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El aniversario del Fondo de Cultura Económica
¿Cómo se construye la cultura? Esta es una pregunta difícil de responder. La cultura está en todo. Sin embargo, nuestros actos cotidianos, aunque imbuidos de “cultura” pueden convertirse en pasajeros rastros si no existiera el andamiaje que se ocupa de consolidarlos para la posteridad, mediante ese relato esencial de la vida.
La cultura es una columna vertebral que sostiene, pero a la vez es un río cambiante. Y con ese doble rostro, precisa de instituciones que le sirvan de cimiento. Las instituciones dedicadas a algo tan etéreo como la cultura se topan con frecuencia con la indiferencia y el desapego. La creencia de que las ideas, los libros, la música, las artes visuales y otras manifestaciones de la cultura no tienen una utilidad en la practicidad de la existencia, es producto de las mentes chatas o de las mal intencionadas. La verdad insoslayable es que las instituciones dedicadas a consolidar nuestro hálito vital, construyen lo que somos. Porque el humano es cultura.
¿Qué esfuerzo importante podemos hallar en Latinoamérica de una intención clara de construir la cultura nuestra? La respuesta la hallamos muy cerca: el Fondo de Cultura Económica. ¿Qué es y qué hace? El “fondo” es un capital económico que aportó el Gobierno de México en 1934 para la publicación de libros (y otros documentos) que sirvieran para la difusión de la cultura, con el claro entendimiento de que la cultura propicia el desarrollo. En un inicio, se pensó en publicar libros económicos como motor de los cambios profundos que vivía México. Pronto, se amplió el espectro: sociología, ciencias políticas e historia. De inmediato, se agrega la filosofía y luego, la literatura, las artes y,… ya no se paró. El espectro se abrió como las anchas alas de un enorme pájaro: publicaciones ambiciosas, con ediciones impecables que celebran el conocimiento, la diversidad, la disidencia, la belleza, el misterio del espíritu humano y de todo lo que somos. El Fondo de Cultura Económica no solamente ha publicado de forma generosa a los autores latinoamericanos. Ha posibilitado la traducción de infinidad de títulos que podemos leer en español gracias a su labor.
Como una cuestión que provoca intensa curiosidad, resulta que Guatemala cuenta de las pocas sedes del Fondo de Cultura Económica fuera de México. ¿Cómo nos agenciamos esa gran suerte? Nos ha brindado la oportunidad de contar con una amplísima variedad de libros publicados por el Fondo, publicados a precios muy accesibles. Pero además, su edificio se ha convertido en un centro cultural de importancia. Por estos días, cuando hay tan poco en la vida pública de nuestro país que nos alegre, celebramos con abundante gozo la existencia de este espacio que no solamente debemos apreciar, sino hallar la manera de conservar como una riqueza que ya nos pertenece. El Fondo está en Guatemala para quedarse.