Poesía del siglo XIX

Gracias a un volumen de la colección 21 para el 21, que publica y entrega estos días el Fondo de Cultura Económica, me reencuentro con algunas letras de Manuel Acuña que si en el momento de la primera lectura, en los lejanos años universitarios, lucían como romanticismo en el más vano sentido de la palabra, no en el literario, a la luz de siglo y medio que ha pasado desde su presentación supongo que dejarán al nuevo lector estupefacto, sobre todo por el desenlace trágico del coahuilense. Antología de poesía mexicana del siglo XIX, con selección de Ezra Alcázar y prólogo de Edith Negrín Muñoz, echa una mirada sobre la obra cocinada al fragor de los nuevos tiempos independentistas y las consecuencias obligadas: guerras intestinas e intervenciones extranjeras. El libro comienza precisamente con Acuña, aquel joven estudiante de medicina que gustaba de cantar sus decepciones amorosas, con Rosario la más famosa, mujer a la que dedica un nocturno que ha pasado a la historia más por el suicido del autor, dada su ingenuidad y cursilería. De verdad que no se puede con este fragmento: “¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,/ los dos unidos siempre y amándonos los dos;/ tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,/ los dos una sola alma, los dos un solo pecho,/ y en medio de nosotros, mi madre como un dios!” Y ya no le cuento que Ofelia Medina hace de Rosario en una antigua película sobre el infortunado poeta. Caso distinto el de Salvador Díaz Mirón, poeta autodidacta, precursor del modernismo. Canta en “Cleopatra”, cuando ve a la reina: “¡Ah!, hubiera yo dado entonces/ todos mis lauros de Atenas/ por entrar en esa alcoba/ coronado de violetas,/ dejando con los eunucos/ mis coturnos a la puerta”. Y mira a Cristo como un “fantasma”: “Dulce y triste la faz; la veste zarca…/ Así, del mal sobre la inmensa charca,/ Jesús vino a mi unción, como a la barca”. También figuran, entre los 31 autores, Riva Palacio con “Adiós, mamá Carlota” y Amado Nervo con sus líneas postreras: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. https://www.milenio.com/opinion/alfredo-villeda/fusilerias/poesia-del-siglo-xix

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