El teatro de las histéricas

La colección La ciencia para todos incluye una revisión en tono biográfico-literario de Jean-Martin Charcot, considerado el padre de la neurobiología. 

El hospital de La Salpêtrière, en París, fue centro de los acontecimientos más relevantes en cuanto a los estudios de la neurología y el psicoanálisis. La psiquiatría no concibe sus avances sin tomar en cuenta la historia que se desarrolló en ese distintivo lugar. 

Una pintura de André Brouillet titulada: La lección clínica en la Salpêtrière en el servicio del profesor Charcot expuesta en 1887, es un testimonio visual que se suma a la documentación de los historiadores científicos al respecto de las sesiones espectaculares y maratónicas de investigación que se llevaban a cabo en ese sitio.

Como esa pintura, hay varias más en el libro: El teatro de las histéricas, escrito por Héctor Pérez-Rincón, que abre el telón de sus primeras páginas mostrándonos esa convergencia entre el arte y la narrativa, el rol de la medicina conjugado con las manifestaciones artísticas y creativas. 

Esos sucesos de experimentación y profunda indagación médica se vieron reflejados con gran realismo en obras de arte de su época. 

Pero ¿qué pasaba en La Salpêtrière?  Charcot ofrecía sesiones en las cuales se estudiaba la histeria. Ahí se practicaba hipnosis y otras terapias experimentales, asistían médicos y filósofos, escritores, artistas y actrices.

En ese tiempo, la histeria era considerada un mal de salud mental. Esas fiestas de observación incluían modelos-personajes que convertían en “hechos teatrales” las circunstancias de la sanación y decadencia de la enfermedad.

Charcot fundó un club “con la finalidad de llevar a cabo investigaciones psicológicas, y con la esperanza de poder utilizar “cannabis” en el tratamiento de algunas enfermedades mentales”. Por ese club pasaron Boissard, de Nerval, Delacroix, Dumas, Baudelaire, entre muchos otros artistas. 

Pérez-Rincón menciona el “alienismo”, profundiza en la relación clínica-espectáculo, en el origen de cuadro clínico para relacionar la medicina con la pintura. Habla de una antigua paciente “flexible y serpentina” de la Salpêtrière que luego se convirtiera en ícono del café-concert y en modelo de Toulouse-Lautrec, entre muchos más personajes de la vida real.

El teatro de las histéricas es un libro que no es ficción, pero como la buena literatura, provoca precisamente esos cuadros imaginarios para relacionarnos con el pasado, con la historia de un personaje como Charcot que consideraba “que el delirio era de una naturaleza idéntica al estado onírico”. 

FICHITA

El teatro de las histéricas

Héctor Pérez-Rincón

Fondo de Cultura Económica

 

Anterior Siguiente