Cambia vidas con libros

Una estudiante universitaria busca transformar la vida de habitantes de la sierra mixe de Oaxaca con un proyecto de bibliotecas comunitarias.

“¿Para qué estoy estudiando si no estoy generando nada para mi comunidad ni mi entorno?”, se cuestionó Adriana Kupijy Vargas Huitrón, alumna de Pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Para ella, en las primeras clases todo “era muy teórico y nada práctico” cuando antes había visto proyectos “prácticos, tangibles”.

Cursaba el segundo semestre (ahora está en el sexto) cuando le nació la idea de crear una biblioteca comunitaria en la ranchería de Tejas, en el municipio de Santa María Tlahuitoltepec, de donde es originaria.

“La idea era tener un lugar para fomentar la lectura, el conocimiento y donde se expresara el pensamiento de la comunidad”, explicó la estudiante, que tenía como meta reunir 500 libros, “pero llegaron muchísimos más, hasta ser unos 4,000”.

Adriana hizo la petición en redes sociales y para la mayoría de los donativos se citó con los benefactores en una estación del Metro de Ciudad de México. Después de recoger los textos los trasladaba a Oaxaca, donde una empresa le dio un “empujón” para sumar más libros por medio de redes sociales.

“Nosotros solo pensábamos trabajar en esta comunidad”, contó Adriana. Sin embargo se le presentó la oportunidad de hacer algo similar en la ranchería de Las Flores del mismo municipio. En este caso el material bibliográfico fue donado por Fomento Editorial de la UNAM, en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario, cuando reunió 633 cajas.

Toda una red

Ahora la joven busca extender la red a otras comunidades: Pachiñe, en el municipio de San Juan Guichicovi, y San Pedro Yosoñama, municipio de Tlaxiaco. Además, podría sumarse otro espacio en la comunidad de Tanetze, en Villa Alta.

“Nosotros nos adaptamos a las necesidades de los espacios”, expuso Adriana, a quien se han acercado representantes de otras comunidades para que les gestione computadoras o material didáctico, ofertas que está analizando.

La estudiante de Pedagogía explicó que se utiliza el concepto “comunitaria” porque muchos de los pueblos de Oaxaca todavía se rigen por un sistema normativo interno y “así es como se teje la comunidad”, porque es el propio pueblo el que elige a sus autoridades.

“Entonces, las bibliotecas pertenecen a la comunidad, no son de nadie en especial: una fundación o del gobierno, son de toda la comunidad, es de todos y todos somos responsables”, añadió.

Precisamente por esa característica de comunidad, Adriana consideró que “no es tan difícil obtener los espacios para las bibliotecas, como sí lo es en un sistema burocrático”.

Dijo que a las autoridades comunitarias se les hace el planteamiento y éstas les asignan un espacio dentro del edifico comunitario, porque saben que el beneficio “no es para una persona de la comunidad sino para todos”.

“Ése es nuestro lugar de trabajo para las bibliotecas, pero esos espacios nos están quedando chicos porque atendemos a más de 20 niños y necesitamos espacios más grandes, por eso este año vamos a gestionar espacios independientes”, expresó.

Adriana recordó que su iniciativa nació de una crisis porque “yo quería hacer algo por mi comunidad y por eso me cuestioné cómo podía ayudar”.

En México, según cifras de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, conformada por 31 redes estatales y 16 delegacionales, operan unas 7,427 bibliotecas públicas establecidas en 2,282 municipios y proporcionan servicios a 30 millones de usuarios anualmente.

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