreto que separa la vida de ambos pares de hermanos constituye, quizá, la esencia del ninguneo nacional o acaso, su institucionalización como una forma de la tragedia…o del más negro de los humores, ambos componentes reacios, persistentes, del cariotipo nacional y de nuestra tricolorísima vocación por ningunear.