Quipus y escritura alfabética

En palabras de A.C. Moorhouse (Historia del Alfabeto. México, 2012, Fondo de Cultura Económica): “Mi intento: mostrar que el acto aparentemente simple de la escritura, y especialmente el de la escritura alfabética, es uno de los descubrimientos intelectuales más originales y más importantes del mundo”. Con tal portento se inicia lamemoria escrita, la que se transmite con puntos y comas, desde hace 4 mil años. El homo sapiens se demoró 16 mil años en lograrlo. El Imperio de los Incas: epopeya de adaptación del hombre a su hábitat; pese a sus logros en astronomía, hidráulica, matemáticas, carecía de escritura. Le faltó tiempo, posiblemente.

En el Cusco, en el Coricancha, los españoles hallaron una quiputeca y numerosos pictogramas. Memoria y registro del dilatado Imperio; diestros quipucamayocs y amautas de memoria ejercitada. Con los chasquis y una admirable red vial, la información de ida y vuelta que requería la unidad del Incario se mantenía, con limitaciones. Datos escuetos los que podían llevar o traer los chasquis, cuanto más que los mensajes que llegaban al Cusco o del Cusco a Caranqui, digamos, requería de una cadena de chasquis y la memoria humana no da para mantener precisiones. Era el talón de Aquiles de un Imperio que cubría casi 2 millones de km2, con 18 millones de habitantes.

Una razón de Estado, la unidad del Imperio. Insostenible. Tanto es así que Huayna Cápac decidió hacer de Tomebamba, una Capital Imperial, desde Cajamarca a la Tierra de los Pastos. Fue tal su decisión que mandó traer la momia de su madre con la que se iniciaría una nueva panaca, una nueva estirpe. En su testamento: el Cusco para Huáscar, Tomebamba para Atahualpa.

La Historia Social de la Comunicación en el Ecuador, editada por Enrique Ayala, publicada en estos días, se inicia con los quipus como medio de comunicación. La imposición de España en el mundo andino fue resultado del enfrentamiento entre los quipus y la escritura alfabética. La presencia del Dr. Eugenio Espejo en nuestra historia, su empeño por romper el mito de la superioridad ibérica: escribió libros, el ciudadano más culto de la Real Audiencia de Quito.

No hay enigmas en cuanto a los quipus. Lo que sí ha concitado el empeño de unos tantos estudiosos fue dar con la escritura que era de exclusivo conocimiento de los miembros de la Familia Imperial. Nada concreto y conclusivo. Se le debe al ilustre C. D. Valcárcel, el que tanto amó su pasado prehispánico, la obra: Historia de la Educación Incaica (Lima, 1961, Ed. Regina Mundi). En la escuela que había en el Cusco, destinada a los jóvenes de la nobleza, futuros responsables de la administración del Incario, no hay referencia a escritura alguna. Se cultivaba en ellos la memoria. De los quipus a la escritura alfabética, la historia del libro de Enrique Ayala.

 

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