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Ruy Pérez Tamayo en el recuerdo de Adolfo Castañón
Conocí a Ruy Pérez Tamayo como autor del libro El concepto de enfermedad, que editó el (Fondo de Cultura Económica, FCE). Era uno de los consejeros más conspicuos del área científica de la editorial.
Además de científico, don Ruy era un gran lector y escritor. Es autor, entre muchas otras obras de investigación, de un libro de ensayos en Siglo XXI editores titulado Serendipia, Ensayos sobre ciencia, medicina y otros sueños, publicado en 1980. El libro concentra el amplio delta de su curiosidad intelectual, científica, histórica y literaria.
Tuve la oportunidad de entrevistarlo para uno de los primeros programas de la serie de TVUNAM Los maestros detrás de las ideas. Gracias a eso pude asomarme un poco a su vida cotidiana. Se levantaba diario, antes de las 5 a.m., para ir al laboratorio; daba clases, escribía y leía. Durante muchos años jugó tenis.
Tenía una inteligencia aguda y exacta, como pudimos comprobar a lo largo de los años los miembros de la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua, de la que él formaba parte y yo era secretario.
Estaba enterado de los avances científicos y técnicos en el mundo. Conocía en persona y en obra a muchos Premios Nobel, pero era sobre todo una persona modesta y sencilla, dueña de un agudo sentido del humor. Tenía una voluntad de servicio que lo llevaba a dar conferencias y estar en foros y conversatorios regularmente.
No sé en qué volumen van sus Obras completas, editadas por El Colegio Nacional. Sé que las cuidaba celosamente y que era un hombre que sabía hacer libros.
Tenía además una excelente biblioteca, impecablemente ordenada. Era un hombre elegante, un caballero digno de su herencia maya. Algunos de sus ensayos deberán formar parte en lo que será una antología del ensayo mexicano moderno, como la que hace años preparó su amigo José Luis Martínez.
México pierde a una de sus grandes figuras en el ámbito de la ciencia y del saber universitario.
Descanse en paz.