Las cartas de Andrés Caicedo salvadas de la censura familiar

Desde los 15 años Andrés Caicedo no paró de escribir. En los diez años que vivió hasta que decidió quitarse la vida el 4 de marzo de 1977, escribió literatura, guiones y critica de cine, y muchas cartas. Lo último que escribió fue precisamente una carta al crítico de cine español Miguel Marías, la cual quedó en el rodillo de su máquina de escribir. Además de los 2 únicos libros que alcanzó a publicar en vida, incluida ¡Que viva la música! sus cientos y cientos de folios inéditos se conservaron gracias a su papá Carlos Alberto Caicedo, quien con respeto y gran amplitud mental cuidó, transcribió, clasificó la obra de su hijo escritor. Recogió todo lo que pudo encontrar. Lo organizó y guardó los manuscritos. Intactos.

Nunca se le pasó por la cabeza censurar una palabra; lo escrito estaba y era la palabra de un escritor por más incómodas que pudieran resultar. Soportó con un estoicismo y valor ejemplar textos tan duros sinceros como la memorable Carta al Padre, 26 páginas escritas a mano, de una crudeza emocional sin asomo de compasión.

Le abrió los archivos a los amigos de Andrés:  Luis Ospina y Sandro Romero, llevados a la casa familiar por Hernando Guerrero –quienes con todo el empeño les dieron forma editorial al origen de muchos de sus libros póstumos-, pero también a estudiantes interesados en la obra de Andrés.

Mientras Carlos Alberto Caicedo protegió la obra y facilitó su divulgación, hasta que su salud empezó a fallar, nunca hubo dificultad alguna. Previendo que los años empezaban a dejar su huella, le cedió los derechos de autor a sus tres hijas: María Victoria, Pilar y Rosario, quienes se asociaron en la sociedad Caitela y él se hizo a un lado. Su última actuación alrededor de la obra de su hijo, fue formalizar la donación de sus manuscritos a la Biblioteca Luis Ángel Arango. Viajó a Bogotá y firmó el acta de entrega al entonces Gerente General José Darío Uribe, quien la recibió con mucha gratificación porque además había sido un apasionado lector juvenil de ¡Que viva la música! y era un fan de Caicedo.

Desde 2009 la sociedad Caitela tomó las riendas de la obra y pronto afloraron los problemas. Un debate cargado de tensión familiar al rededor de la censura de textos y de cartas, que finalmente lograron ver la luz en su totalidad en Correspondencia, los dos tomos publicados por Planeta bajo la dirección editorial de Juan David Correa.

Los prejuicios de dos de las hermanas del escritor, María Victoria y Pilar tomaron forma por primera vez en su intención de censurar esta carta de amor de Andrés Caicedo a Jaime Manrique. La escribió en 1975. Tenía 23 años, pero como lo hizo siempre con su vida y la  escritura -poner la verdad de sus sentimientos y su mirada transgresora como ninguna en la Cali pacata de los años 60 por delante-, no dudó en revelar su amor homosexual.

En 2008 el escritor chileno Alberto Fuguet se propuso construir la vida de Caicedo con base a sus propios textos. Le presentó el proyecto a Editorial Norma, en donde María Elvira Bonilla dirigía la línea de no ficción y quien ya había editado el año anterior El cuento de mi vida, una primera recopilación de textos con tono autobiográfico. Fuguet se sumergió días enteros en el archivo, aun sin clasificar, en la biblioteca Luis Ángel Arango. Consideró crucial poder incluir la carta a Jaime Manrique, a la postre escritor y autor de varias novelas.

María Victoria y Pilar Caicedo vetaron la inclusión de la carta en el libro de Fuguet. Rosario, la menor de las tres, la más cercana a Andrés –Rosarito la llamaba, y así la menciona en muchos escritos-, se opuso a la decisión pero fue derrotada por la mayoría. Resultaba inconcebible el irrespeto al legado literario de un escritor y abrogarse el derecho de censurar textos escritos de puño y letra.

Rosario perdió la batalla. La carta no salió en la edición de Mi cuerpo es una celda (2008) pero el episodio encendió su compromiso con su hermano escritor: volver públicas la totalidad de sus cartas que finalmente revelan, mas que nada el alma de Andrés Caicedo, fiel a lo que él hubiera querido hacer. Inició entonces una verdadera cruzada durante doce años. Se trataba de una lucha por rescatar no solo sus palabras sino por enaltecer aun más la seriedad con que Caicedo tomó el oficio. Quería respetar su voz y también sus padecimientos y tormentas como las que vivió en el hospital psiquiátrico donde permeneció y desde donde lanzó este grito de angustia epistolar.

El  libro epistolar que ahora publica Planeta, estaba listo para salir con el sello del Fondo de Cultura Económica en el 2017.  El índice ya estaba preparado por el editor Mario Jursich y Luis Ospina y Sandro Romero habían escrito el prólogo. Sin embargo, cuando ya estaba en la puerta del horno, María Victoria y Pilar Caicedo no lo autorizaron. La censura continuaba con la totalidad de las 198 cartas listas a ser publicadas.

Alvaro Velarca, el gerente en esa época del Fondo de Cultura Económica en Colombia, quien tenía todo el interés con el proyecto, nunca pudo entender la verdadera razón de lo que había sucedido después de que todo parecía marchar hacia la publicación.  Esta vez Rosario, nuevamente en minoría, prefirió no gastar más palabras y dejar sentada por escrita su posición radical frente al respeto a la obra integral del autor y le escribió esta carta al editor del Fondo de Cultura Económica Mario Jursich.

Finalmente la cruzada ha terminado. El barco llegó a buen puerto. Planeta adquirió los derechos de la totalidad de la obra de Andrés Caicedo el año pasado. El editor de literatura de Planeta, Juan David Correa se ha propuesto no solo reeditar a Caicedo sino abrir la caja de pandora con valiosos textos inéditos. En la pasada Feria del libro de Cali, se lanzó de nuevo en otra edición la novela póstuma Noche sin Fortuna junto con Que Viva la Música. Y ahora sale Correspondencia, 198 cartas  que son el gran viaje al alma de Andrés Caicedo: no solo el escritor, sino el ser humano, un testigo de su tiempo, de su ciudad: Calicalabozo.

Anterior Siguiente