Escritura y escritores

Dice una novelista del Sur de Norteamérica que a muchos escritores no les interesa lo que escriben, lo que les importa es publicar. Lo que puede ser un contrasentido no lo es, un ejemplo claro está en quienes se han ido lejos de los reflectores luego de haber visto una de sus obras editadas. Han guardado silencio, incluso han desaparecido de la vida pública. En México tenemos casos “raros”, el propio Juan Rulfo es uno de ellos; semejante a Edmundo Valadés: ambos de una notable producción escasa pero internacional.

Rulfo publica un par de libros y guarda compostura porque quizá ya no tenía nada que decir, lo agotó todo (recursos, temas) en Pedro Páramo El llano el llamas. El caso de Valadés es bastante curioso: La muerte tiene permiso y Solo los sueños y los deseos son inmortales, palomita, son sus libros de cuento. Sí: el mismo le dijo una vez a Alejandro Aura que no tenía una justificación para explicar su silencio. A cambio fue un excelente crítico y animó, desde la revista imprescindible El Cuento a muchos autores de ficción breve hispanoamericanos, en esos años tan en boga. Él fue quien dio a conocer a escritores que al paso de los años serían lectura obligatoria, entre otros a Julio Cortázar.

“Quien escribe no deja de hacerlo, aunque no lo haga en el papel”.

Simenon nos legó una enorme colección de argumentos policiacos, lo mismo que Agatha Christie, no pararon de escribir.

Igual aparece la siempre polémica Patricia Highsmith y así la lista es extensa.

Me debo detener un poco en la sorprendente autora de Matar a un ruiseñor: Harper Lee (amiga de Truman Capote) obtuvo el premio Pulitzer y guardó un pavoroso silencio, dio muy pocas entrevistas y se retiró.

Antes de que la memoria no me lo permita citaré a J. D. Salinger y su clásico El guardián entre el centeno y los Nueve cuentos. Estas obras han generado miles de estudios que nunca tendrán los más productivos del mundo.

Nadie vive de lo que escribe. Hay tareas paralelas. Afortunados los pocos que logran sobrevivir de lo que redactan. Es por eso que insisto en el valor de la ficción y de la imaginación. Finalmente es lo que nos resguardará de los desastres. El tiempo es el mejor o el peor de los aliados, una verdad indiscutible, creo.

 

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