En el Día de la Industria, vale reflexionar sobre el pasado para cambiar el futuro

Evolución es sinónimo de desenvolvimiento histórico de una sucesión congruente de momentos y fases que vale la pena objetivizar.
La industria carece de existencia independiente, se vitaliza en función de un panorama social interno y de coyuntura mundial sumamente fluctuante.

En la Memoria que presentó Manuel Belgrano al Consulado en 1802 surge paladinamente los ideales industrialistas que se pregonaban como elemento basal de la Revolución. En tal sentido, expresó: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse y todo su empeño es conseguir no sólo darles nueva forma, sino aun extraer del extranjero productos para ejecutar los mismos y después venderlos”. 

“Nadie ignora que la transformación que se da a la materia prima, le da un valor excedente al que tiene aquella en bruto, el cual puede quedar en poder de la Nación que la manufactura y mantener a las infinitas clases del Estado, lo que no se conseguirá si nos contentamos con vender, cambiar o permutar las materias primeras por las manufacturadas”. Con el mismo sentido escribió Alberdi en su obra Estudios Económicos que la industrialización es pilar del desarrollo de la Nación.

VALOR
El pensamiento de los Padres Fundadores encuentra una explicación válida en dos cuestiones principales: el español peninsular despreciaba todo lo vinculado al desarrollo de artes mecánicas, en contrapunto con la opinión imperante en el resto de los europeos que se aprestaban para el inicio del proceso económico de la Revolución Industrial; y el andamiaje legal implantado en las colonias se encontraba fuertemente condicionado a la consolidación del sistema extractivo de materias primas metalíferas, principalmente, como así también por la penetración del consumo de los productos provenientes de España exclusivamente.

Por su parte el inglés, se caracterizó por ser mezquino con la transferencia del conocimiento industrial, y sólo se  limitó a desarrollar un sistema de préstamos para la compra únicamente de su manufactura para suplir la falta del capital nacional, más aún si se considera que el poco capital de aquella Argentina se colocaba a disposición de las labores agrarias, NO hacia la industria, por lo ya dicho sobre el paradigma heredado del hispano.  

SIN ORDENAMIENTO JURÍDICO
Quiero dejar claro que la actividad industrial vista como  elemento traccionante del desarrollo económico de la nación, ya era un claro objetivo en los albores de la República. No obstante, para poder implementarlo,  se debía vencer la falta de organización nacional, es decir, debía brindarse seguridad jurídica para poder conformar capital industrial. 

Una vez que se consolidara la conformación del tesoro y del capital industrial, se necesitaba mano de obra calificada, por lo que la educación era fundamental como también construir infraestructura para generar la consolidación industrial, caminos, puertos, etc.
El estancamiento de la Conquista fue muy bien ilustrado por Carlos Pellegrini, quien escribió en la Revista del Plata que hasta 1810 era desconocida la explotación fabril, indicando otros autores que en los 20 años que siguieron, se progresó lo que no se había hecho en 230 años anteriores de colonia. 

Como se anticipó, la primera  valla a traspasar fue la necesaria organización nacional, que se comienza a gestar a partir de la sanción de la Constitución Nacional, es decir a partir de 1853. Pero recién hasta 1880 no se logra un mejor ordenamiento institucional; no es casual que a partir de ahí se acelere el proceso de industrialización, jugando un papel destacado la Unión Industrial Argentina, la cual llevó adelante las primeras estadísticas de producción manufacturera del país.

IGUAL
Lo escrito hasta ahora no parece ser historia, ya que nos encontramos limitados por las mismas anclas de hace más de un siglo: falta de capital, seguridad institucional y jurídica, educación, mano de obra capacitada, destacándose una economía primaria sin desarrollo de subproductos fuera de los comodities, tecnología etc.

Nuestro pasado es nuestro presente, persigamos que no sea nuestro futuro. Esta misión  no es sólo trabajo de los industriales, nuestra sociedad entera debe alinearse bajo esta bandera, bajo la cual no hay escisión entre industria y desarrollo del país.

Los industriales sólo necesitamos reglas claras para sostener la inversión necesaria, cuyo capital estaría disponible inmediatamente si se advirtiese que se ha tomado la decisión de ir hacia el camino del desarrollo. Sabemos lo que hay que hacer para la industria que viene.  

LO QUE VIENE
Hoy atravesamos una nueva revolución industrial. La Industria 4.0 no es sólo una industria automatizada que busca maximizar la eficiencia mediante la agilidad y versatilidad que le proporciona la tecnología, sino que también debe estar en armonía con la sustentabilidad del medio ambiente, con exaltación de la personas que la ejecutan como centro de gravitación de agregado de valor. 
Tenemos una nueva oportunidad de comprometernos en este sentido en la pospandemia COVID-19. Brindemos en este día para romper definitivamente con nuestra parálisis de paradigma. 

(Bibliografía: Historia de la Industria Argentina Adolfo Dorfman - Hyspamerica p.9 1970; Adolfo Dorfman, La Industrialización en América Latina y Políticas de Fomento, pág. 9. México, Fondo de Cultura Económica, 1967)

 

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