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Afectan recortes presupuestales a industria y mercado del libro
Apunta presidente de Caniem que 2021 cerró con 25% de caída en apoyos.
Ciudad de México.- La reducción del gasto público que determinó el Gobierno de México como política de austeridad económica en todos los sectores ha afectado a la industria cultural, y en particular al mercado del libro, que desde 2018 comenzó a sentir el impacto de la cancelación de programas que servían de estímulo a la cadena del libro, en la que participan autores, editores, papeleros, impresores, distribuidores, libreros y lectores.
La ausencia absoluta de apoyos económicos a la industria editorial y librera, sobre todo en medio de la pandemia; los recortes de presupuestos a universidades, centros de investigación y bibliotecas que derivó en cancelación de compra de materiales a las librerías; la falta de continuidad de programas de adquisición de libros y revistas para las bibliotecas públicas y bibliotecas escolares, la virtualidad o cancelación de las ferias de libros, muchos como resultado de la política de austeridad de la actual Administración, han impactado a la cadena del libro.
Quizás los efectos más claros y visibles están en la cancelación del programa de coediciones que se operaba desde la dirección general de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, que impulsaba la bibliodiversidad a través de la participación con editoriales independientes. Y en la desaparición de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Filij), que en 2019 cambió de sede y luego, durante los últimos dos años, se dejó de realizar y se convirtió en un festival, que en 2021 tuvo pobres resultados (se realizó en diciembre, no en noviembre, como era tradición) en el Complejo Cultural Los Pinos (y no en el Centro Nacional de las Artes).
Sea desde las grandes editoriales o las editoriales independientes, desde las cadenas libreras o las librerías de barrio, desde la promoción de la lectura o las ferias del libro, la industria editorial ha sufrido los recortes al presupuesto que ha impuesto el Gobierno federal desde su llegada en 2018, donde apostó por la fusión, que no se ha concretado, de la Dirección General de Publicaciones y la red de librerías Educal bajo las directrices del Fondo de Cultura Económica, y la Estrategia Nacional de Lectura, que trabaja sin presupuesto asignado.
Más que la política de austeridad, nos ha afectado la falta de una política pública del libro, que atienda las necesidades de las pequeñas y medianas editoriales. El ecosistema del libro quedó fuera de la Secretaría de Cultura, lo que es un despropósito y se le delegó a una editorial pública que, hasta ahora, no ha mostrado ningún interés en apoyar a la industria editorial privada, además de que esa no es su vocación”, afirma Pablo Moya, presidente de la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI).
La crisis que ya sufría la industria se agravó con la pandemia, que provocó el cierre de las librerías, que es la salida comercial principal del libro en México. Juan Luis Arzoz, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), asegura que no ha habido absolutamente ningún apoyo del Gobierno y que apenas a finales del año pasado lanzaron una convocatoria para compra de libros para bibliotecas, que fue la Biblioteca SEP Centenaria 2021, con una inversión de 80 millones de pesos, y que acaban de lanzar una segunda convocatoria casi con el mismo presupuesto destinada a materiales educativos bilingües, denominada Biblioteca SEP Centenaria 2022.
El impacto es mayor entre las editoriales independientes. Guillermo Quijas, director de la editorial Almadía y presidente de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca y de la red de librerías Proveedora Escolar, apunta que la austeridad se ha sentido en los proyectos de coediciones que se hacían con el Gobierno federal, y los estados.
Las coediciones se han reducido y si antes no era un tema tan relevante para Almadía, se volvió relevantísimo con la pandemia, porque era un mecanismo para generar recursos y eso se ha visto mermado. Evidentemente las ferias de libros generan mecanismos de recursos públicos que permitían a editoriales tener presencia en ferias internacionales y nacionales”, señala el editor.