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Dibujar la ausencia
Tal vez como nunca hemos tenido en estos últimos años tan presente y cercana a la muerte, la soledad y la ausencia. Tal vez como nunca se nos han vuelto una sombra que nos acompañan día y noche, y aunque la vida va regresando paulatinamente a su antigua cotidianeidad, todavía siguen aquí presentes y muy cerca recordándonos lo efímeros y vulnerables que somos, la fragilidad de la vida que pende del hilo a todas horas y la pregunta latente de en qué momento nos tocará ser uno más de los que se han ido.
Esto se refleja en el libro álbum “Una canción que no conozco” (Ed. FCE). Se trata de un poema sobre la muerte y la ausencia que Micaela Chirif escribió tras la pérdida de su pareja, el poeta José Watanabe, ilustrado por Juan Palomino.
Confieso que el libro álbum ha sido un maravilloso descubrimiento para mí tan sólo unos pocos años atrás, pero desde entonces se ha convertido en una búsqueda constante, un interés por profundizar en sus elementos y en su técnica y en todo lo que puede ofrecer al lector, no sólo infantil como se piensa, sino de cualquier edad, abriendo infinitas posibilidades de lecturas e interpretaciones.
“A veces me llama por teléfono un amigo muerto desde hace años”, ésta es la primera frase del libro y en la imagen se observa una ventana abierta, plantas, flores, unas ramas y un pájaro azul. Entre las páginas se recorre la rutina diaria de una mujer sin rostro a la que le duele la ausencia de ese amigo que llama, el que canta esa canción desconocida y con quien platica, pero al llegar la noche su ausencia se siente y pesa mucho más. Micaela y Juan han logrado dibujar con palabras y colores un paisaje de la ausencia.
Es en los libros donde nos reflejamos, nos reconocemos y nos reencontramos con la parte también de la vida que no se puede negar; las sombras y la oscuridad no existirían sin la luz, la muerte sin la vida y la alegría sin la tristeza; ¿por qué los libros tendrían que hablar solo de ese lado luminoso?, nuestras vidas están llenas de claroscuros, y en este libro Micaela y Juan nos ofrecen esa visión que, aun así, nos llena el alma después de su lectura, porque finalmente los que ya no están, los que se han ido nos cantan todos los días esa canción desconocida, pero que un día tendremos que conocer y cantar también para otros. Todos los días nos duelen y acompañan ausencias, silencios y sin embargo, la máquina de esta vida sigue y aquí estamos doliendo ausencias, respirando tristezas y escuchando cantos y voces que no se irán del todo.
Así de universal, así de eterno puede llegar a ser un libro, especialmente mucho más cuando es reflejo de la naturaleza humana fusionada con la palabra y la imagen, y por supuesto dos grandes talentos, como Micaela y Juan que lo llevan al buen puerto de la publicación.