Reúnen a 'ovejas negras' de la literatura

La de ellos es una literatura de riesgo, que sale a la calle, que pone el cuerpo, que escribe entre cicatrices, grietas y batallas, entre múltiples exploraciones y pérdidas. Han ejercido la prostitución, han sido adictos a la cocaína, se han rebelado contra la Iglesia y no se han dejado atrapar por las normas establecidas.

Los escritores Julián Herbert, Camila Sosa Villada y Tamara Tenenbaum protagonizaron la charla «¿Ovejas Negras? Lo Incómodo en la Literatura», que se realizó en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, bajo la moderación de la autora chilena Andrea Jeftanovic.

«Cada uno de ustedes ha hecho una ruptura importante con su origen, de algún modo me da la idea que nacieron de nuevo como autores, que se dieron a luz a su vida porque rompieron con distintas cosas, hay historias de valor, historias de ruptura, pero también muchísima ternura y humor negro», recalcó Jeftanovic.

En la literatura de los tres hay ingredientes de autoficción, hay muchas mujeres presentes, de hombres ausentes, añadió la chilena.

«El sentimiento del dolor, de lo humano y trasladarlo al dolor físico es muy intenso, yo no he podido transitar el dolor moral, emocional, sin que esté atravesado del dolor físico y ese es un aprendizaje genealógico que tiene que ver con el sufrimiento físico de mi madre desde distintos sentidos, desde la violencia física de los hombres hasta el proceso de acompañar a alguien hacia la muerte, que es para mí la experiencia más educativa que he tenido en la vida», resaltó Herbert.

Durante la charla, los autores hablaron de sus orígenes, de cómo han utilizado el cuerpo para explorar el mundo, para ir a los extremos, para probar sus límites y después verter esas experiencias en su obra.

«Yo he puesto el cuerpo al servicio de la escritura en el sentido de que yo no encuentro un escrito que no me permita existir, es decir, yo salí a vivir sabiendo que necesitaba toda esa experiencia, escribir todo eso en mi cuerpo sin ser consciente de que era el cuerpo de una escritora.

«Yo he salido a vivir con el fin de que todo lo que escriba tuviera un espacio para mí como escritora, para mí misma, como un acto íntimo», confesó Sosa Villada, quien el año pasado se alzó como la primera mujer trans en ganar el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz.

 

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