Hace cien años se fundó la Secretaría de Educación Pública bajo la dirección de José Vasconcelos

-Para Natalia en sus diecinueve 

A principios de 1921, el joven poeta Jaime Torres Bodet se presentó a su nuevo trabajo como secretario particular del rector de la Universidad Nacional, José Vasconcelos. Llegó con la reverencia que inspiraba en él la figura primordial de la educación en México. Con una calma de sabio, el rector comenzó a hablarle de sus ambiciones institucionales.

“Tenía el proyecto de crear una Secretaría de Educación Pública Federal, organismo de funciones amplísimas, compuesto –según una fórmula trinitaria en la que no sé si su ánimo de filósofo veía, como yo, una evocación de los tres dantescos estados de la Comedia- por tres poderosos departamentos: el escolar, el de bibliotecas y el de bellas artes”, escribió Torres Bodet en sus Memorias.

Una frase de Vasconcelos impresionó a su ayudante: “Sobran genios. Lo que necesitamos son albañiles.” Sobre esa idea constructora se levantó la SEP, una de las instituciones más sólidas del México moderno.

 José Vasconcelos nació en la ciudad de Oaxaca el 27 de febrero de 1882. Llegó a la capital del país en su adolescencia para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria –que en ese tiempo estaba en el edificio de San Ildefonso- y se recibió como abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia –antecedente de la Facultad de Derecho de la UNAM.

A finales del Porfiriato presidió el Ateneo de la Juventud, un grupo de pensadores y escritores defensores de los valores del humanismo, especialmente la recuperación de la cultura clásica. Alfonso Reyes, Antonio Caso y Julio Torri fueron algunos de quienes participaron del Ateneo, todos ellos reunidos en torno al intelectual dominicano Pedro Henríquez Ureña.

Con el estallido de la Revolución, Vasconcelos se unió a la lucha encabezada por Francisco I. Madero, quien lo nombró su representante en Washington. Tras el asesinato del presidente, Venustiano Carranza designó al oaxaqueño enviado  especial ante  los  Gobiernos  de  Francia,  Inglaterra y  España.

En 1919 Carranza también fue asesinado y Adolfo de la Huerta quedó al frente de la presidencia de manera interina. En esa calidad nombró a Vasconcelos Rector de la Universidad Nacional, que en ese momento no era autónoma.

Cuando Álvaro Obregón fue electo presidente de la República en 1920 entendió que el problema educativo era fundamental en un país que salía del torbellino revolucionario. De ahí que el tres de octubre de 1921 –hace exactamente cien años- apareciera en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el cual se creaba la Secretaria de Educación Pública. Su misión era reducir el alto índice de analfabetismo en el país, que excedía el 70%.

Una secretaría revolucionaria

La dirección de la nueva dependencia quedó a cargo del rector Vasconcelos. Los planes que Vasconcelos había confiado a Torres Bodet al inicio de aquel año poco a poco tomaban forma. A la SEP la conformaron los tres departamentos –escolar, bibliotecas y bellas artes- que pretendía el maestro.

El lunes 10 de octubre de 1921 Vasconcelos fue nombrado oficialmente secretario de Estado. Al día siguiente EL UNIVERSAL publicó en primera plana: “Antes que el señor Presidente eligiera para Secretario de Educación Pública Federal al licenciado José Vasconcelos, ya la opinión unánime había hecho esta elección. Ha sido este uno de los casos poco frecuentes en todas partes en que el criterio del gobernante y el de los gobernados es uno mismo”.

La creación de la secretaría propició una acalorada discusión porque los gobiernos estatales vieron en la figura de una dependencia federal una intromisión en sus funciones a nivel local. En respuesta a esta inquietud, el gobierno federal respetó las escuelas con jurisdicción estatal que debían convivir con las creadas por la SEP.

El problema en materia educativa entre centro y estados no desapareció del panorama político de México en todo el siglo XX y en ocasiones se agravó. Por ejemplo, cuando se creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos –en 1959- porque varios estados se opusieron a la enseñanza de un texto único.

El trabajo que José Vasconcelos desempeñó al frente de la SEP ha sido ampliamente reconocido. En 1947, el historiador Daniel Cosío Villegas –fundador del Fondo de Cultura Económica y de El Colegio de México- escribió en su célebre ensayo “La crisis de México”: “José Vasconcelos personificaba en 1921 las aspiraciones educativas de la Revolución como ningún hombre llegó a encarnar, digamos, la Reforma Agraria o el movimiento obrero. (…)
 
“Apareció ante el México de entonces una deslumbrante aurora que anunciaba el nuevo día. La educación no se entendió ya como una educación para la clase media urbana, sino en la única forma en que en México puede entenderse: como una misión religiosa, apostólica, que se lanza a todos los rincones del país llevando la buena nueva de que la nación se levanta de su letargo y camina.”

El empeño puesto por la secretaría de Vasconcelos para difundir las letras y los números en todo el país tuvo dimensiones admirables. Uno de los proyectos más recordados de la época fue la impresión y difusión de textos clásicos a cargo de la secretaría.

El secretario pretendía que en la ranchería más apartada hubiera una biblioteca decorosa que contara con los Evangelios, las Vidas Ejemplares de Romain Rolland; el Fausto de Goethe; las Vidas Paralelas de Plutarco; la Divina Comedia, de Dante Alighieri; la Ilíada y la Odisea, de Homero; Cuentos escogidos de Tolstoi; los Diálogos de Platón; las Tragedias de Esquilo y Sófocles; las Eneadas de Plotino y la Nueva Luna de  Rabindranath Tagore.

No obstante, como han sostenido algunos historiadores, como Alberto Arnaut, la acción de la secretaría fue insuficiente en estados como Veracruz, Tamaulipas, Sonora, Jalisco, Chiapas y Yucatán. La mala calidad de los caminos en México, los problemas económicos o administrativos que había en cada región, así como una renuencia de varios profesores capitalinos a emprender la “cruzada educativa”, diluyeron las expectativas que se tuvieron con la fundación de la dependencia.

Pese a estas dificultades es innegable la contribución que ha hecho la SEP a lo largo de un siglo en favor de los mexicanos. Según cifras del INEGI, en 1921 el 71.4%  de la población en el país no sabía leer ni escribir. Casi cien años después, en el censo de 2020 sólo el 4.7% pertenecía al analfabetismo.
 
Vasconcelos renunció a su puesto en 1924. Dos años antes había inaugurado las oficinas centrales de la SEP en el número 28 de la calle de República de Argentina, donde permanecen hasta el día de hoy. A la inauguración asistieron siete mil personas. Los muros del edificio fueron dados a Diego Rivera, Amado de la Cueva, Jean Charlot y Roberto Montenegro para que hicieran de ese espacio uno de recintos emblemáticos del muralismo.

Los sucesores de Vasconcelos 

La cartera de Educación goza de gran prestigio en el gobierno mexicano. Una de las personas que contribuyó a que ese prestigio se consolidara fue, precisamente, Jaime Torres Bodet, quien ocupó el cargo dos veces, una con Manuel Ávila Camacho, de 1943 a 1946, y la otra con Adolfo López Mateos, de 1958 a 1964.

En este último periodo se creó la Conaliteg, a cargo del escritor Martín Luis Guzmán, una de las plumas más finas del español, autor de La sombra del Caudillo

Narciso Bassols estuvo al frente de la secretaría durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Fue el impulsor entusiasta de la educación socialista.
Otro escritor que dirigió la SEP (de 1964 a 1970) fue el Agustín Yañez, quien escribió novelas deslumbrantes como Al filo del agua y Las tierras flacas. 

En el gobierno de José López Portillo la oficina de República de Argentina número 28 quedó bajo la instrucción de Porfirio Muñoz Ledo del primero de diciembre de 1976 al nueve de diciembre del siguiente año.

Jesús Reyes Heroles, figura principal de la política y la historiografía mexicanas, murió cuando encabezaba esta dependencia, en 1985. Había sido nombrado por Miguel de la Madrid dos años antes. Lo sustituyó otro político notable, también escritor: Miguel González Avelar.

El presidente Carlos Salinas de Gortari tuvo cuatro secretarios de Educación: Manuel Bartlett Díaz (1988-1992); Ernesto Zedillo Ponce de León (1992-1993); Fernando Solana Morales (1993-1994) y José Ángel Pescador Osuna (1994). Zedillo ha sido el único presidente de la República que provino de la SEP.

En cien años sólo dos mujeres han sido secretarias de esta institución: Josefina Vázquez Mota (2006-2009) y Delfina Gómez Álvarez (2020 a la fecha).


En estos cien años la Secretaría de Educación Pública se ha consolidado como una de las instituciones más nobles del México moderno. Archivo EL UNIVERSAL.

FUENTES

Torres Bodet, Jaime, Memorias, México, Fondo de Cultura Económica, 2015

Daniel Cosío Villegas, “La crisis de México”, Cuadernos Americanos, marzo-abril 1947.

Archivo histórico de EL UNIVERSAL

 

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