Templos de lectura

En nuevo curso escolar, a distancia, una de las competencias y habilidades que, al parecer, menos se desarrollará en los alumnos será el de la lectura. Vista por muchos como un hábito personal, esta práctica ha disminuido considerablemente en los últimos cuatro años en México.

Académicos, maestros, escritores e intelectuales no se ponen de acuerdo. Unos dicen que es un pasatiempo, otros opinan que no es tan necesaria como aprender matemáticas o química, y otros apenas sobreviven de sus publicaciones (que quizá muy pocos leerán). Lo que es un hecho es que la lectura está perdiendo fuerza en cualquier estrato social o de edad en el país.

La historia nos muestra que la conducta humana es caprichosa. En la Edad Media, por ejemplo, se prohibía leer ciertos libros. La única institución que validaba qué títulos sí se podía leer y cuáles no era la Iglesia.

Pero el Renacimiento y la Ilustración mostraron que la lectura era indispensable no solo para emanciparse de un pensamiento que se creía único sino para responder a esas preguntas que nadie se atrevía a hacer por miedo a terminar en la hoguera.

Quinientos años después existe un sinfín de editoriales y opciones que si a los lectores les alcanzaran los recursos tendrían vastas bibliotecas en sus casas.

¿Leer o comprender?

De acuerdo con los contenidos de primaria y secundaria de este ciclo escolar 2020-2021, la comprensión lectora tiene espacio en la materia “Lengua materna” (antes llamada español), en la que se ven aspectos muy básicos de la lengua y la lectura. Se enseña al alumno a comprender un texto (a medias), ya sea periodístico, literario o científico. Hasta ahí.

¿Estas estrategias académicas alcanzan para fomentar la lectura?

La respuesta nos la da el Módulo Sobre Lectura 2019 (MOLEC) del Inegi. Durante el 2019, el 42% de los encuestados dijo haber leído un libro. Este número es el más bajo en los últimos 4 años. En 2015, el 50% de la muestra dijo haber leído cuando menos un libro. En 2016 fue el 45.9%; en 2017, el 45.3%; en 2018, el 45.1, y en 2019, el 42.2%.

¿Por qué no se lee?

Los argumentos que dieron los encuestados fueron los siguientes: falta de tiempo (47.9%) y falta de interés (21.7%). El optimista 47.9 por ciento reveló que, aunque quisiera leer y busque darse el tiempo, no lo tiene. Se rompieron las cadenas con la Iglesia, pero cómo pesan los grilletes del capitalismo.

¿Quiénes leen?

El MOLEC del Inegi reveló que el 64.8% del universo encuestado con un título universitario sí lee. Por el contrario, los que terminaron la educación media superior lee un 36.3% y los que solo terminaron la secundaria lee un 24.7%.

Esfuerzo inédito

Según estas cifras, podemos apreciar que la lectura no exige más allá de cumplir meramente con una tarea o examen en los planes de estudio de educación básica y media superior. Leer, por lo menos en la educación formal, debe dejar de considerarse como un hábito lúdico para despertar la imaginación o una aburrida aduana para pasar de año.

Debe considerarse como una herramienta para interpretar la realidad a través de la hermenéutica y la semiótica, con el apoyo de especialistas y pedagogos según cada nivel educativo.

Una escuela debe ser estimada como un templo de lectura, un espacio donde los maestros sean esos míticos sabios que encaminen y encaucen a sus educandos.

Académicos, semiólogos, escritores, profesores, así como mediadores de lectura, podrían hacer un esfuerzo inédito en trabajar en una materia para primaria y secundaria que permita construir un conocimiento y una asimilación literaria, histórica, social y política, por lo menos de nuestro México. (Y que no lleve aquellos anacrónicos nombres de “Lectura y redacción”, o “literatura”, sino un título disciplinario que sea atractivo para los y las niñas y jóvenes de este país).

Convenio

Editoriales y gobierno trabajarían en un convenio sin precedente en el que los escritores podrían promocionar sus obras en escuelas primarias y secundarias de todo el territorio mexicano (y hasta preparatorias) y no solo en las ferias de libros o presentaciones en librerías o centros culturales.

O viceversa, presentarlos en librerías y centros culturales donde alumnos de primaria y secundaria interactúen como parte del contenido de la materia y obtengan una experiencia más directa con la labor de escribir, publicar y leer un libro.

Representaría, además, una oportunidad para reactivar no solo la lectura sino las librerías y las editoriales que tanto han sido golpeadas por la pandemia del coronavirus.

Si las televisoras más importantes pudieron hacer un convenio con el gobierno federal para transmitir las clases en línea, no veo por qué no pueda hacerlo con las editoriales grandes, pequeñas e independientes de este país.

La industria editorial se echaría a andar de nuevo. Escritores compartiendo experiencias de tú a tú con los alumnos de cada estado, presentando sus obras y bajándose tantito del pedestal. El planteamiento podría ser redondo para los alumnos de primaria y secundaria, para las editoriales y los propios escritores, todo con el propósito de llevar la lectura donde realmente debe estar.

El esfuerzo sería mayúsculo, se moverían muchos intereses, muchos, pero si queremos hacer que nuestras niñas y niños no solo practiquen la lectura sino que comprendan y construyan un futuro mejor a partir de los libros, creo que vale la pena vencer cualquier obstáculo.— Mérida, Yucatán.

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