Crisis y acuerdo político: ¿qué relación?

El propósito de este artículo no es criticar o evaluar ningún acuerdo político o acuerdos firmados entre ciertos sectores de la vida política haitiana. Eso sería tomar una posición por uno sobre el otro. Esto sería entrar en una lógica partidista que es contraria al espíritu científico o filosófico que nos impulsa. Este artículo es preferentemente un ejercicio de reflexión, un esfuerzo de pensamiento crítico, un intento de ir al fondo del pozo para pensar lo impensable y desarrollar algunos referentes teóricos, conceptuales y metodológicos sobre la relación entre crisis y acuerdo político.

A menudo, los propios actores políticos pueden no comprender la complejidad, la peligrosidad, la dificultad de la noción de acuerdo político y sus vínculos intrínsecos con la crisis. Se embarcan en una aventura problemática ignorando su indeterminación, fragilidad, complejidad, densidad y explosividad.

Para nosotros, tratar de vincular la crisis y el acuerdo político significa poner en práctica este proverbio haitiano: dèyè mòn gen mòn (hay montaña detrás de la montaña). Detrás de la visibilidad hay invisibilidad. Para comprender mejor la visibilidad, se debe tener en cuenta la invisibilidad. El acuerdo político esconde conceptualmente muchas realidades que ni siquiera los actores políticos pueden entender, ya que es tan denso.

El término acuerdo político es de alguna manera problemático, cuando sabemos que la política es inherentemente conflicto, antagonismo, lucha por el poder. Esto se debe a cómo varios actores políticos que luchan por el poder pueden ponerse de acuerdo. Para recordar a Carl Schmidt (1972), la lógica política es una lógica de amigo y enemigo. Chantal Mouffe (2011, 2009) muestra cómo lo que impulsa la democracia es la lógica agonística, el conflicto y su modo de funcionamiento. Además, el campo político es un campo de fuerza, de lucha por el prestigio, por la interpretación pública de la realidad política. Cada partido político, cada líder político, cada grupo político busca transmitir su visión de las cosas, su representación de la realidad política para ganar visibilidad, reconocimiento y legitimidad.

La intervención de un líder político en el espacio político no es neutral. Es parte de una lucha por la apariencia, para mostrar la superioridad de una posición sobre la realidad política. Así que el campo político es un campo de combate, de conflicto. Esto demuestra que el acuerdo político plantea en su esencia un conjunto de preguntas sobre su naturaleza, sabiendo que las fuerzas políticas tarde o temprano deben encontrarse en un cara a cara por la conquista del poder. A diferencia del campo político, el campo científico, aunque pueda ser impulsado por conflictos, se esfuerza por pensar en la lógica y la inteligibilidad de la realidad política armándose con el método. Emile Durkheim (2007), el sociólogo francés, subraya que el trabajo científico debe romper con los prejuicios o ídolos de Bacon, salirse del camino y tratar de captar los hechos sociales en su independencia de las ideas preconcebidas.

Del mismo modo, pensar en la relación entre crisis y acuerdo político es aceptar romper con prejuicios, ideas preconcebidas sobre la realidad política. Como hemos dicho, el acuerdo político plantea un problema conceptual: ¿cómo se puede llegar a un acuerdo político si la esencia de la política es el conflicto? ¿Cuál es la naturaleza de este acuerdo, su visión de la crisis?

Para tratar de resolver este nudo gordiano, digamos que el acuerdo político es una forma de hipótesis sobre la crisis, una respuesta provisional que da a la crisis al tratar de alejar el peligro que la acompaña. Cualquier acuerdo político proporciona un ángulo de entendimiento, de interpretación de la crisis. Así que la esencia de un acuerdo político se refiere a su comprensión de la complejidad, de la naturaleza de la crisis. Ningún acuerdo político puede sobrevivir si no ofrece una verdadera interpretación de la crisis.

Esto significa que existe un vínculo directo entre el acuerdo político y la crisis. Para entender este vínculo intrínseco, es necesario pensar en ciertas determinaciones del acuerdo político. Esto último es parte de una dinámica temporal. Un acuerdo político está atravesado por una complejidad temporal. Su tiempo no es inequívoco. Existe el tiempo antes del acuerdo, el tiempo del acuerdo y el tiempo después del acuerdo. En su esencia, el acuerdo político debe integrar esta heterogeneidad temporal en su esencia.

El tiempo antes del acuerdo es el tiempo de desacuerdo, crisis, tensiones, peleas. Es esta vez la que lleva a la búsqueda de acuerdo. Una verdadera comprensión del tiempo antes del acuerdo es esencial, ya que su supervivencia depende de ello. Es necesario tener una comprensión real y profunda de las tensiones de la realidad para llegar mejor a un acuerdo político. Luego está el momento del acuerdo político; es el momento de su firma. Este tiempo es de gran importancia porque me relaciona con el pasado inmediato y el presente. Esto hace que uno se pregunte si el presente tiene en cuenta este pasado reciente. Uno tiene que preguntarse si no hay una desviación del pasado reciente. Finalmente, está el tiempo después del acuerdo político. Un acuerdo político debe pensar en su futuro inmediato, sabiendo que el tiempo antes del acuerdo puede regresar. Sería el regreso de lo reprimido: contradicciones, conflictos, luchas, antagonismos. La complejidad temporal del acuerdo político es obvia.

Otro elemento a tener en cuenta en cualquier acuerdo político son los actores políticos. Debemos cuestionar su cantidad, calidad y legitimidad. No basta con decir que existe un acuerdo político sobre una crisis determinada. Tener en cuenta a los actores es de gran importancia. ¿El acuerdo político reúne a suficientes actores para ser aceptado, sabiendo que cualquier acuerdo político debe ser necesario para excluir? No todos los actores de la escena política estarán de acuerdo con un acuerdo político. Complican la idea de acuerdo político. Un acuerdo político también puede decidir excluir deliberadamente a ciertos actores políticos e hipotecar su futuro. La pluralidad de actores significa pluralidad de concepciones sobre el bien público.

El acuerdo político también debe tener en cuenta la calidad de los actores, preguntando con quién firmar un acuerdo político. Hay actor y actor. Esto significa tener en cuenta la capacidad de un actor para influir en el curso de las cosas. Digamos ahora que un actor se define por su capacidad para movilizar recursos, estrategias en el contexto de las tensiones sociales. La calidad del actor es fundamental para dar viabilidad al acuerdo político.

Esto finalmente nos lleva a cuestionar la legitimidad de los actores. Es de gran importancia saber si los actores son reconocidos y aceptados en la sociedad, si pueden ejercer alguna influencia en el curso de la realidad. En Haití hay muchos o demasiados actores políticos. Es importante cuestionar su aceptación en la sociedad. Laënnec Hurbon (2014) coordinó un libro sobre los partidos políticos en la construcción de la democracia en Haití y destaca un grave problema: el de su falta de institucionalización. Los partidos políticos carecen de anclaje social, representación y reconocimiento social.

Además, un acuerdo político debe abarcar los objetos relacionados con la naturaleza de la crisis política. Es necesario cuestionar la naturaleza de la crisis: su objeto central. Una crisis política siempre se desarrolla en una coyuntura que es el momento de concentración, densificación, la explosión de la correlación de fuerzas políticas. El momento de la crisis es cuando los diversos niveles de la realidad social se fusionan: lo político, lo económico, lo cultural, lo social se intensifican, interactúan. El campo político parece concentrar en su interior todas las contradicciones del orden social. Todo tiene una dimensión política. Pero, sin embargo, la verdadera naturaleza de la crisis puede no ser política. Por lo tanto, es necesario tener una comprensión clara de la crisis para identificar mejor el propósito central del acuerdo político. Esto nos lleva a tratar de conceptualizar la noción de crisis para ver si puede haber una relación profunda entre crisis y acuerdo político.

El análisis de la crisis es necesario para identificar mejor los fundamentos del acuerdo político, que se supone que es una hipótesis, una cierta forma de leer, entender, interpretar la crisis. Pero esta comprensión de la crisis no es nada fácil, porque en su esencia la crisis es compleja, indeterminada, abierta, contradictoria. Saca a relucir una variedad de fuerzas sociales y políticas en una coyuntura dada. Esta es la palabra clave de la crisis: la situación económica. Toda crisis aparece en una coyuntura, que es un momento de concentración, de coagulación de las fuerzas políticas y sociales. La coyuntura es tiempo corto, tiempo de tensión compleja, flujos contradictorios. También es el momento en que surge una pluralidad de posibilidades, lo que pone a los actores políticos en una situación difícil a la hora de actuar.

La crisis aparece en una coyuntura. Esta es la temporalidad coyuntural. Detrás de ella está la temporalidad estructural. La crisis oscila entre el tiempo de la estructura y el tiempo de la coyuntura. Esta complejidad, esta heterogeneidad temporal, nos invita a tener en cuenta la naturaleza enigmática de la crisis. Sus manifestaciones fenoménicas no revelan toda su densidad estructural y complejidad interna. La teoría de la coyuntura de la crisis debe estar relacionada con el momento estructural para identificar las conexiones, las interacciones entre los niveles y los rangos temporales de la crisis. En nuestro ensayo sobre teoría de la crisis (Mezilas, 2014) señalamos que "la intensidad cíclica de la crisis está ligada a una especie de densidad temporal. La crisis tiene una memoria temporal plural, en la que el momento de la coyuntura subyace a la dimensión estructural. Esto significa que relaciona el tiempo de la coyuntura y el tiempo de la estructura. Estos dos tiempos forman una red de relaciones internas que son dialécticamente necesarias para comprender la naturaleza compleja de la crisis. Es abierto, indefinido, indeterminado, contingente, problemático. Estas características de la crisis invitan, por lo tanto, a la creatividad conceptual para capturar sus increíbles riquezas. Esta inventiva conceptual resulta de la captura de la realidad concreta y de una utopía transformadora del statu quo. »

La esencia de la crisis es estar en una complejidad temporal. Su surgimiento cíclico da lugar a una pluralidad de manifestaciones fenoménicas. Esto puede llevar a su mala interpretación. Las múltiples apariencias de la crisis esconden su verdadera naturaleza compleja. Esto significa que el acuerdo político debe reconocer la riqueza, la densidad, la complejidad, la apertura de la crisis. Un cierto contenido del acuerdo político puede no captar la esencia de la crisis. En el caso haitiano, lo que está en juego es claro. La crisis política se refiere a varios niveles: normativo, institucional, práctico, etc. El estallido cíclico de la crisis no siempre saca a relucir sus profundas dimensiones estructurales. Por eso cualquier crisis es también una crisis de interpretación de la crisis. El trabajo de descifrar y comprender la crisis es titánico, ya que se trata de captar sus ondas internas para traducirlas al texto del acuerdo, muchas veces respaldadas por la lógica superficial de la coyuntura. El momento de la crisis merece ser pensado con miras a encontrar una solución real.

No sólo hay que pensar en el momento de la crisis, sino que también hay que reconocer que cualquier crisis conlleva una pluralidad de posibilidades en cuanto a alternativas. La crisis como tal es la manifestación de un inmenso campo de posibilidades para superar sus contradicciones internas. Por lo tanto, es necesario saber identificar las posibilidades reales que ofrece. Estas posibilidades pueden verse frustradas por la pluralidad de proyectos políticos de los actores. La interpretación de la crisis es una cierta lectura ideológica de la crisis. Esto significa que la importancia de la crisis reflejada en el acuerdo político a menudo está vinculada a un proyecto, una posibilidad entre otros.

El acuerdo político puede tener dificultades para captar toda la riqueza, la diversidad de posibilidades de la crisis, por la motivación de los actores que llaman a pensar y construir una alternativa sobre la crisis. Si la crisis es una oferta compleja hecha al imaginario político, puede resultar difícil elaborar la solución que debe conducir a la superación de la crisis. Esta dificultad para captar, verbalizar la oferta de la crisis puede referirse al hecho de que la crisis oscila entre el tiempo de la coyuntura y el tiempo de la estructura. Esta última vez se refiere al largo plazo, en un momento que no coincide con la aparición o estallido de la crisis.

Para ello, un acuerdo político, para ser una hipótesis real sobre la crisis, debe partir de un conocimiento de su complejidad y densidad. No debe identificarse solo con la superficie de la crisis, como el momento de su concentración, densificación, coagulación, explosividad. La temporalidad estructural es necesaria como conexión lógica, interna y compleja de la crisis con las diferentes mutaciones, transformaciones, evoluciones y adaptaciones de la crisis en su proceso histórico. Al proceder de esta manera, el acuerdo político evita instrumentalizar la crisis con fines demasiado partidistas y oportunistas. Vincular la crisis y el acuerdo político presupone una inteligibilidad crítica de la crisis, su complejidad interna y su indeterminación esencial.

Bibliografía

Durkheim, Emile, Les règles de la méthode sociologique, París, PUF, 2007.

Hurbon, Laënnec, Les partis politiques dans la construction de la démocratie en Haïti, Estocolmo, IDEA, 2014.

Mezilas, Glodel, ¿Qué es una crisis? Éléments d'une théorie critique, París, L'Harmattan, 2014.

Mouffe, Chantal, En torno a lo político, México, Fondo de Cultura Económica, 2011.

Mouffe, Chantal, El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo y democracia radical, Barcelona, Editorial de España Libros, 2009.

Schmidt, Carl, La noción de política. Théorie du partisan, París, Flammarion, 1972.

Glodel Mezilas, PhD

 

 

Anterior Siguiente